1
TAREAS para el mes de ENERO:
1º
Leo y me informo:
Mensaje
del Papa: “…
invita a reavivar la vocación a la santidad e impulsar la misión propia de
los laicos en la iglesia, en estrecha comunión con sus pastores. Exhorta a
los congresistas a buscar las formas más adecuadas para acrecentar en todos
los fieles laicos su compromiso de vivir coherentemente su fe, dar testimonio
de ella en el mundo e infundir en las realidades terrenas un alma evangélica,
llevando la luz de Cristo, esperanza de la humanidad, a todos los sectores de
la sociedad española”.
Día 12.- INAUGURACIÓN.
Algunas
palabras significativas de:
D.
Braulio:
El Congreso llega en un momento crucial, ante el alejamiento espiritual y
creyente de nuestra sociedad. Nuestra respuesta creyente es la vivencia de la
comunión, la relación entre los hermanos…”uno es vuestro hermano…”
El mundo y la madre Iglesia necesitan de vosotros.
Mons.
Rouco: Madrid, crisol de gentes
de toda España y de culturas.
Un cristiano es alguien que ha entendido que el futuro tiene sentido,
que vive su vida en una clave: la de la santidad, como norma natural de vida;
es un testigo de esperanza: los
cristianos llevamos semillas de esperanza, semilla que no podemos guardar ni
oscurecer. Atravesamos un momento de encrucijada, con un panorama de tensión
(el drama africano es una tragedia).
Javier Seguro presentador de Mons. Sebastián: “La fuerza de la Iglesia no está en los instrumentos técnicos, sino en la fe y ejemplaridad de los cristianos. Si la vivimos aclarará malentendidos, y más tarde o más temprano aclarará a los no cristianos. Su fuerza está en su fe, en su piedad y en su ejemplaridad.
AAAAAAAAAAA
Ponencia de
D. FERNANDO SEGASTIÁN AGUILAR.- Arzobispo de Pamplona y Tudela
LOS FIELES
LAICOS, IGLESIA PRESENTE Y ACTUANTE EN EL MUNDO.
VOCACIÓN APOSTOLICA DE LOS FIELES
LAICOS
I.- PORTADORES DE MISIÓN DE LA
IGLESIA.-
1. Bases del apostolado de los
laicos: Jesús vino a nuestro mundo
para dar testimonio de la verdad, para dar a conocer la sabiduría y la gracia
de Dios, para manifestarnos nuestra condición de hijos de Dios y herederos de
la vida eterna.
“Yo, la luz, he venido a este mundo para que todo el que crea en mí no siga
en las tinieblas” (Jn 12,46). La
Iglesia es heredera de
Jesús, continuadora de su vida y de su misión, de su testimonio y de sus
obras de salvación.
A
la hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús encomendó a sus discípulos
la continuidad de su misión, el mantenimiento y la expansión de este
anuncio de salvación:
“Yo
los he enviado al mundo como Tú me enviaste a mí” (Jn
17, 18).
“Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a
vosotros” (Jn 20 , 21),
“Dios
me ha dado pleno poder en el Cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos
entre los habitantes de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a cumplir lo que yo os
he encomendado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin
del mundo” (Mt 28, 18-20).
“Id por
todo el mundo y enseñad a todos el mensaje de la salvación. El que crea y
sea bautizado se salvará, el que no crea será condenado”. (Mc
16, 15)
“En
su nombre se ha de anunciar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén,
el mensaje de conversión y de perdón de los pecados. Vosotros sois testigos
de todas estas cosas” (Lc
24, 47-48).
Por la expresa voluntad de Jesús, los
cristianos, sus discípulos, somos luz,
levadura, la huella y el signo de su presencia.
Este
mandato afecta primeramente a los apóstoles, pero no cuesta ningún
trabajo darse cuenta de que este encargo de Jesús queda en manos de todos sus
discípulos. Así se lo dice a los que llama a la fe y al seguimiento, “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú
vete a anunciar el Reino de Dios” (Lc 9, 60).
Ser discípulo requiere, ante todo, arrepentirse de los pecados y vivir la
vida nueva del Reino, la vida según el Espíritu. Y enseguida continuar el
testimonio de Jesús anunciando el Reino. Así lo enseñó el concilio
Vaticano II: “La Iglesia recibió de los Apóstoles este
solemne mandato de Cristo de anunciar la verdad que nos salva, para cumplirlo
hasta los confines de la tierra (Cf
Hch 1, 8). Todos
los discípulos de Cristo han recibido el encargo de extender la fe según sus
posibilidades... De esta manera, la Iglesia ora y trabaja al mismo tiempo para
que la totalidad del mundo se transforme en Pueblo de Dios, Cuerpo del Señor
y Templo del Espíritu, y para que en Cristo, Cabeza de todos, se dé todo
honor y toda gloria al Creador y Padre de todos”.
Cuando
hablamos del apostolado de los laicos no debemos pensar en algo diferente de
lo que Jesús encomienda a sus discípulos en general, algo diferente de la
misión general de la Iglesia. La Iglesia como comunidad está constituida
fundamentalmente por los laicos, los cristianos comunes que viven en el
mundo sin ser del mundo.
2.- Ser: Bautismo y Confirmación.- Es preciso analizar un poco
detenidamente la condición existencial del cristiano para descubrir
las raíces de esta vocación al apostolado inherente a la vocación
cristiana. La existencia cristiana queda configurada por el sacramento del bautismo.
Como cristianos, somos lo que significa y produce el sacramento del bautismo
en cada uno de nosotros. El Bautismo es el sacramento de toda la vida. Ahora
bien, un bautizado es un hombre que, antes o después de recibir el
sacramento, ha oído el anuncio de la salvación de Dios, ha aceptado esta
palabra y en consecuencia ha aceptado a Jesucristo como Hijo de Dios hecho
hombre y Salvador del mundo, se ha arrepentido de sus pecados, ha
recibido el don del Espíritu Santo que le hace hijo de Dios, y
vive el mandamiento del amor fraterno en la esperanza de la vida eterna.
El
deber y el derecho de los laicos al apostolado derivan de su unión con Cristo Cabeza. Incorporados por el bautismo
al Cuerpo místico de Cristo y fortalecidos con la fuerza del Espíritu Santo
por medio de la confirmación, son
destinados al apostolado por el mismo Señor.
3.- El cristiano da razón de su
actuar.-De esta vida cristiana, nueva y
diferente, nace espontáneamente la necesidad del apostolado. El
cristiano que convive con los no cristianos se siente en la necesidad de
explicar y justificar su vida, de dar razón de su esperanza, explicando a
los amigos y vecinos cuáles son los motivos por los que él lleva una vida
distinta de la que se presenta como vida normal, como vida humana corriente y
legítima. Por pura lealtad con sus vecinos, el cristiano tiene que
explicarles de dónde le vienen a él la fortaleza y el gozo ante todos los
acontecimientos de la vida, intentando ofrecerles el mismo don que él ha
recibido para descubrir el valor de la vida humana en todas sus
circunstancias, en la vida personal y en la familiar, en el trabajo y en el
ocio, en la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte, en este mundo
y en la esperanza de la vida eterna. Como María Magdalena, los cristianos,
cuando nos encontramos espiritualmente con Cristo resucitado y salvador,
recibimos el encargo misionero: “no te entretengas, anda, ve a mis hermanos y
diles que voy a mi Padre que es también su Padre, que voy a mi Dios que es
también su Dios” (Jn 20, 17)
4.- El cristiano actúa desde el
amor de Dios.-Naturalmente,
para tener que explicar la propia vida, primero hay que vivirla. La
conversión y el cambio de vida, personal, familiar y comunitario, es condición
indispensable para que surja la acción apostólica del cristiano. El
anuncio del Evangelio no busca directamente ninguna eficacia de carácter
temporal, sino que busca
directamente el renacimiento de la persona a la vida de hijo de Dios, la
iluminación de la mente y la conversión del corazón, el cambio de vida, el
arrepentimiento de los pecados y el nacimiento a una nueva vida, arraigada en
el seguimiento de Cristo y alimentada por el Espíritu Santo. Esta
nueva vida comienza por el reconocimiento de Dios, la gratitud y la alabanza,
el amor de Dios sobre todas las cosas. Y se expresa en el cumplimiento del
mandato del amor como norma suprema y universal de vida. Todo tiene que
rehacerse desde el amor de Dios arraigado en nuestros corazones. Las demás
cosas vendrán por añadidura. Los planes, los proyectos, las convocatorias,
no valen de nada, si no arde en nuestros corazones el fuego del amor de
Dios, si no vivimos del todo poseídos por el amor y el Espíritu de Jesús.
4.- Distintas respuestas a la
vocación común del cristiano.-Desde
esta consideración básica del ser cristiano, es una cuestión secundaria el
que dentro de la comunidad aparezcan vocaciones distintas y formas
diferentes de vivir los elementos cristianos comunes para el buen servicio
de la comunidad. Obispos, presbíteros, consagrados y cristianos seglares la
inmensa mayoría, todos tenemos los mismos elementos comunes de vida y todos
compartimos la misión común de continuar la obra de Jesús viviendo y
anunciando los bienes del Reino. Más importantes que los rasgos específicos
de las diferentes vocaciones cristianas, es el contenido común de descubrir y
vivir la propia vida como respuesta a la llamada paternal de Dios, arraigados
en el Hijo Jesucristo quien nos dice a todos: “Deja
lo que tienes, sígueme y vete a anunciar el Reino de Dios”. Esta vocación común tiene diferentes
formas y se adapta a las circunstancias de cada persona, pero ninguna
determinación específica o personal puede ocultar o desfigurar la riqueza de
la vocación común cristiana.
II. CARACTERÍSTICAS DEL
APOSTOLADO DE LOS FIELES LAICOS
En
la segunda mitad del siglo pasado se escribió mucho sobre la vocación
de los seglares como si se tratara de un extraño descubrimiento. La gran
novedad consistía en decir que los seglares también formaban parte de la
Iglesia, también estaban llamados a la santidad, también tenían vocación
apostólica, es decir, el gran descubrimiento consistía en decir que los
seglares también eran Iglesia, no sólo pertenecían a la Iglesia
Hoy, sin ninguna preocupación
reivindicacionista, podemos decir no sólo que los seglares son Iglesia,
sino que de alguna manera, no excluyente, los seglares son la Iglesia
y llevan sobre ellos la misión eclesial, la grande y bella misión de
continuar la obra de Jesús, esto es anunciar la presencia, la paternidad,
la misericordia y los dones de Dios. Juan Pablo II, en Christifideles laici
cita unas palabras de Pío XII que vale la pena recoger aquí: “Los
fieles, y más precisamente los laicos, se encuentran en la línea más
avanzada de la Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la
sociedad humana. Por tanto ellos especialmente deben tener conciencia, cada
vez más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia;
es decir, la comunidad de los fieles sobre la tierra, bajo la guía del Jefe
común, el Papa, y de los Obispos, en comunión con él. Ellos son la
Iglesia” ( Pío
XII, Discurso a los nuevos Cardenales, 20 de febrero de 1946, AAS, 38, 149).
1.-
Misión de los laicos: a) anunciar la bondad del Dios invisible.- Los
fieles laicos, por el simple hecho de ser cristianos, independientemente de si
viven en el mundo de una manera o de otra, tienen la misión común de
anunciar la presencia y la bondad del Dios invisible, como referencia
necesaria para que el hombre se conozca a sí mismo y viva en la verdad de su
humanidad.
b) testimonio y la palabra.-“A los laicos se
les presentan innumerables ocasiones para ejercer el apostolado de la
evangelización y santificación”.
Normalmente este apostolado se apoya
en el testimonio de la vida de los mismos cristianos. Pero no termina en
el testimonio. El verdadero apóstol busca ocasiones para anunciar a Cristo
con su palabra. Tanto a los no creyentes, para llevarlos a la fe, como a los
fieles, para instruirlos, confirmarlos y estimularlos a una vida más
fervorosa”. (A.A.nº5)
c) su vivir en el mundo. Los cristianos que viven en el mundo,
tienen la misión que les corresponde por serlo, y las notas específicas de
su vivir en el mundo no pueden suprimir ni sobreponerse a su misión esencial
y común como cristianos. Si viven en el mundo, siendo verdaderamente
cristianos, es lógico que ejerzan su misión común de anunciar el Reino de
Dios en el contexto en que viven y por los procedimientos que tienen a su
alcance. Pero su misión sigue siendo la misión primaria y fundamental de la
Iglesia: anunciar a todos los hombres el amor de Dios manifestado en
Cristo y comunicado por el Espíritu Santo para la vida eterna.
c) algunas tareas. Para decirlo de forma concreta. Los
cristianos que viven en presencia de Dios envueltos en las riquezas de su amor
que les sostiene y les da la vida, pueden y deben anunciar y extender el Reino
de Dios. Sobre esta vocación común crecen las vocaciones específicas de
los obispos, de los presbíteros, los misioneros o los religiosos y
consagrados. Todos ellos tienen que sentirse llamados a anunciar lo mismo
aunque lo hagan de diferente manera y con diferentes acentos. Precisamente en
virtud de esta participación común de todos los cristianos en la misión
apostólica de la Iglesia, pueden los laicos asumir y desempeñar en el
interior de la comunidad todas aquellas tareas apostólicas que no
requieran un ministerio ordenado, como la educación religiosa de niños y
jóvenes, el ejercicio de la catequesis, la animación espiritual de personas
o grupos, la atención a los enfermos, etc.
d) la vivencia del Reino en…Los seglares anuncian el Reino de
Dios en primer lugar viviéndolo, la vida del cristiano es una vida edificada
sobre el conocimiento y la aceptación del amor de Dios como fundamento y
norma suprema de la propia vida. El anuncio tienen que hacerlo en el
contexto real de su vida, en su familia, entre sus amigos y vecinos, en el
ejercicio de su profesión, en el ejercicio también de sus derechos y deberes
ciudadanos.
Al
hablar del apostolado de los laicos se insiste casi exclusivamente en las
notas específicas provenientes de situación secular en la que los
cristianos viven su vida. En esta perspectiva se suele decir que lo específico
del apostolado de los laicos consiste en la transformación del mundo según
los designios de Dios. Esto es verdad, pero es una manera muy reductora de
describir la vocación y la misión del fiel cristiano.
e) el mundo de los cristianos y
el mundo de los no-cristianos.- La
secularidad cristiana no es una secularidad cualquiera, ni es la secularidad
original que todos los hombres poseemos por el hecho de ser criaturas
terrestres y sociales. Los cristianos están en el mundo pero no son del
mundo: hay diferencias con los no-cristianos, pero no quiere decir que
busquemos tensiones con ellos. Es más, el mundo de los cristianos, visto
desde la fe y vivido en el Espíritu, no es igual que el mundo de los paganos.
Es un mundo creado y presidido por Dios; no es el término de nuestras
aspiraciones ni de nuestra vida; la valoración y el modo de portarse con
los demás no nace espontáneamente del mundo, sino que para el cristiano
nace de la Palabra y del espíritu de Dios.
La
Iglesia entera, como arraigada en el misterio de la Encarnación del Verbo, es
toda ella secular. Así lo dice bellamente Pablo VI y lo recoge Juan Pablo II
en Christifideles laici: “La
Iglesia tiene una dimensión secular inherente a su íntima naturaleza y a su
misión, que hunde su raíz en el misterio del Verbo encarnado, y se realiza
de formas diversas en todos sus miembros”
Pablo
VI, (Discurso a los miembros de los Institutos seculares, 2 febrero 1972) Todos los cristianos
participamos de esta secularidad de la Iglesia, aunque sea de manera diversa.
Con
frecuencia hemos insistido demasiado en las diferencias entre las diversas
vocaciones cristianas, descuidando el poner por delante los elementos comunes
que son los más importantes. La unidad interior de la Iglesia y la unidad de
la vocación cristiana común son más fuertes que las diferencias existentes
entre las diversas vocaciones cristianas. Clérigos o laicos, consagrados o
seglares, todos somos cristianos, hijos de Dios, templos del Espíritu Santo y
ciudadanos del cielo.
Hoy
es más importante subrayar la diferencia entre cristianos y no cristianos,
que las diferencias que pueda haber dentro de la Iglesia. La relación entre
cristianos y no cristianos, entre iglesia y mundo es la verdadera perspectiva
de nuestra vocación y responsabilidad apostólica. No discutamos tanto de
las diferencias entre nosotros, asomémonos a las carencias de los que no
son cristianos, preocupémonos por ellos, anunciémosles a ellos las grandezas
de la vocación cristiana común.
e) primer apostolado de los
cristianos: En esta perspectiva, hay que decir
que el primer apostolado de los cristianos en el mundo consiste en presentar
con su vida el esplendor de la vida humana redimida por Jesucristo,
santificada por el Espíritu Santo y levantada a la condición de la filiación
divina. Mostrando una vida diferente, dignificada, pacificada, santificada por
el don de Dios, los cristianos son verdaderos continuadores de la obra de Jesús
en el anuncio de la paternidad de Dios y la inminencia de su Reino en el
mundo. A partir de este apostolado básico del testimonio, el cristiano puede
y debe ayudar expresamente a sus vecinos a conocer a Cristo, a creer en El, y
por El conocer y adorar al Dios de la salvación. Toda la Iglesia es
testimoniante, evangelizadora, signo de salvación, difusora de la fe y
servidora del anuncio y del crecimiento del Reino de Dios en el mundo. En la
dinámica normal de la vida cristiana entra el anuncio de Jesucristo, la
comunicación de su palabra, la invitación a conocer y aceptar los dones de
la salvación.
f) anunciar los bienes del reino: En este anuncio del Reino y en este
servicio de la fe, las notas específicas del apostolado del cristiano no
consisten como tantas veces se dice, de manera un poco presuntuosa, en la
transformación del mundo sino en anunciar los bienes del Reino, sin ninguna
autoridad añadida, apoyada simplemente en la fuerza elocuente y significativa
de su propia vida, sin representar al conjunto de la comunidad, y utilizando
como principal instrumento las relaciones normales y comunes de la convivencia
ordinaria y común de la vida social, como p.e. la familia, el trabajo, la
amistad, etc. La transformación del mundo vendrá como consecuencia de la
acción del anuncio.
En
tiempos de evangelización, es
importante subrayar esta capacidad y obligación de los fieles cristianos de
anunciar expresamente el Reino de Dios, el amor y la salvación de Dios que se
nos ha descubierto y ofrecido en la vida, muerte y resurrección de N.S.
Jesucristo. Toda la Iglesia, todos los cristianos tenemos que sentirnos
invitados y obligados a ayudar a nuestros hermanos a conocer a Jesucristo,
a creer en El, a descubrir la Iglesia como Cuerpo y Signo de Cristo, a
conocer y adorar al Dios de la salvación y vivir según su voluntad. Este es
el primer apostolado de los fieles laicos, su aportación más importante a la
misión de la Iglesia y la aceleración del Reino de Dios en el mundo.
A
partir de una vida cristiana intensa y coherente, el cristiano crea un mundo
diferente, purificado, humanizado y santificado por la acción del Espíritu
Santo en el corazón de los fieles. La novedad y la humanidad del mundo
construido por los cristianos, es la expresión y el reflejo de la justicia
interior que Dios infunde en los corazones de sus fieles, y en definitiva
expresión y manifestación de la sabiduría y de la bondad de Dios que
inspiran y dirigen las actividades de sus fieles. Desde el esplendor y el gozo
de su vida redimida y enriquecida por los dones de Dios, el cristiano puede
y debe hablar de lo que ha recibido, del Señor Jesucristo y del amor del
Padre celestial que son el origen y la riqueza de su vida.
g) El “anuncio” descansa
sobre la propia fe y su vivencia cristiana:
Es fácil de comprender que toda la fuerza apostólica del cristiano descansa
en la mediación esencial y necesaria la CONVERSIÓN PERSONAL. En el mundo
se parte de la instrumentalización, esto es, las demás instituciones, las
demás actuaciones pretenden transformar la realidad humana mediante la técnica,
las leyes, el conocimiento, la organización, siempre de fuera hacia dentro,
generalmente sin contar con la realidad profunda de la libertad personal, de
las convicciones, motivaciones y deseos de la persona. El Evangelio, la
gracia de Dios, la acción de Cristo y de su Espíritu actúan siempre de
dentro afuera, contando ante todo con la intimidad de la persona, sus
actitudes de fondo, la orientación básica de su voluntad y de sus
aspiraciones, las ideas, criterios, amores y aspiraciones de cada uno.
Digamos
claramente que la primera transformación de la realidad que los cristianos
debemos procurar es la transformación de nuestra propia vida, de
nuestra visión del mundo, nuestras actitudes, nuestros deseos y aspiraciones.
Una antropología y sociología cristianas tienen que considerar la vida
personal como la realidad más real y más verdadera. Las estructuras, las
relaciones, las actividades de los hombres, toda la realidad social es
proyección y expansión de esta realidad propia del ser personal de cada uno.
h) ámbitos de renovación. Desde este punto de vista podemos señalar
una serie de ámbitos concéntricos y sucesivos en los cuales el cristiano
renueva el mundo.
1)
La primera renovación es la de su propia vida, su visión del mundo, sus
objetivos, deseos, modelos de comportamiento, relaciones, actividades,
objetivos y aspiraciones, de cada uno, de cada persona. Este es el primer
fruto de la conversión personal, sin el cual toda actuación apostólica del
cristiano queda comprometida y bloqueada.
2)
El segundo ámbito de este mundo renovado es la familia. Cuando las
personas se ven cristianamente a sí mismas y viven su vida en conformidad con
la Palabra de Dios, las relaciones entre hombre y mujer alcanzan unas características
que hacen que la sexualidad y la vida matrimonial respondan adecuadamente a la
naturaleza personal del hombre y de la mujer, de los padres y de los hijos. La
familia cristiana es humanidad redimida, liberación y dignificación del ser
personal y de la realidad social fundamental y básica.
3)
El tercer ámbito de transformación es el de las relaciones entre familias
cercanas, entre parientes, vecinos y amigos, mediante el desarrollo de las
mil variaciones de la caridad fraterna en la convivencia de cada día. Así
por ejemplo, justicia, veracidad, generosidad, hospitalidad, y tantas otras
características clarificadas, fortalecidas y reclamadas por la nueva
existencia en el Espíritu.
4)
Un cuarto ámbito de la existencia humana renovada es el mundo de las
actividades y las relaciones profesionales, el mundo de la economía y
del trabajo. Los cristianos pueden ejercer y de hecho ejercen todas o casi
todas las profesiones legítimas, pero es evidente que no todos los modos
de ejercer una misma profesión son igualmente propios de los cristianos.
La responsabilidad y el ejercicio de la justicia y de la generosidad tienen
que ser características del ejercicio profesional de un cristiano en
cualquier profesión o actividad laboral y económica. Las amplitudes legales,
los usos, las preferencias más habituales no pueden ser el criterio
definitivo del comportamiento de los cristianos. Sólo actuando de manera
conforme con la caridad sobrenatural los cristianos seglares
transforman de verdad el mundo de acuerdo con los designios de Dios y
facilitan el advenimiento de su Reino.
5)
En último lugar, la acción transformadora de los cristianos convertidos
alcanza los ámbitos de la vida social y pública, mediante el
ejercicio de sus deberes y derechos políticos, tanto en el ejercicio del voto
como en la actuación personal y asociada de aquellos cristianos que se
dedican a la acción social y pública, en el campo de la información, de la
opinión, o del gobierno en cualquier nivel y con cualquier sigla o color.
Aceptando la libertad y el pluralismo de nuestra sociedad, y precisamente en
ejercicio de esa misma libertad y del pluralismo real, los cristianos pueden y
deben tener en cuenta los principios de la moral social cristiana para actuar
en política, ya sea en el ejercicio del voto o en la actuación directamente
política en los diferentes partidos y en las actividades legislativas, desde
el ejercicio del gobierno o desde la oposición. Con frecuencia la fe
cristiana es desautorizada como inductora de intolerancias e imposiciones.
La actuación de los políticos cristianos tendría que manifestar
ostensiblemente que la fe cristiana y el reconocimiento del Dios salvador, es
fuente de una actuación política verdaderamente justa y servicial, principio
de una sociedad libre, justa, pacífica y fraternal.
Cuando
los cristianos trabajan para construir un mundo ordenado al bien del hombre “participan en el ejercicio de aquel poder por el
que Jesucristo resucitado atrae hacia sí todas las cosas y las somete,
consigo mismo, al Padre de manera que Dios sea todo en todos (Cf Jn 12, 32; I Cor 15, 28).
Todo
esto lo podemos entender como comentario de las luminosas palabras de San
Pablo, los
que viven en Cristo son una realidad nueva, lo viejo está superado, aquí está
ya la nueva creación (II Cor, 5, 17)
III.-EL APOSTOLADO SEGLAR
EN LA IGLESIA DE ESPAÑA. BALANCE Y PERSPECTIVAS.
a) Congreso no de teorías sino
de apóstoles. Pero nuestro congreso no es un
congreso para estudiosos que vienen a informarse sobre las mejores ideas que
hoy se puedan decir acerca del apostolado de los seglares. Nuestro congreso
quiere ser un congreso práctico, que ilumine la situación del apostolado
seglar en nuestra Iglesia y si es posible impulse y movilice la vocación
apostólica de los cristianos seglares.
Cualquier
proyecto tiene que comenzar por levantar un plano lo más exacto posible del
punto de partida. ¿Cómo está en estos momentos el apostolado de los
seglares en nuestras Iglesias? ¿Qué puntos de apoyo tenemos y que
dificultades encontramos para impulsar una actividad apostólica que responda
a nuestras necesidades?
b) Debilidad en nuestra Iglesia:
desequilibrios. Si
dirigimos nuestra mirada a la realidad de nuestra Iglesia, veremos que la
fuerza y el vigor apostólico de nuestras comunidades cristianas es hoy
bastante deficiente.
Sin
entrar a juzgar las conciencias, ateniéndonos estrictamente a los signos
externos, nos vemos obligados a reconocer el gran desequilibrio existente
entre cristianos bautizados y cristianos convertidos. Si la primera e
indispensable mediación de cualquier transformación cristiana de la realidad
es la conversión personal, tendremos que admitir la debilidad apostólica y
transformante de nuestra Iglesia en relación con su extensión sociológica.
Ante las estadísticas podemos insistir en aspectos diferentes. Podemos
recrearnos en ese casi 90 % de ciudadanos españoles que se declaran
católicos. O podemos insistir en que de ellos solamente un escaso 30 %
cumple externamente las obligaciones básicas del cristiano. Podemos destacar
que el 70 % de los matrimonios se celebran según el rito católico y
sacramental, pero no podemos ignorar que el 20 % de estos matrimonios
se separan y dan lugar a otras uniones incompatibles con la moral cristiana y
si además nos preguntamos en cuántos matrimonios se aceptan y se practican
las normas morales enseñadas por la Iglesia, veremos qué amplios y profundos
son los deterioros de la conciencia y las deficiencias de la vida de muchos
cristianos.
Si
nos asomamos a la vida profesional y económica de nuestra sociedad,
junto a grandes avances en el reconocimiento de la justicia social, podemos
preguntarnos también cuántos cristianos ejercen su profesión y actúan en
el mundo económico y laboral con criterios cristianos, sin reconocer
el lucro y las ventajas personales como razón determinante de su
comportamiento, en la elección y el modo de ejercitar su profesión.
Es
evidente que la aplicación de los criterios morales cristianos en la
vida cultural y política es una cuestión algo compleja que requiere
muchos matices. Pero aun así hay algunas afirmaciones fundamentales que nos
permiten valorar algo la situación en estos momentos. Las actividades políticas
de las personas, tanto en el ejercicio del voto como en el ejercicio de todas
las actividades políticas están sometidas a la norma moral como cualquier
otra actividad humana. Los votantes tienen que votar de acuerdo con su
conciencia moral, y los gobernantes tienen que gobernar de acuerdo con su conciencia
moral rectamente iluminada y formada. No pueden ser las mayorías o las
encuestas los últimos criterios para decidir lo que es bueno y lo que es
malo, sino los criterios morales objetivos, aceptados y aplicados por una
conciencia recta, juntamente con la ponderación prudente de las
circunstancias sociales, los que decidan el sentido, los contenidos de las
leyes y los objetivos preferentes de la acción de gobierno. Decirlo, hacerlo
posible, ejecutarlo así es un noble objetivo cívico, moral y apostólico de
los cristianos.
Se
podría pensar que una sociedad formada mayoritariamente por cristianos,
debería configurar su vida colectiva a la luz de la revelación cristiana,
sin imponer a nadie por la fuerza ni la fe ni las costumbres cristianas pero sí
ofreciendo a todos los frutos culturales y sociales que la revelación de
Dios y la redención de Jesucristo promueven a favor de todos los hombres.
Entre estos valores promovidos en la historia por la revelación cristiana se
encuentra la afirmación de la igualdad básica de todas las personas,
pueblos y razas, sin marginaciones ni discriminaciones de ninguna clase, el
respeto por la libertad de las personas y la tolerancia de unos
con otros en un esfuerzo común de convivencia sobre la base de unos
postulados morales aceptados y respetados por todos.
El
pluralismo en sí mismo no es una meta definitiva ni un bien último. Desde el
pluralismo, consecuencia inevitable de la libertad, todos debemos
buscar la verdad, aceptar su fuerza convincente y ajustar nuestra vida a los
conocimientos alcanzados y compartidos. Sin esta búsqueda social e histórica
de la verdad, apoyándose en la capacidad de la razón y en la luz de la
revelación divina, y sin un respeto decisivo a unos principios de moral
objetiva fundada igualmente en la naturaleza humana y en la iluminación de la
revelación divina, la democracia resulta insostenible, y puede degenerar fácilmente
en una imposición de las mayorías, previamente fabricadas por quienes
controlan y manejan los medios de comunicación.
La
sociedad española vive un período de secularización intensiva. Esta fascinación
por las cosas de la tierra está favorecida por el crecimiento económico,
por las múltiples ofertas de diversión y de ocio, por la dureza de una vida
reglada por las exigencias del trabajo y de la economía, y por otros modos
objetivos de vida. Pero más profundamente está siendo fomentada por unas
actitudes que han llegado a ser verdaderas creencias sociales.
Aunque
oficialmente la transición política se hizo en forma de reconciliación, en
realidad los años de vida democrática han permitido el desarrollo de una mentalidad
revanchista según la cual los vencedores de la guerra civil eran injustos
y corruptos, mientras que la justicia y la solidaridad estaba toda y sólo en
el campo de los vencidos. Por eso ahora en los años de democracia se pretende
desplazar como perversión cultural todo lo que provenga de las décadas y aún
siglos centrales de la historia española, incluido claro está la valoración
de la religión católica como un componente importante del patrimonio
espiritual y cultural de los españoles.
Esta
manera de pensar, manifestada con mayor o menor explicitud, está
siendo difundida por importantes medios de comunicación desde hace muchos años,
domina en los partidos de izquierda, ha estado presente en sus campañas ideológicas
y está ahora presente en las actividades legislativas y en muchas
decisiones de gobierno de nuestro gobierno actual. Hay un complejo
movimiento de secularización de las conciencias, en virtud del cual el hombre
occidental encuentra especiales dificultades para verse a sí mismo como
criatura y reconocer la existencia de un Dios creador y redentor en cuya
presencia adquiere todo su esplendor la existencia humana. Aparte de este
movimiento general, la sociedad española está sometida a otras tendencias
de signo reivindicacionista y antieclesial que han hecho que el proceso de
descristianización tenga entre nosotros una amplitud y una virulencia que en
estos momentos no tiene ya en otros países europeos.
c) nuestra debilidad. Aun reconociendo las dificultades
ambientales contra la fe religiosa, cristiana y eclesial, favorecidas por
algunos medios de comunicación de fuerte implantación, los cristianos
tenemos que reconocer que la debilidad de nuestra Iglesia tiene su primera
causa en nuestras propias debilidades espirituales. La debilidad de la adhesión
personal a las realidades y a la vida de fe, la escasa formación
intelectual, la falta de estima por la propia fe, hacen a muchos de
nuestros cristianos especialmente vulnerables a la acción descristianizadora
del ambiente, y los incapacita para asumir una responsabilidad apostólica en
sus propios ambientes.
Cierto
que no podemos ser rigoristas ni exigir más de lo que la naturaleza humana
permite, pero es claro que la verdad y la autenticidad de nuestro ser
cristiano está reclamando una Iglesia en la que se marquen más las
novedades aportadas por Jesús, la novedad de vida que El ha traído al
mundo. Una Iglesia en la que los cristianos hayan vivido un acto expreso y
suficientemente fundamentado de su decisión de fe en Jesucristo, en Dios, en
la Iglesia Católica. Y no basta un grado cualquiera de personalización de la
fe, la santidad es “presupuesto fundamental” (Chr.fid.
laici, 17) para la renovación de la Iglesia,
para el anuncio del evangelio y la extensión de la fe en el mundo.
d) división en la Iglesia: Además de la debilidad religiosa, y
en gran parte consecuencia de ella, la Iglesia española está profundamente
dividida en grupos y tendencias que comprometen la unidad y dificultan
grandemente la actuación de los cristianos en el mundo. Subsisten todavía
grupos que por una teología secularizada viven un alejamiento práctico
de la jerarquía difícilmente compatible con una comunión integral. Sin
llegar a situaciones tan extremas hay multitud de grupos que viven y actúan
con una relación muy tenue, más formal que real con la jerarquía,
encerrados en sus propios sistemas y en sus propias ideas. Muchas congregaciones
religiosas están más preocupadas de sí mismas que de su servicio a la
comunidad eclesial. Y en muchos movimientos se adivina el sentimiento
de que su servicio a la Iglesia consiste en invitarla a copiar universalmente
sus ideas y procedimientos.
Como
resumen, podemos decir que en la España actual muchos cristianos viven en una
comunión espiritual eclesial y católica fragmentada y deficiente. Lo que se
llama “catolicismo a la carta” es realmente la manifestación de
una fe cristiana afectada por el predominio de la cultura vigente y el
sometimiento a los intereses materiales y personales protegidos y favorecidos
por la cultura y las instituciones dominantes. Los cristianos que quieran ser
apóstoles tendrán que saber vivir en el mundo sin ser del mundo, vivir con
todos sin actuar como todos, y tendrán que saber renunciar a muchos objetivos
y aspiraciones que solamente están al alcance de quienes se someten a la dictadura
de lo “políticamente o culturalmente correcto”. En la actual sociedad
española el cristiano coherente y fervoroso tiene que estar dispuesto a
padecer una cierta marginación social, cultural y hasta profesional, y en
consecuencia tiene que estar dispuesto a renunciar a muchos bienes sociales y
económicos, que no están al alcance de quienes se presentan y actúan
socialmente como cristianos coherentes. Es el martirio moderno que
prueba la autenticidad y consuma la perfección de la fe de los cristianos que
viven y actúan en el mundo.
e) debilidad de nuestra Iglesia: En resumidas cuentas tenemos que
decir que la hora presente de nuestra Iglesia no se caracteriza por un
especial potencial apostólico. Más bien estamos viviendo una época de
enfriamiento religioso generalizado y de debilidad profética y apostólica de
la Iglesia.
-
Muchos fieles bautizados abandonan la fe o la reducen a unas vagas
referencias que ya no configuran la mente ni rigen la vida;
-
otros nos dejamos influenciar por las influencias del mundo no cristiano en
ideas, sentimientos, preferencias y valores;
-
hay pocos cristianos que asuman la misión apostólica de su vocación
cristiana como una tarea expresa y determinante en su vida;
-
vivimos todos en el ambiente de una cultura contraria a la fe, antropocéntrica,
hedonista, mundana, que no reconoce de manera efectiva ni la soberanía de
Dios ni la primacía de la vida eterna en la comprensión, ejercicio y
configuración de nuestra vida; los criterios, las actitudes no cristianas
crean conflictos, divisiones y distanciamientos entre los cristianos que
rompen la unidad, empañan el esplendor del testimonio cristiano y debilitan
el vigor espiritual y la capacidad apostólica de la Iglesia.
-
en esta situación las organizaciones y asociaciones de los cristianos,
absolutamente necesarias para su buena preparación y su actuación efectiva
en los diversos sectores de la vida social, son escasas. Las más clásicas,
las más tradicionales o están desvitalizadas por falta de renovación
generacional o viven cautivas de viejas concepciones, reactivas e
ideologizadas, que las incapacitan para desempeñar un papel importante en la
vida y en el apostolado de la Iglesia. Las más jóvenes y más pujantes desde
el punto de vista religioso y apostólico, son todavía escasas, se reducen a
grupos minoritarios que no han logrado todavía renovar al conjunto del pueblo
cristiano y con frecuencia viven excesivamente encerradas en sí mismas sin
una inserción efectiva en la vida común de las parroquias y de las Diócesis.
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2º.- REUNIÓN
DEL GRUPO
1.- Palabra de Dios: Meditamos
sobre Jn 17, 14-20.
2.-DIALOGAMOS y PONEMOS EN COMÚN sobre
la parte de la ponencia de D. Fernando Sebastián:
2.1)
Sugerencias, impresiones, qué me ha llamado más la atención, qué destacaría,
alguna frase…
2.2) Sobre el
primer apartado: “Portadores de la misión de la Iglesia”: Los
seglares militantes, como convencidos seguidores de Jesús, tenemos una misión
que se fundamenta según la ponencia en:
a) La Iglesia es la heredera de Jesús,
continuadora de su vida y de su misión, y nosotros somos Iglesia, formamos la
parte más numerosa de la Iglesia
b) Nuestro ser cristiano arranca del
Bautismo y lo fortalecemos en la Confirmación
c) Como cristianos damos razón de
nuestra esperanza, hacemos, a veces, cosas que son distintas de la vida normal
de la gente, descubrimos el valor de la vida, de la enfermedad y de la muerte.
d) Como cristianos actuamos desde el
amor de Dios, desde el renacimiento de la persona a la vida de Dios, desde la
iluminación de la mente y la conversión del corazón, y todos tenemos los
mismos elementos comunes de vida y la misma misión de anunciar los bienes del
Reino.
………..De estas afirmaciones ¿cuál
es para ti la más significativa y por qué? elige una, y razónala. Gracias.
2.3) Sobre el
segundo apartado: “características del apostolado de los fieles laicos”: Señala
dos características del apostolado de los laicos que más te hayan llamado la
atención, y explica su porqué.
2.4) Sobre el
tercer apartado que trata del balance y perspectivas del apostolado seglar en
España : Cita dos situaciones de España que, a tu juicio,
resulten las más negativas para el Apostolado Seglar. Su justificación, si es
posible.
3.- PROPUESTAS
DE COMPROMISO
o conclusiones a las que llegamos después de las reflexiones anteriores.
4.- Despedida.