1 TAREAS para el mes de ENERO:

 

1º Leo y me informo:

Mensaje del Papa: “… invita a reavivar la vocación a la santidad e impulsar la misión propia de los laicos en la iglesia, en estrecha comunión con sus pastores. Exhorta a los congresistas a buscar las formas más adecuadas para acrecentar en todos los fieles laicos su compromiso de vivir coherentemente su fe, dar testimonio de ella en el mundo e infundir en las realidades terrenas un alma evangélica, llevando la luz de Cristo, esperanza de la humanidad, a todos los sectores de la sociedad española”.

Día 12.- INAUGURACIÓN.

 

Algunas palabras significativas de:

 

D. Braulio: El Congreso llega en un momento crucial, ante el alejamiento espiritual y creyente de nuestra sociedad. Nuestra respuesta creyente es la vivencia de la comunión, la relación entre los hermanos…”uno es vuestro hermano…” El mundo y la madre Iglesia necesitan de vosotros.

 

Mons. Rouco: Madrid, crisol de gentes de toda España y de culturas.

                         Un cristiano es alguien que ha entendido que el futuro tiene sentido, que vive su vida en una clave: la de la santidad, como norma natural de vida; es un  testigo de esperanza: los cristianos llevamos semillas de esperanza, semilla que no podemos guardar ni oscurecer. Atravesamos un momento de encrucijada, con un panorama de tensión (el drama africano es una tragedia).

 

Javier Seguro presentador de Mons. Sebastián: “La fuerza de la Iglesia no está en los instrumentos técnicos, sino en la fe y ejemplaridad de los cristianos. Si la vivimos aclarará malentendidos, y más tarde o más temprano aclarará a los no cristianos. Su fuerza está en su fe, en su piedad y en su ejemplaridad.

 

                                                         AAAAAAAAAAA

 

Ponencia de D. FERNANDO SEGASTIÁN AGUILAR.- Arzobispo de Pamplona y Tudela

LOS FIELES LAICOS, IGLESIA PRESENTE Y ACTUANTE EN EL MUNDO.                        

VOCACIÓN APOSTOLICA DE LOS FIELES LAICOS

 


I.- PORTADORES DE MISIÓN DE LA IGLESIA.-

1. Bases del apostolado de los laicos: Jesús vino a nuestro mundo para dar testimonio de la verdad, para dar a conocer la sabiduría y la gracia de Dios, para manifestarnos nuestra condición de hijos de Dios y herederos de la vida eterna “Yo, la luz, he venido a este mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas” (Jn 12,46). La Iglesia es heredera de Jesús, continuadora de su vida y de su misión, de su testimonio y de sus obras de salvación.

A la hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús encomendó a sus discípulos la continuidad de su misión, el mantenimiento y la expansión de este anuncio de salvación:

“Yo los he enviado al mundo como Tú me enviaste a mí” (Jn 17, 18).                                                                                                “Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros” (Jn 20 , 21),                                                                                             “Dios me ha dado pleno poder en el Cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos entre los habitantes de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a cumplir lo que yo os he encomendado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 18-20).                                                                                                “Id por todo el mundo y enseñad a todos el mensaje de la salvación. El que crea y sea bautizado se salvará, el que no crea será condenado”. (Mc 16, 15)                                                         “En su nombre se ha de anunciar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, el mensaje de conversión y de perdón de los pecados. Vosotros sois testigos de todas estas cosas” (Lc 24, 47-48).                                                                                   Por la expresa voluntad de Jesús, los cristianos, sus discípulos, somos luz, levadura, la huella y el signo de su presencia.

Este mandato afecta primeramente a los apóstoles, pero no cuesta ningún trabajo darse cuenta de que este encargo de Jesús queda en manos de todos sus discípulos. Así se lo dice a los que llama a la fe y al seguimiento, “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú vete a anunciar el Reino de Dios” (Lc  9, 60). Ser discípulo requiere, ante todo, arrepentirse de los pecados y vivir la vida nueva del Reino, la vida según el Espíritu. Y enseguida continuar el testimonio de Jesús anunciando el Reino. Así lo enseñó el concilio Vaticano II: “La Iglesia recibió de los Apóstoles este solemne mandato de Cristo de anunciar la verdad que nos salva, para cumplirlo hasta los confines de la tierra (Cf Hch 1, 8). Todos los discípulos de Cristo han recibido el encargo de extender la fe según sus posibilidades... De esta manera, la Iglesia ora y trabaja al mismo tiempo para que la totalidad del mundo se transforme en Pueblo de Dios, Cuerpo del Señor y Templo del Espíritu, y para que en Cristo, Cabeza de todos, se dé todo honor y toda gloria al Creador y Padre de todos”.

Cuando hablamos del apostolado de los laicos no debemos pensar en algo diferente de lo que Jesús encomienda a sus discípulos en general, algo diferente de la misión general de la Iglesia. La Iglesia como comunidad está constituida fundamentalmente por los laicos, los cristianos comunes que viven en el mundo sin ser del mundo.

2.- Ser: Bautismo y Confirmación.- Es preciso analizar un poco detenidamente la condición existencial del cristiano para descubrir las raíces de esta vocación al apostolado inherente a la vocación cristiana. La existencia cristiana queda configurada por el sacramento del bautismo. Como cristianos, somos lo que significa y produce el sacramento del bautismo en cada uno de nosotros. El Bautismo es el sacramento de toda la vida. Ahora bien, un bautizado es un hombre que, antes o después de recibir el sacramento, ha oído el anuncio de la salvación de Dios, ha aceptado esta palabra y en consecuencia ha aceptado a Jesucristo como Hijo de Dios hecho hombre y Salvador del mundo, se ha arrepentido de sus pecados,  ha recibido el don del Espíritu Santo que le hace hijo de Dios,   y vive el mandamiento del amor fraterno en la esperanza de la vida eterna.

El deber y el derecho de los laicos al apostolado derivan de su unión con Cristo Cabeza. Incorporados por el bautismo al Cuerpo místico de Cristo y fortalecidos con la fuerza del Espíritu Santo por medio de la confirmación, son destinados al apostolado por el mismo Señor.

3.- El cristiano da razón de su actuar.-De esta vida cristiana, nueva y diferente, nace espontáneamente la necesidad del apostolado. El cristiano que convive con los no cristianos se siente en la necesidad de explicar y justificar su vida, de dar razón de su esperanza, explicando a los amigos y vecinos cuáles son los motivos por los que él lleva una vida distinta de la que se presenta como vida normal, como vida humana corriente y legítima. Por pura lealtad con sus vecinos, el cristiano tiene que explicarles de dónde le vienen a él la fortaleza y el gozo ante todos los acontecimientos de la vida, intentando ofrecerles el mismo don que él ha recibido para descubrir el valor de la vida humana en todas sus circunstancias, en la vida personal y en la familiar, en el trabajo y en el ocio, en la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte, en este mundo y en la esperanza de la vida eterna. Como María Magdalena, los cristianos, cuando nos encontramos espiritualmente con Cristo resucitado y salvador, recibimos el encargo misionero: “no te entretengas, anda, ve a mis hermanos y diles que voy a mi Padre que es también su Padre, que voy a mi Dios que es también su Dios” (Jn 20, 17)

4.- El cristiano actúa desde el amor de Dios.-Naturalmente, para tener que explicar la propia vida, primero hay que vivirla. La conversión y el cambio de vida, personal, familiar y comunitario, es condición indispensable para que surja la acción apostólica del cristiano. El anuncio del Evangelio no busca directamente ninguna eficacia de carácter temporal, sino que busca directamente  el renacimiento de la persona a la vida de hijo de Dios, la iluminación de la mente y la conversión del corazón, el cambio de vida, el arrepentimiento de los pecados y el nacimiento a una nueva vida, arraigada en el seguimiento de Cristo y alimentada por el Espíritu Santo. Esta nueva vida comienza por el reconocimiento de Dios, la gratitud y la alabanza, el amor de Dios sobre todas las cosas. Y se expresa en el cumplimiento del mandato del amor como norma suprema y universal de vida. Todo tiene que rehacerse desde el amor de Dios arraigado en nuestros corazones. Las demás cosas vendrán por añadidura. Los planes, los proyectos, las convocatorias, no valen de nada, si no arde en nuestros corazones el fuego del amor de Dios, si no vivimos del todo poseídos por el amor y el Espíritu de Jesús.

4.- Distintas respuestas a la vocación común del cristiano.-Desde esta consideración básica del ser cristiano, es una cuestión secundaria el que dentro de la comunidad aparezcan vocaciones distintas y formas diferentes de vivir los elementos cristianos comunes para el buen servicio de la comunidad. Obispos, presbíteros, consagrados y cristianos seglares la inmensa mayoría, todos tenemos los mismos elementos comunes de vida y todos compartimos la misión común de continuar la obra de Jesús viviendo y anunciando los bienes del Reino. Más importantes que los rasgos específicos de las diferentes vocaciones cristianas, es el contenido común de descubrir y vivir la propia vida como respuesta a la llamada paternal de Dios, arraigados en el Hijo Jesucristo quien nos dice a todos: “Deja lo que tienes, sígueme y vete a anunciar el Reino de Dios”. Esta vocación común tiene diferentes formas y se adapta a las circunstancias de cada persona, pero ninguna determinación específica o personal puede ocultar o desfigurar la riqueza de la vocación común cristiana.

II. CARACTERÍSTICAS DEL APOSTOLADO DE LOS FIELES LAICOS

En la segunda mitad del siglo pasado se escribió mucho sobre la vocación de los seglares como si se tratara de un extraño descubrimiento. La gran novedad consistía en decir que los seglares también formaban parte de la Iglesia, también estaban llamados a la santidad, también tenían vocación apostólica, es decir, el gran descubrimiento consistía en decir que los seglares también eran Iglesia, no sólo pertenecían a la Iglesia

Hoy, sin ninguna preocupación reivindicacionista, podemos decir no sólo que los  seglares son Iglesia, sino que  de alguna manera, no excluyente, los seglares son la Iglesia y llevan sobre ellos la misión eclesial, la grande y bella misión de continuar la obra de Jesús, esto es anunciar la presencia, la paternidad, la misericordia y los dones de Dios. Juan Pablo II, en Christifideles laici cita unas palabras de Pío XII que vale la pena recoger aquí: “Los fieles, y más precisamente los laicos, se encuentran en la línea más avanzada de la Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad humana. Por tanto ellos especialmente deben tener conciencia, cada vez más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia; es decir, la comunidad de los fieles sobre la tierra, bajo la guía del Jefe común, el Papa, y de los Obispos, en comunión con él. Ellos son la Iglesia” ( Pío XII, Discurso a los nuevos Cardenales, 20 de febrero de 1946, AAS, 38, 149).

 1.- Misión de los laicos: a) anunciar la bondad del Dios invisible.- Los fieles laicos, por el simple hecho de ser cristianos, independientemente de si viven en el mundo de una manera o de otra,  tienen la misión común de anunciar la presencia y la bondad del Dios invisible, como referencia necesaria para que el hombre se conozca a sí mismo y viva en la verdad de su humanidad.

b) testimonio y la palabra.-“A los laicos se les presentan innumerables ocasiones para ejercer el apostolado de la evangelización y santificación”. Normalmente este apostolado se apoya en el testimonio de la vida de los mismos cristianos. Pero no termina en el testimonio. El verdadero apóstol busca ocasiones para anunciar a Cristo con su palabra. Tanto a los no creyentes, para llevarlos a la fe, como a los fieles, para instruirlos, confirmarlos y estimularlos a una vida más fervorosa”. (A.A.nº5)

c) su vivir en el mundo. Los cristianos que viven en el mundo, tienen la misión que les corresponde por serlo, y las notas específicas de su vivir en el mundo no pueden suprimir ni sobreponerse a su misión esencial y común como cristianos. Si viven en el mundo, siendo verdaderamente cristianos, es lógico que ejerzan su misión común de anunciar el Reino de Dios en el contexto en que viven y por los procedimientos que tienen a su alcance. Pero su misión sigue siendo la misión primaria y fundamental de la Iglesia: anunciar a todos los  hombres el amor de Dios manifestado en Cristo y comunicado por el Espíritu Santo para la vida eterna.

 c) algunas tareas. Para decirlo de forma concreta. Los cristianos que viven en presencia de Dios envueltos en las riquezas de su amor que les sostiene y les da la vida, pueden y deben anunciar y extender el Reino de Dios. Sobre esta vocación común crecen las vocaciones específicas de los obispos, de los presbíteros, los misioneros o los religiosos y consagrados. Todos ellos tienen que sentirse llamados a anunciar lo mismo aunque lo hagan de diferente manera y con diferentes acentos. Precisamente en virtud de esta participación común de todos los cristianos en la misión apostólica de la Iglesia, pueden los laicos asumir y desempeñar en el interior de la comunidad todas aquellas tareas apostólicas que no requieran un ministerio ordenado, como la educación religiosa de niños y jóvenes, el ejercicio de la catequesis, la animación espiritual de personas o grupos, la atención a los enfermos, etc.

d) la vivencia del Reino en…Los seglares anuncian el Reino de Dios en primer lugar viviéndolo, la vida del cristiano es una vida edificada sobre el conocimiento y la aceptación del amor de Dios como fundamento y norma suprema de la propia vida. El anuncio tienen que hacerlo en el contexto real de su vida, en su familia, entre sus amigos y vecinos, en el ejercicio de su profesión, en el ejercicio también de sus derechos y deberes ciudadanos.

Al hablar del apostolado de los laicos se insiste casi exclusivamente en las notas específicas provenientes de situación secular en la que los cristianos viven su vida. En esta perspectiva se suele decir que lo específico del apostolado de los laicos consiste en la transformación del mundo según los designios de Dios. Esto es verdad, pero es una manera muy reductora de describir la vocación y la misión del fiel cristiano.

e) el mundo de los cristianos y el mundo de los no-cristianos.- La secularidad cristiana no es una secularidad cualquiera, ni es la secularidad original que todos los hombres poseemos por el hecho de ser criaturas terrestres y sociales. Los cristianos están en el mundo pero no son del mundo: hay diferencias con los no-cristianos, pero no quiere decir que busquemos tensiones con ellos. Es más, el mundo de los cristianos, visto desde la fe y vivido en el Espíritu, no es igual que el mundo de los paganos. Es un mundo creado y presidido por Dios; no es el término de nuestras aspiraciones ni de nuestra vida; la valoración y el modo de portarse con los demás no nace espontáneamente del mundo, sino que para el cristiano nace de la Palabra y del espíritu de Dios.

La Iglesia entera, como arraigada en el misterio de la Encarnación del Verbo, es toda ella secular. Así lo dice bellamente Pablo VI y lo recoge Juan Pablo II en Christifideles laici: “La Iglesia tiene una dimensión secular inherente a su íntima naturaleza y a su misión, que hunde su raíz en el misterio del Verbo encarnado, y se realiza de formas diversas en todos sus miembros” Pablo VI, (Discurso a los miembros de los Institutos seculares, 2 febrero 1972) Todos los cristianos participamos de esta secularidad de la Iglesia, aunque sea de manera diversa.

Con frecuencia hemos insistido demasiado en las diferencias entre las diversas vocaciones cristianas, descuidando el poner por delante los elementos comunes que son los más importantes. La unidad interior de la Iglesia y la unidad de la vocación cristiana común son más fuertes que las diferencias existentes entre las diversas vocaciones cristianas. Clérigos o laicos, consagrados o seglares, todos somos cristianos, hijos de Dios, templos del Espíritu Santo y ciudadanos del cielo.

Hoy es más importante subrayar la diferencia entre cristianos y no cristianos, que las diferencias que pueda haber dentro de la Iglesia. La relación entre cristianos y no cristianos, entre iglesia y mundo es la verdadera perspectiva de nuestra vocación y responsabilidad apostólica. No discutamos tanto de las diferencias entre nosotros, asomémonos a las carencias de los que no son cristianos, preocupémonos por ellos, anunciémosles a ellos las grandezas de la vocación cristiana común.

e) primer apostolado de los cristianos: En esta perspectiva, hay que decir que el primer apostolado de los cristianos en el mundo consiste en presentar con su vida el esplendor de la vida humana redimida por Jesucristo, santificada por el Espíritu Santo y levantada a la condición de la filiación divina. Mostrando una vida diferente, dignificada, pacificada, santificada por el don de Dios, los cristianos son verdaderos continuadores de la obra de Jesús en el anuncio de la paternidad de Dios y la inminencia de su Reino en el mundo. A partir de este apostolado básico del testimonio, el cristiano puede y debe ayudar expresamente a sus vecinos a conocer a Cristo, a creer en El, y por El conocer y adorar al Dios de la salvación. Toda la Iglesia es testimoniante, evangelizadora, signo de salvación, difusora de la fe y servidora del anuncio y del crecimiento del Reino de Dios en el mundo. En la dinámica normal de la vida cristiana entra el anuncio de Jesucristo, la comunicación de su palabra, la invitación a conocer y aceptar los dones de la salvación.

f) anunciar los bienes del reino: En este anuncio del Reino y en este servicio de la fe, las notas específicas del apostolado del cristiano no consisten como tantas veces se dice, de manera un poco presuntuosa, en la transformación del mundo sino en anunciar los bienes del Reino, sin ninguna autoridad añadida, apoyada simplemente en la fuerza elocuente y significativa de su propia vida, sin representar al conjunto de la comunidad, y utilizando como principal instrumento las relaciones normales y comunes de la convivencia ordinaria y común de la vida social, como p.e. la familia, el trabajo, la amistad, etc. La transformación del mundo vendrá como consecuencia de la acción del anuncio.

En tiempos de evangelización, es importante subrayar esta capacidad y obligación de los fieles cristianos de anunciar expresamente el Reino de Dios, el amor y la salvación de Dios que se nos ha descubierto y ofrecido en la vida, muerte y resurrección de N.S. Jesucristo. Toda la Iglesia, todos los cristianos tenemos que sentirnos invitados y obligados a ayudar a nuestros hermanos a conocer a Jesucristo, a creer en El, a descubrir la Iglesia como Cuerpo y Signo de Cristo, a conocer y adorar al Dios de la salvación y vivir según su voluntad. Este es el primer apostolado de los fieles laicos, su aportación más importante a la misión de la Iglesia y la aceleración del Reino de Dios en el mundo.

A partir de una vida cristiana intensa y coherente, el cristiano crea un mundo diferente, purificado, humanizado y  santificado por la acción del Espíritu Santo en el corazón de los fieles. La novedad y la humanidad del mundo construido por los cristianos, es la expresión y el reflejo de la justicia interior que Dios infunde en los corazones de sus fieles, y en definitiva expresión y manifestación de la sabiduría y de la bondad de Dios que inspiran y dirigen las actividades de sus fieles. Desde el esplendor y el gozo de su vida redimida y enriquecida por los dones de Dios, el cristiano puede y debe hablar de lo que ha recibido, del Señor Jesucristo y del amor del Padre celestial que son el origen y la riqueza de su vida. 

g) El “anuncio” descansa sobre la propia fe y su vivencia cristiana: Es fácil de comprender que toda la fuerza apostólica del cristiano descansa en la mediación esencial y necesaria la CONVERSIÓN PERSONAL. En el mundo se parte de la instrumentalización, esto es, las demás instituciones, las demás actuaciones pretenden transformar la realidad humana mediante la técnica, las leyes, el conocimiento, la organización, siempre de fuera hacia dentro, generalmente sin contar con la realidad profunda de la libertad personal, de las convicciones, motivaciones y deseos de la persona. El Evangelio, la gracia de Dios, la acción de Cristo y de su Espíritu actúan siempre de dentro afuera, contando ante todo con la intimidad de la persona, sus actitudes de fondo, la orientación básica de su voluntad y de sus aspiraciones, las ideas, criterios, amores y aspiraciones de cada uno.

Digamos claramente que la primera transformación de la realidad que los cristianos debemos procurar es la transformación de nuestra propia vida, de nuestra visión del mundo, nuestras actitudes, nuestros deseos y aspiraciones. Una antropología y sociología cristianas tienen que considerar la vida personal como la realidad más real y más verdadera. Las estructuras, las relaciones, las actividades de los hombres, toda la realidad social es proyección y expansión de esta realidad propia del ser personal de cada uno.

h) ámbitos de renovación. Desde este punto de vista podemos señalar una serie de ámbitos concéntricos y sucesivos en los cuales el cristiano renueva el mundo.

1)      La primera renovación es la de su propia vida, su visión del mundo, sus objetivos, deseos, modelos de comportamiento, relaciones, actividades, objetivos y aspiraciones, de cada uno, de cada persona. Este es el primer fruto de la conversión personal, sin el cual toda actuación apostólica del cristiano queda comprometida y bloqueada.

2)      El segundo ámbito de este mundo renovado es la familia. Cuando las personas se ven cristianamente a sí mismas y viven su vida en conformidad con la Palabra de Dios, las relaciones entre hombre y mujer alcanzan unas características que hacen que la sexualidad y la vida matrimonial respondan adecuadamente a la naturaleza personal del hombre y de la mujer, de los padres y de los hijos. La familia cristiana es humanidad redimida, liberación y dignificación del ser personal y de la realidad social fundamental y básica.

3)      El tercer ámbito de transformación es el de las relaciones entre familias cercanas, entre parientes, vecinos y amigos, mediante el desarrollo de las mil variaciones de la caridad fraterna en la convivencia de cada día. Así por ejemplo, justicia, veracidad, generosidad, hospitalidad, y tantas otras características clarificadas, fortalecidas y reclamadas por la nueva existencia en el Espíritu.

4)      Un cuarto ámbito de la existencia humana renovada es el mundo de las actividades y las relaciones profesionales, el mundo de la economía y del trabajo. Los cristianos pueden ejercer y de hecho ejercen todas o casi todas las profesiones legítimas, pero es evidente que no todos los modos de ejercer una misma profesión son igualmente propios de los cristianos. La responsabilidad y el ejercicio de la justicia y de la generosidad tienen que ser características del ejercicio profesional de un cristiano en cualquier profesión o actividad laboral y económica. Las amplitudes legales, los usos, las preferencias más habituales no pueden ser el criterio definitivo del comportamiento de los cristianos. Sólo actuando de manera conforme con la caridad sobrenatural los cristianos seglares transforman de verdad el mundo de acuerdo con los designios de Dios y facilitan el advenimiento de su Reino.

5)      En último lugar, la acción transformadora de los cristianos convertidos alcanza los ámbitos de la vida social y pública, mediante el ejercicio de sus deberes y derechos políticos, tanto en el ejercicio del voto como en la actuación personal y asociada de aquellos cristianos que se dedican a la acción social y pública, en el campo de la información, de la opinión, o del gobierno en cualquier nivel y con cualquier sigla o color. Aceptando la libertad y el pluralismo de nuestra sociedad, y precisamente en ejercicio de esa misma libertad y del pluralismo real, los cristianos pueden y deben tener en cuenta los principios de la moral social cristiana para actuar en política, ya sea en el ejercicio del voto o en la actuación directamente política en los diferentes partidos y en las actividades legislativas, desde el ejercicio del gobierno o desde la oposición. Con frecuencia la fe cristiana es desautorizada como inductora de intolerancias e imposiciones. La actuación de los políticos cristianos tendría que manifestar ostensiblemente que la fe cristiana y el reconocimiento del Dios salvador, es fuente de una actuación política verdaderamente justa y servicial, principio de una sociedad libre, justa, pacífica y fraternal.

Cuando los cristianos trabajan para construir un mundo ordenado al bien del hombre “participan en el ejercicio de aquel poder por el que Jesucristo resucitado atrae hacia sí todas las cosas y las somete, consigo mismo, al Padre de manera que Dios sea todo en todos (Cf Jn 12, 32; I Cor 15, 28).

Todo esto lo podemos entender como comentario de las luminosas palabras de San Pablo, los que viven en Cristo son una realidad nueva, lo viejo está superado, aquí está ya la nueva creación (II Cor, 5, 17)

III.-EL APOSTOLADO SEGLAR EN LA IGLESIA DE ESPAÑA. BALANCE  Y PERSPECTIVAS.

a) Congreso no de teorías sino de apóstoles. Pero nuestro congreso no es un congreso para estudiosos que vienen a informarse sobre las mejores ideas que hoy se puedan decir acerca del apostolado de los seglares. Nuestro congreso quiere ser un congreso práctico, que ilumine la situación del apostolado seglar en nuestra Iglesia y si es posible impulse y movilice la vocación apostólica de los cristianos seglares.

Cualquier proyecto tiene que comenzar por levantar un plano lo más exacto posible del punto de partida. ¿Cómo está en estos momentos el apostolado de los seglares en nuestras Iglesias? ¿Qué puntos de apoyo tenemos y que dificultades encontramos para impulsar una actividad apostólica que responda a nuestras necesidades?

b) Debilidad en nuestra Iglesia: desequilibrios. Si dirigimos nuestra mirada a la realidad de nuestra Iglesia, veremos que la fuerza y el vigor apostólico de nuestras comunidades cristianas es hoy bastante deficiente.

Sin entrar a juzgar las conciencias, ateniéndonos estrictamente a los signos externos, nos vemos obligados a reconocer el gran desequilibrio existente entre cristianos bautizados y cristianos convertidos. Si la primera e indispensable mediación de cualquier transformación cristiana de la realidad es la conversión personal, tendremos que admitir la debilidad apostólica y transformante de nuestra Iglesia en relación con su extensión sociológica. Ante las estadísticas podemos insistir en aspectos diferentes. Podemos recrearnos en ese casi 90 % de ciudadanos españoles que se declaran católicos. O podemos insistir en que de ellos solamente un escaso 30 % cumple externamente las obligaciones básicas del cristiano. Podemos destacar que el 70 % de los matrimonios se celebran según el rito católico y sacramental, pero no podemos ignorar que el 20 % de estos matrimonios se separan y dan lugar a otras uniones incompatibles con la moral cristiana y si además nos preguntamos en cuántos matrimonios se aceptan y se practican las normas morales enseñadas por la Iglesia, veremos qué amplios y profundos son los deterioros de la conciencia y las deficiencias de la vida de muchos cristianos.

Si nos asomamos a la vida profesional y económica de nuestra sociedad, junto a grandes avances en el reconocimiento de la justicia social, podemos preguntarnos también cuántos cristianos ejercen su profesión y actúan en el mundo económico y laboral con criterios cristianos, sin reconocer el lucro y las ventajas personales como razón determinante de su comportamiento, en la elección y el modo de ejercitar su profesión.

Es evidente que la aplicación de los criterios morales cristianos  en la vida cultural y política es una cuestión algo compleja que requiere muchos matices. Pero aun así hay algunas afirmaciones fundamentales que nos permiten valorar algo la situación en estos momentos. Las actividades políticas de las personas, tanto en el ejercicio del voto como en el ejercicio de todas las actividades políticas están sometidas a la norma moral como cualquier otra actividad humana. Los votantes tienen que votar de acuerdo con su conciencia moral, y los gobernantes tienen que gobernar de acuerdo con su conciencia moral rectamente iluminada y formada. No pueden ser las mayorías o las encuestas los últimos criterios para decidir lo que es bueno y lo que es malo, sino los criterios morales objetivos, aceptados y aplicados por una conciencia recta, juntamente con la ponderación prudente de las circunstancias sociales, los que decidan el sentido, los contenidos de las leyes y los objetivos preferentes de la acción de gobierno. Decirlo, hacerlo posible, ejecutarlo así es un noble objetivo cívico, moral y apostólico de los cristianos.

Se podría pensar que una sociedad formada mayoritariamente por cristianos, debería configurar su vida colectiva a la luz de la revelación cristiana, sin imponer a nadie por la fuerza ni la fe ni las costumbres cristianas pero sí ofreciendo a todos los frutos culturales y sociales que la revelación de Dios y la redención de Jesucristo promueven a favor de todos los hombres. Entre estos valores promovidos en la historia por la revelación cristiana se encuentra la afirmación de la igualdad básica de todas las personas, pueblos y razas, sin marginaciones ni discriminaciones de ninguna clase, el respeto por la libertad de las personas y la tolerancia de unos con otros en un esfuerzo común de convivencia sobre la base de unos postulados morales aceptados y respetados por todos.

El pluralismo en sí mismo no es una meta definitiva ni un bien último. Desde el pluralismo, consecuencia inevitable de la libertad, todos debemos buscar la verdad, aceptar su fuerza convincente y ajustar nuestra vida a los conocimientos alcanzados y compartidos. Sin esta búsqueda social e histórica de la verdad, apoyándose en la capacidad de la razón y en la luz de la revelación divina, y sin un respeto decisivo a unos principios de moral objetiva fundada igualmente en la naturaleza humana y en la iluminación de la revelación divina, la democracia resulta insostenible, y puede degenerar fácilmente en una imposición de las mayorías, previamente fabricadas por quienes controlan y manejan los medios de comunicación.

La sociedad española vive un período de secularización intensiva. Esta fascinación por las cosas de la tierra está favorecida por el crecimiento económico, por las múltiples ofertas de diversión y de ocio, por la dureza de una vida reglada por las exigencias del trabajo y de la economía, y por otros modos objetivos de vida. Pero más profundamente está siendo fomentada por unas actitudes que han llegado a ser verdaderas creencias sociales.

Aunque oficialmente la transición política se hizo en forma de reconciliación, en realidad los años de vida democrática han permitido el desarrollo de una mentalidad revanchista según la cual los vencedores de la guerra civil eran injustos y corruptos, mientras que la justicia y la solidaridad estaba toda y sólo en el campo de los vencidos. Por eso ahora en los años de democracia se pretende desplazar como perversión cultural todo lo que provenga de las décadas y aún siglos centrales de la historia española, incluido claro está la valoración de la religión católica como un componente importante del patrimonio espiritual y cultural de los españoles.

Esta manera de pensar, manifestada con mayor o menor explicitud, está siendo difundida por importantes medios de comunicación desde hace muchos años, domina en los partidos de izquierda, ha estado presente en sus campañas ideológicas y está ahora presente en las actividades legislativas y  en muchas decisiones de gobierno de nuestro gobierno actual. Hay un complejo movimiento de secularización de las conciencias, en virtud del cual el hombre occidental encuentra especiales dificultades para verse a sí mismo como criatura y reconocer la existencia de un Dios creador y redentor en cuya presencia adquiere todo su esplendor la existencia humana. Aparte de este movimiento general, la sociedad española está sometida a otras tendencias de signo reivindicacionista y antieclesial que han hecho que el proceso de descristianización tenga entre nosotros una amplitud y una virulencia que en estos momentos no tiene ya en otros países europeos.

c) nuestra debilidad. Aun reconociendo las dificultades ambientales contra la fe religiosa, cristiana y eclesial, favorecidas por algunos medios de comunicación de fuerte implantación, los cristianos tenemos que reconocer que la debilidad de nuestra Iglesia tiene su primera causa en nuestras propias debilidades espirituales. La debilidad de la adhesión personal a las realidades y a la vida de fe, la escasa formación intelectual, la falta de estima por la propia fe, hacen a muchos de nuestros cristianos especialmente vulnerables a la acción descristianizadora del ambiente, y los incapacita para asumir una responsabilidad apostólica en sus propios ambientes.

Cierto que no podemos ser rigoristas ni exigir más de lo que la naturaleza humana permite, pero es claro que la verdad y la autenticidad de nuestro ser cristiano está reclamando una Iglesia en la que se marquen más las novedades aportadas por Jesús, la novedad de vida que El ha traído al mundo. Una Iglesia en la que los cristianos hayan vivido un acto expreso y suficientemente fundamentado de su decisión de fe en Jesucristo, en Dios, en la Iglesia Católica. Y no basta un grado cualquiera de personalización de la fe, la santidad es “presupuesto fundamental(Chr.fid. laici, 17) para la renovación de la Iglesia, para el anuncio del evangelio  y la extensión de la fe en el mundo.

d) división en la Iglesia: Además de la debilidad religiosa, y en gran parte consecuencia de ella, la Iglesia española está profundamente dividida en grupos y tendencias que comprometen la unidad y dificultan grandemente la actuación de los cristianos en el mundo. Subsisten todavía grupos que por una teología secularizada viven un alejamiento práctico de la jerarquía difícilmente compatible con una comunión integral. Sin llegar a situaciones tan extremas hay multitud de grupos que viven y actúan con una relación muy tenue, más formal que real con la jerarquía, encerrados en sus propios sistemas y en sus propias ideas. Muchas congregaciones religiosas están más preocupadas de sí mismas que de su servicio a la comunidad eclesial. Y en muchos movimientos se adivina el sentimiento de que su servicio a la Iglesia consiste en invitarla a copiar universalmente sus ideas y procedimientos.

Como resumen, podemos decir que en la España actual muchos cristianos viven en una comunión espiritual eclesial y católica fragmentada y deficiente. Lo que se llama “catolicismo a la carta” es realmente la manifestación de una fe cristiana afectada por el predominio de la cultura vigente y el sometimiento a los intereses materiales y personales protegidos y favorecidos por la cultura y las instituciones dominantes. Los cristianos que quieran ser apóstoles tendrán que saber vivir en el mundo sin ser del mundo, vivir con todos sin actuar como todos, y tendrán que saber renunciar a muchos objetivos y aspiraciones que solamente están al alcance de quienes se someten a la dictadura de lo “políticamente o culturalmente correcto”. En la actual sociedad española el cristiano coherente y fervoroso tiene que estar dispuesto a padecer una cierta marginación social, cultural y hasta profesional, y en consecuencia tiene que estar dispuesto a renunciar a muchos bienes sociales y económicos, que no están al alcance de quienes se presentan y actúan socialmente como cristianos coherentes. Es el martirio moderno que prueba la autenticidad y consuma la perfección de la fe de los cristianos que viven y actúan en el mundo.

e) debilidad de nuestra Iglesia: En resumidas cuentas tenemos que decir que la hora presente de nuestra Iglesia no se caracteriza por un especial potencial apostólico. Más bien estamos viviendo una época de enfriamiento religioso generalizado y de debilidad profética y apostólica de la Iglesia.

- Muchos fieles bautizados abandonan la fe o la reducen a unas vagas referencias que ya no configuran la mente ni rigen la vida;

- otros nos dejamos influenciar por las influencias del mundo no cristiano en ideas, sentimientos, preferencias y valores;

- hay pocos cristianos que asuman la misión apostólica de su vocación cristiana como una tarea expresa y determinante en su vida;

- vivimos todos en el ambiente de una cultura contraria a la fe, antropocéntrica, hedonista, mundana, que no reconoce de manera efectiva ni la soberanía de Dios ni la primacía de la vida eterna en la comprensión, ejercicio y configuración de nuestra vida; los criterios, las actitudes no cristianas crean conflictos, divisiones y distanciamientos entre los cristianos que rompen la unidad, empañan el esplendor del testimonio cristiano y debilitan el vigor espiritual y la capacidad apostólica de la Iglesia.

- en esta situación las organizaciones y asociaciones de los cristianos, absolutamente necesarias para su buena preparación y su actuación efectiva en los diversos sectores de la vida social, son escasas. Las más clásicas, las más tradicionales o están desvitalizadas por falta de renovación generacional o viven cautivas de viejas concepciones, reactivas e ideologizadas, que las incapacitan para desempeñar un papel importante en la vida y en el apostolado de la Iglesia. Las más jóvenes y más pujantes desde el punto de vista religioso y apostólico, son todavía escasas, se reducen a grupos minoritarios que no han logrado todavía renovar al conjunto del pueblo cristiano y con frecuencia viven excesivamente encerradas en sí mismas sin una inserción efectiva en la vida común de las parroquias y de las Diócesis.                  

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2º.- REUNIÓN DEL GRUPO

 

    1.- Palabra de Dios: Meditamos sobre Jn 17, 14-20.

 

    2.-DIALOGAMOS y PONEMOS EN COMÚN  sobre la parte de la ponencia de D. Fernando Sebastián:

 

2.1) Sugerencias, impresiones, qué me ha llamado más la atención, qué destacaría, alguna frase…

 

2.2) Sobre el primer apartado: “Portadores de la misión de la Iglesia”: Los seglares militantes, como convencidos seguidores de Jesús, tenemos una misión que se fundamenta según la ponencia en:

a) La Iglesia es la heredera de Jesús, continuadora de su vida y de su misión, y nosotros somos Iglesia, formamos la parte más numerosa de la Iglesia

b) Nuestro ser cristiano arranca del Bautismo y lo fortalecemos en la Confirmación

c) Como cristianos damos razón de nuestra esperanza, hacemos, a veces, cosas que son distintas de la vida normal de la gente, descubrimos el valor de la vida, de la enfermedad y de la muerte.

d) Como cristianos actuamos desde el amor de Dios, desde el renacimiento de la persona a la vida de Dios, desde la iluminación de la mente y la conversión del corazón, y todos tenemos los mismos elementos comunes de vida y la misma misión de anunciar los bienes del Reino.

………..De estas afirmaciones ¿cuál es para ti la más significativa y por qué? elige una, y razónala. Gracias.

 

2.3) Sobre el segundo apartado: “características del apostolado de los fieles laicos”: Señala dos características del apostolado de los laicos que más te hayan llamado la atención, y explica su porqué.

 

2.4) Sobre el tercer apartado que trata del balance y perspectivas del apostolado seglar en España : Cita dos situaciones de España que, a tu juicio, resulten las más negativas para el Apostolado Seglar. Su justificación, si es posible.

    3.- PROPUESTAS DE COMPROMISO o conclusiones a las que llegamos después de las reflexiones anteriores.

    4.- Despedida.

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