2 TAREAS
para el mes de FEBRERO
LOS FIELES LAICOS, IGLESIA PRESENTE Y ACTUANTE EN EL MUNDO.
VOCACIÓN
APOSTÓLICA DE LOS FIELES LAICOS
2ª
Parte de la
ponencia de
D. FERNANDO SEGASTIÁN AGUILAR.- Arzobispo de Pamplona y Tudela
1º
Leo y me informo:
IV.- ALGUNAS SUGERENCIAS PRÁCTICAS
¿Qué
tendríamos que hacer en la Iglesia española para promover de manera efectiva
el apostolado personal y organizado de los cristianos? No creo que nadie pueda
responder de manera completa y definitiva a esta pregunta. “Con temor y
temblor” intentaré simplemente ofrecer unas sugerencias que podrán ser
discutidas, modificadas, enriquecidas o rechazadas en estas jornadas del
Congreso y sobre todo con las experiencias y resultados de los múltiples
esfuerzos que se desarrollan en todas nuestras Iglesias. Me sentiré
satisfecho si con mis palabras suscito vuestras reflexiones y aliento vuestra
esperanza.
a) nueva evangelización.-La llamada de Juan Pablo II a una
nueva época de evangelización en las Iglesias de vieja tradición cristiana,
encierra estos elementos. Reconocimiento de un decaimiento religioso
generalizado, quiebra e insuficiencia de los cauces y procedimientos
tradicionales en la transmisión de la fe, necesidad de recuperar el vigor
apostólico de los orígenes con la debida adaptación a las exigencias de
la sociedad contemporánea. Cada vez son más las personas que en nuestras
sociedades están necesitadas de una primera evangelización. Esta es la
misión más urgente de nuestras Iglesias y de todos nosotros, sacerdotes y
laicos, consagrados y seglares. Si ha de haber un renacimiento del apostolado
seglar en nuestras iglesias, tendrá que surgir primero una renovación
espiritual y eclesial de nuestros cristianos, de nuestras comunidades y
parroquias. El apostolado de hoy tiene que ser un apostolado evangelizador,
nacido y crecido de la fuerza religiosa de una Iglesia evangelizadora.
Necesitamos convocar a los laicos a esta labor de evangelización en estrecha
comunión con sacerdotes y obispos, movidos todos por un espíritu
verdaderamente misionero.(
Ecclesia in Europa, 46).
b) inmovilismo y rutina.-Como siempre, hay que comenzar por
asentar los pies en el terreno firme de la verdad. Y la verdad en este punto
es que nuestra Iglesia no está en trance de evangelización. Hace muchos años
que estamos hablando de parroquia misionera, de pastoral evangelizadora, pero nuestros
métodos y nuestras aspiraciones han cambiado bastante poco. La inmensa
mayoría de nuestras parroquias, de nuestros colegios, de nuestras
asociaciones siguen viviendo y actuando ahora como hace veinte, treinta o
cuarenta años. Y en muchas cosas peor, porque somos más rutinarios, porque
tenemos menos iniciativas, porque la mayoría somos ya muy mayores.
c) Cristo victorioso: Ante estas afirmaciones alguien podrá
pensar que estoy transmitiendo un mensaje derrotista. Nada más lejos de mi
intención. Los cristianos no podemos ser pesimistas ni derrotistas. Contamos
con la presencia del Señor, con la fuerza incoercible del Espíritu, con la
asistencia irrevocable de la Sabiduría y de la Providencia divinas.
Desde que Cristo redimió al mundo con la fuerza suprema de la debilidad de la
cruz, la condición normal de los cristianos es la de una debilidad
permanente de la cual nace la fuerza soberana de la verdad y del espíritu de
Dios. La debilidad reconocida y la confianza en el Amor y la ayuda del Señor
resucitado son los dos pilares de nuestra verdadera fortaleza.
Los
católicos españoles tenemos que asimilar la experiencia de Pablo en medio de
sus tribulaciones. “Nos tienen por
impostores y somos veraces, nos consideran trasnochados y estamos llenos de
proyectos, piensan que estamos a punto de desaparecer y sin embargo
resistimos. Nos acosan por todas partes pero no pueden con nosotros, andamos a
oscuras pero nunca perdemos la esperanza, nos vemos perseguidos pero nunca
aniquilados. Vivimos la debilidad de Jesús ante sus verdugos, pero en esta
debilidad se manifiesta el poder de Dios y el esplendor de la nueva creación” (IICor, 4,8-10). En la debilidad somos más fuertes (IICor 11, 7-10).
La debilidad de Dios es más fuerte que el poder de los hombres, la ignorancia
de Dios más sabia que la sabiduría de los hombres, más eficaz que las técnicas
y los poderes de este mundo (I Cor.1, 18-3).
Siendo débiles, somos más fuertes que los fuertes de este mundo, porque
contamos con la palabra de la verdad y la fuerza del evangelio de Dios (IICor 6, 4-10).
d) Requisitos para crecer.- Con estos presupuestos quiero señalar
algunos requisitos imprescindibles para que pueda crecer y desarrollarse en
nuestra Iglesia con entera normalidad el apostolado de los seglares.
1º,
Ante todo, nuestra Iglesia, necesita clarificarse más, diferenciarse
más en el conjunto de la sociedad española que aunque conserve muchos
elementos cristianos ya no es cristiana de corazón. En años
pasados se desarrolló una mentalidad concordista que todavía perdura,
con una Iglesia -diríamos- camuflada, que no muestre excesivos contrastes a
la hora de ver las diferencias. Es la mentalidad de quienes piensan que la
Iglesia para ser fiel al evangelio de Jesús tiene que adaptarse a las
preferencias y características de cada momento cultural. Esta manera de ver
las cosas se apoya en un concepto falso de humildad y de misericordia. Nuestra
humildad está en la fidelidad al mandato recibido y la mejor misericordia es
el ofrecimiento del evangelio de Jesús en su radical originalidad y en total
integridad. Nuestra fuerza está en ofrecer la verdad de Jesús sin ningún
compromiso. Por eso junto con el anuncio y el servicio, entre la Iglesia y el
mundo hay también lugar para el escándalo y el conflicto. Necesitamos
liberarnos más a fondo de las consecuencias negativas de unos decenios en los
que pretendimos identificar artificialmente la Iglesia con la sociedad. Esta
clarificación e identificación de la Iglesia en el conjunto de la sociedad
requiere que los cristianos lo sean con mayor claridad y coherencia.
Una evangelización sin mártires nunca se ha conocido en la Iglesia..Y
quienes no quieran vivir la vida cristiana en la comunión católica deberían
renunciar a violentar a la Iglesia para acomodarla a sus conveniencias.
Todo lo que queramos hacer como cristianos en nuestro mundo se sustenta sobre
la existencia de comunidades cristianas, más o menos numerosas, pero
sinceramente entusiasmadas con su vocación cristiana, responsables de
ofrecer a los demás lo que han recibido, claramente conscientes de sí
mismas, dispuestas a vivir la vida personal, familiar y social de acuerdo con
el evangelio de Cristo y la doctrina de la Iglesia, sin temor a ser criticadas
por los poderes de este mundo, capaces de presentar los contenidos de la
salvación de Dios y hacerla operativa en las actuaciones y relaciones de la
vida social concreta y verdadera. Es evidente que las comunidades fervorosas
suponen personas y familias que vivan intensamente su fe y su vida espiritual
es estrecha y gozosa comunión eclesial. Tenemos a nuestro alcance
muchos medios prácticos para caminar en esta dirección. Podemos, por
ejemplo, intensificar la acción evangelizadora en los tiempos y
celebraciones de la iniciación cristiana, con la finalidad expresa de
suscitar cristianos convertidos, que vivan intensamente su consagración
bautismal y que estén suficientemente capacitados para vivir y anunciar el
evangelio en el contexto de la vida social real. Podemos trabajar para que las
celebraciones sacramentales respondan de verdad a la fe de los participantes.
Todos sabemos y aceptamos la enseñanza de la Iglesia sobre la eficacia de los
sacramentos ex opere operato, en virtud de la muerte y de la resurrección de
Jesucristo. Pero también sabemos que esta infinita fuerza santificadora de
los sacramentos solo es eficaz en nosotros en la medida en que aceptamos
la acción santificadora de Dios por medio de la fe y de la amorosa obediencia
a su Palabra. Poco a poco tenemos que ir consiguiendo que el bautismo sea
celebrado, aceptado y vivido como sacramento de la fe y de la vida
cristiana; que el sacramento de la confirmación sea realmente celebrado y
aceptado como sacramento de la plenitud bautismal; que los matrimonios
sacramentales sean verdaderas uniones realizadas en la fe de la Iglesia
y con el amor fiel y generoso del Señor. Mientras tanto podemos también
convocar y reunir a los fieles que viven en plena comunión católica, invitándoles
a superar las fronteras de sus diversas asociaciones y movimientos y a
asumir su parte en la misión evangelizadora de la Santa Madre Iglesia
poniendo lo común por encima de lo específico y diferenciante. Y hará falta
que los cristianos, vitalmente reunidos en Iglesia, estimen su fe y
su vida cristiana y eclesial como la perla preciosa por la cual vale la
pena sacrificar otros falsos tesoros, y asuman como tarea propia anunciar
el Reino de Dios, difundir el evangelio de la salvación, ayudar a sus
hermanos a que conozcan a Jesucristo, sin buscar otros intereses ni otros
proselitismos particulares. Sin esta renovación interior que nos ponga a
todos en trance de expansión no podrá haber un verdadero apostolado seglar.
2º,
Un segundo paso indispensable para que se desarrolle en las Iglesias de España
el apostolado de los seglares es el fortalecimiento de la unidad interior
de nuestras comunidades cristianas. Ciertamente hemos vivido tiempos
peores, con más diferencias, divisiones y tensiones dentro de la Iglesia,
pero estamos todavía lejos de los niveles indispensables de comunión y de
confianza. Necesitamos trabajar para superar las desconfianzas entre
obispos, sacerdotes, teólogos y pueblo de Dios. Muchos de nuestros fieles
viven fuertemente influenciados en materias dogmáticas y morales por
las ideas ambientales, hay teólogos, sacerdotes, seglares y religiosos,
que proponen como medio de renovación eclesial y condición para el
apostolado eficaz el sometimiento de la Iglesia, en la doctrina y en la vida,
a las pretensiones y conveniencias de la cultura materialista y hedonista. Y
no faltan asociaciones religiosas y seglares que con la mejor voluntad
atienden estas consignas en contra de las enseñanzas y advertencias del Papa
y de los Obispos. Para muchos, no solamente fieles seglares sino también
sacerdotes y religiosos, para reforzar la credibilidad de la Iglesia en
nuestro mundo es indispensable mantener un cierto margen de disentimiento
habitual respecto del Papa y de los Obispos. Mientras los cristianos no
recuperemos la plena confianza en nosotros mismos, y no sintamos el
gozo y el agradecimiento de ser miembros de nuestra Iglesia real y concreta,
no seremos creíbles ante el mundo ni surgirá en nosotros un deseo
vigoroso y resuelto de anunciar un evangelio en el que no acabamos de
creer. Es verdad que la renovación tiene que comenzar por pequeños grupos
minoritarios que vivan y actúen en la Iglesia. Pero también es cierto que la
realidad de Iglesia está en las parroquias, en las que se agrupa el pueblo
llano y sencillo, sin otro título ni otro apellido que el honroso
calificativo de cristiano. A fin de cuentas son
estas parroquias las que tienen que recuperar su pulso espiritual, sus actos
de piedad, su capacidad de formar a los nuevos cristianos y de desplegar la
actividad apostólica que nuestro mundo necesita. (Chr.F.L.
25-27, Ec.in Eu 23). Mientras el clima espiritual de
nuestras parroquias no sea un clima de fervor, de unidad, de responsabilidad
compartida frente a las carencias de nuestro mundo, no podremos contar con una
Iglesia evangelizadora ni con unos cristianos apóstoles.
3º,
El desarrollo del apostolado seglar está pidiendo alguna modificación en
nuestra manera de concebir las relaciones entre la Iglesia y la sociedad.
Respetando la estructuración interna de la Iglesia como comunidad jerárquica
en la que algunos cristianos cumplen un ministerio singular de presidencia en
el nombre de Cristo, tenemos que fomentar una manera de ser y de actuar que
reconozca a los seglares como zona de encuentro entre la sociedad y la
Iglesia, como confluencia real de lo sagrado y lo secular, de la fe y la
cultura, de la Iglesia y del mundo. Ellos son la presencia más cercana y más
profunda de la Iglesia en el mundo y por eso mismo agentes principales
del anuncio del evangelio en el mundo y de la construcción real del Reino de
Dios. Los contactos y los acuerdos entre la Jerarquía de la Iglesia y
los poderes civiles seguirán siendo legítimos, convenientes y hasta
necesarios. Pero estos mismos instrumentos jurídicos serán apostólicamente
eficientes sólo en la medida en que estén respaldados por un número
creciente de cristianos laicos, presentes y operantes en el mundo, que
hagan valer estos acuerdos utilizando los recursos y procedimientos de una
sociedad organizada democráticamente a favor del evangelio de Jesucristo y
del crecimiento de la vida cristiana entre los ciudadanos. Bien está,
por ejemplo, mantener unos acuerdos con el Estado español que reconozcan el
derecho de los católicos a una enseñanza católica para sus hijos en el seno
de la escuela pública. Pero estos instrumentos jurídicos pierden fuerza
si luego no hay una comunidad de familias cristianas, que valoren la
educación religiosa de sus hijos como un bien de primer orden y sean capaces
de defender este derecho por todos los procedimientos legítimos que
ofrece una organización democrática de la sociedad. Bien está que los
obispos nos pronunciemos en contra del aborto o de la manipulación de los
embriones humanos. Pero esto vale de poco si luego no hay unos cristianos
que mantengan la vigencia y el prestigio de estas enseñanzas en los
ambientes concretos de las relaciones humanas y de la vida de cada día y exijan
a los gobernantes el respeto a unos principios morales y castiguen políticamente
a los programas que favorezcan legislaciones y comportamientos contrarios a la
ley de Dios y a la moral de la razón humana, desarrollada a lo largo de
la historia, iluminada, purificada y fortalecida por la revelación de Dios.
De
nuevo hay que insistir en que para que los cristianos sean de verdad
presencia capilar de la Iglesia en la carne misma de la sociedad, hace
falta ante todo que sean Iglesia, que estén ganados por el amor de Cristo
con una fe viva y operante, que vivan de acuerdo con las enseñanzas del
evangelio y de la Iglesia en su vida personal, en el ejercicio de su vida
profesional, en la vida familiar y en el ejercicio de sus relaciones y
obligaciones sociales. Ellos mismos, con su vida santa, tienen que ser apoyo y
confirmación de su palabra. Con esta condición por delante surge espontáneamente
como una marea silenciosa, testimoniante y apostólica que hace de la
convivencia cotidiana el mejor instrumento para la difusión del evangelio y
de la fe en Jesucristo. ¿Cómo se realizó la primera evangelización
de nuestros países? Cierto que fueron los Apóstoles y los varones apostólicos
los primeros mensajeros del evangelio. Pero luego fueron los cristianos
sencillos, los comerciantes, los soldados, los esclavos quienes
difundieron la fe, de manera imparable, por el simple procedimiento de
explicar confidencialmente la riqueza que habían recibido al conocer la
persona de Jesucristo y haber creído en El y en su evangelio. La breve confidencia
de los discípulos tiene que seguir siendo hoy el más poderoso plan de
pastoral y de apostolado “Hemos conocido al Mesías: ven y verás”.
4º,
Esta movilización apostólica de los cristianos requiere también que
tengamos una conciencia clara de cuál es el momento histórico de nuestra
sociedad, cuáles son las disposiciones espirituales y culturales
dominantes de nuestros conciudadanos, y cuáles tienen que ser en consecuencia
los objetivos primordiales de la acción apostólica y misionera de la
Iglesia. Si en algunos momentos pudimos pensar que una Iglesia sólidamente
establecida tenía que poner el acento en desarrollar el sentido social de sus
miembros y la solidaridad de la sociedad entera con los más necesitados,
tenemos que darnos cuenta de que hoy lo más urgente, el servicio más grande
y más urgente que la Iglesia tiene que hacer a nuestra sociedad, el bien más
grande que podemos hacer a nuestro amigo o nuestro vecino, es ayudarle a
creer en Dios, ayudarle a descubrir a Jesucristo como Salvador, ayudarle
a descubrir la transcendencia de su ser personal, a verse a sí mismo como
hijo de Dios y heredero de la vida eterna. La Iglesia entera debe
desplegar un esfuerzo extraordinario para contrarrestar los fermentos y falsos
argumentos a favor de la indiferencia moral y religiosa que circulan en
nuestra sociedad, en ayudar a los hombres y mujeres de buena voluntad a creer
en el Dios de Jesucristo como Padre común y fuente de la vida verdadera,
seleccionando los contenidos y los métodos de nuestro apostolado en función
de este objetivo primordial, esencialmente religioso y estrictamente
misionero. Esto vale igual para todos los cristianos, clérigos como seglares,
aunque lo tengan que hacer con diferente autoridad, en momentos y lugares
diferentes y con métodos diversos adecuados a las diversas circunstancias.
Repetidas veces el Papa nos ha pedido que concentremos nuestro apostolado en el
anuncio de Cristo, de su persona, de su vida, de su doctrina y de su
misteriosa y poderosa presencia actual en el mundo, constituido por el Padre
Señor del universo. Centro de la historia, piedra angular de la creación y
de la nueva humanidad. Tenemos que tener muy clara la conciencia de que
ninguna actividad, por humanitaria que sea, es un verdadero apostolado si no
conduce de alguna manera al anuncio explícito de Jesucristo como Salvador y
Redentor y al conocimiento de Dios como Creador y Padre de misericordia. Por
eso es urgente que todos los cristianos seamos capaces de presentar una
formulación fiel y comprensible del kerigma apostólico como invitación
directa a la fe en Jesucristo y en el Dios de la salvación. Una presentación
del kerigma centrado en estas ideas: Hay un Dios Creador del mundo y Padre de
la humanidad, que nos ha enviado a su Hijo para rescatarnos del mal y abrirnos
las puertas de la vida verdadera. El nos ha creado para vivir eternamente en
su presencia y ahora nos da el Espíritu santo para justificarnos y enseñar a
vivir como hermanos caminando juntos hacia la patria celestial.
5º,
Urge rehacer el entramado cristiano de la sociedad humana, o, si se
prefiere, cristianizar el entramado de la sociedad, pero la condición
indispensable es que se recupere el fervor de los cristianos, la confianza
en el evangelio y la cohesión interna de las comunidades cristianas.
Nadie sabe lo que la división y el disentimiento habitual dentro de nuestras
comunidades han podido restar energías y entorpecer los proyectos apostólicos
de nuestras Iglesias. El desarrollo del
apostolado seglar requiere que nuestras Iglesias particulares recuperen el
vigor espiritual y el entusiasmo misionero de los cristianos verdaderamente
convertidos.(Ecc.in
Eur.23).
Para
lograrlo hará falta que los dirigentes y servidores de la comunidad, obispos,
sacerdotes, religiosos y educadores, incluidos los catequistas y profesores de
religión, asumamos actitudes misioneras, propias de los tiempos de prueba
y de persecución, centremos nuestros trabajos en el servicio de la fe y
de la vida espiritual de nuestros hermanos, con más diligencia, más sabiduría,
más abnegación y más generosidad. Con estos precedentes podremos ir
contando con un número creciente de cristianos dispuestos a dar testimonio de
Jesucristo y del Dios de la vida y de la salvación en el contexto real de la
vida social, en la enseñanza y en la vida intelectual y cultural, en las
actividades y proyectos económicos, en los debates políticos, en las
decisiones legislativas y en las actuaciones de los gobiernos, haciendo ver
las diferencias y las ventajas de una visión de la vida y de unas soluciones
concretas cuando se cuenta con la presencia de Dios, con la ayuda de su
revelación y los enriquecimientos culturales y sociales que ellas producen
cuando son aceptadas y tenidas en cuenta. Hoy, por debajo de las mil
diferencias entre unos partidos políticos y otros, por encima de los
continuos debates y enfrentamientos políticos, tenemos que reconocer que se
está desarrollando en todo occidente, y en España con especial virulencia, un
gran debate de fondo religioso, en la política, en la cultura, en las artes,
en el esfuerzo global por organizar la vida según las propias convicciones,
lo que se está en juego es el intento de organizar la vida humana sin
contar con Dios, como si fuéramos nosotros los dueños absolutos y últimos
de nuestra vida y de la creación entera, en una descarnada y desesperada
omnipotencia, en contra de una cultura y de unas formas de vida que tienen en
cuenta la Soberanía y la Paternidad de Dios manifestada por Jesucristo y
asimilada por la fe personal. Esta situación no es ya un problema solamente
para la Iglesia, es también un problema de cultura, de rumbo espiritual en
el camino de la historia y a largo plazo puede llegar a ser un problema de
supervivencia de la misma humanidad. Es preciso que los cristianos seglares
se empeñen a fondo en presentar la alternativa de una vida humana
entendida y, organizada y vivida teniendo en cuenta la paternidad de Dios y la
esperanza de la vida eterna, teniendo en cuenta la justicia interior y el
valor de la vida virtuosa, favorecida interiormente por el Espíritu Santo,
pero ayudada también exteriormente por la educación y la formación, por las
creencias y usos sociales, por las leyes justas y el apoyo de una cultura a la
medida del hombre real, creado por Dios y redimido por Cristo para la vida
eterna. Somos poseedores de una levadura capaz de transformar la
masa entera, somos la sal que preserva a la humanidad de la corrupción,
tenemos en nuestras manos la luz que quita las tinieblas del mundo. ¿Cómo
podríamos callar por miedo o por desconfianza de nosotros mismos?, ¿cómo
podríamos renunciar a intervenir eficazmente en la marcha de los
acontecimientos?. ¿No estaremos siendo infieles y cobardes, culpables de un
peligroso silencio, disfrazado de prudencia y de aperturismo? ¿No estamos
siendo la luz mortecina que ya no ilumina, la sal sosa incapaz de dar ningún
sabor, la levadura envejecida que ya no transforma la masa?
6º,
La acción apostólica de los cristianos tiene unos espacios necesariamente
personales y espontáneos, difícilmente regidos por ninguna reglamentación.
Es el espacio de la vida familiar, de las relaciones humanas espontáneas, de
las actuaciones personales en el mundo de las actividades profesionales. Un cristiano
fervoroso y responsable encuentra siempre mil oportunidades para hacer
brillar la luz del evangelio de Jesús ante las personas con las que convive.
Pero otras muchas actuaciones posibles y necesarias requieren un trabajo
organizado, estable, capaz de influir en otras instituciones y en el
conjunto de la opinión pública. Son actuaciones que sobrepasan las
posibilidades de una persona sola y requieren la intervención de asociaciones
adecuadas y operantes. El Papa nos habla de “una nueva época
asociativa”, reconocida por el Sínodo de los Obispos y saludada como un
verdadero don de Dios (Chr.f.l.29).
Para
evitar confusiones que se dieron ya entre nosotros hasta el punto de bloquear
el desarrollo de la acción apostólica y misionera de los cristianos, se
impone diferenciar bien dos clases de asociaciones. Unas son
todas aquellas cuyos fines quedan dentro del ámbito eclesial, dentro de lo
que son los objetivos primarios y directos de la Iglesia, dirigidas a la
buena formación y el apoyo de la vida cristiana de los fieles seglares que
luego han de desarrollar sus actividades en el mundo secular. Hoy muchas
de nuestras parroquias no son capaces de ofrecer de una manera estable y bien
configurada la formación que necesita un cristiano para actuar apostólicamente
en su ambiente profesional o social, ni pueden tampoco atender suficientemente
a los fieles en el día a día de su vida espiritual. Hacen falta
asociaciones, movimientos, que de una manera estable y bien organizada ofrezcan
métodos, instrumentos, ayuda personal para el crecimiento de los cristianos
en diversas vertientes de su vocación cristiana, personal, familiar y social.
Se trata de asociaciones estrictamente eclesiales, que quedan dentro del ámbito
de la vida y de la misión directa de la Iglesia. Estas asociaciones
pueden tener también sus objetivos apostólicos generales, que luego los
cristianos podrán vivir en el contexto concreto de sus parroquias y de sus Diócesis.
En muchas partes se encuentran fuertes resistencias y suspicacias en contra de
estas asociaciones. La postura decidida de la Iglesia y la experiencia de cada
día nos demuestra que sin asociaciones no podremos tener nunca un laicado
formado y apostólicamente operante de manera significativa. Solo la
asociación da continuidad y amplitud. Para que el asociacionismo encuentre en
nuestras parroquias la acogida que necesita y merece, será preciso que los
dirigentes de las asociaciones se esfuercen sinceramente para dirigir de tal
manera la vida de sus asociaciones que sus miembros por el hecho de pertenecer
a una asociación o a un movimiento se sienta más dentro de la parroquia y
más cerca del común de los cristianos, en vez de encerrarse en la propia
asociación y hacer de ella como un cómodo sustitutivo de la Iglesia
madre que es la casa de todos.
Otra
clase muy distinta
de asociaciones son aquellas que, promovidas y hasta formadas por cristianos,
tienen como fin propio la intervención de sus miembros en los diversos
sectores de la vida social, asociaciones profesionales para ayudarse a
actuar cristianamente en el terreno de su profesión, asociaciones de
profesores, de intelectuales, de padres de alumnos o de cristianos que
pretenden actuar de una u otra manera en la vida política. Estas
asociaciones, en la medida en que tengan objetivos de naturaleza civil y
secular, y recurran a procedimientos civiles y seculares, perfectamente legítimos
en la vida democrática, tienen que ser reconocidas como asociaciones
civiles, tanto si están formadas sólo por cristianos como si son
asociaciones abiertas al público en general, aunque tengan un ideario
cristiano que permita participar a los cristianos sin restricciones de
conciencia.
En
otros tiempos hemos vivido esquemas híbridos y confusos en los que una
asociación de acción católica, estrechamente vinculada con la jerarquía y
asociada a su misión, se imponía como objetivo la reforma de una legislación
o la actuación en diversos campos de la vida política o económica,
con frecuencia, bajo la inspiración dominante de una determinada ideología
política. Esta falta de claridad en la configuración de nuestras
asociaciones y en la delimitación de sus objetivos, ha dado lugar a muchas
tensiones dentro de la Iglesia y ha creado dificultades para la
comunicación y la comunión entre obispos y asociaciones seglares, bloqueando
el desarrollo y la aceptación del apostolado asociado de los seglares. ¿Entra
dentro de los fines de un movimiento de Acción Católica promover un
determinado modelo de economía, o de contratos laborales, o de precios de los
productos en el mercado? Esa puede ser muy bien una batalla que lleven
adelante los cristianos desde dentro de asociaciones civiles, inspirados y
guiados por sus convicciones cristianas. Pero esos objetivos estrictamente
seculares no entran en la misión de la Iglesia y por eso mismo tampoco
caen dentro de los fines propios de unas asociaciones eclesiales que no pueden
ir más allá de donde alcanza los límites de la vida y de la misión de la
Iglesia y por eso mismo tampoco caen dentro de los fines propios de unas
asociaciones eclesiales que no pueden ir más allá de donde alcanza los límites
de la vida y de la misión de la Iglesia. Las
asociaciones eclesiales se han de centrar en formar y preparar a los
cristianos para que luego, inscribiéndose en otras asociaciones civiles o
promoviendo nuevas asociaciones adecuadas a sus deseos, traten de alcanzar
objetivos civiles, por procedimientos civiles, guiados y estimulados por la
fuerza de la fe y de la caridad cristianas. Estamos necesitados de una mayor
claridad conceptual e institucional en estos asuntos. Y estamos especialmente
necesitados de una acogida y de un apoyo decidido al asociacionismo de los
cristianos para mejor conseguir los fines primordiales de su vida espiritual y
su capacitación para el apostolado.
7º,
Las asociaciones propiamente eclesiales tendrían que desarrollar un
fuerte sentido de comunión y de unidad, en la doctrina, en la vida y en los
objetivos y prioridades apostólicas, en estrecha relación con el obispo y
los sacerdotes, en una conciencia fuerte de unidad de vida y de misión. Es
un error y una tentación la actual tendencia a subrayar excesivamente los
carismas especiales, dando más valor a lo específico que a lo común,
apropiándose con frecuencia como notas propias de una congregación o de una
asociación de notas y bienes que son comunes y propias de toda la comunidad
cristiana. Esta tendencia a hacer prioritario lo específico, dejando en
segundo lugar lo que es común, que es siempre lo más importante, no favorece
la conciencia de la unidad, dificulta la colaboración y
debilita el vigor y la capacidad apostólica de la comunidad eclesial
en su conjunto.
En cambio, las asociaciones seculares en las que militan los cristianos
conviene que tengan la mayor autonomía posible, para que se muevan en el
terreno de las instituciones seculares con la misma libertad y los mismos
derechos que los demás, dejando la vinculación eclesial a las relaciones
personales de los cristianos con los responsables y los miembros de su
comunidad eclesial y la fidelidad a la doctrina y motivaciones cristianas en
la elaboración de los estatutos, selección de objetivos y realización de
sus actividades.
Estas asociaciones seculares pueden ser promovidas por cristianos con una
inspiración cristiana en su misma estructura, o bien pueden ser asociaciones
seculares preexistentes, en las que los cristianos puedan actuar cómodamente
según su conciencia. Es evidente que los cristianos pueden militar en
cualquier asociación con tal de que sus fines no sean expresamente contrarios
a la doctrina y a la moral católicas. En cualquier caso el mínimo requerido
para que los cristianos puedan militar en una asociación secular no
confesional es que tengan la suficiente libertad y el suficiente respeto
como para poder disentir de todo aquello que sea contrario a su conciencia y
no encuentren un rechazo sistemático a los argumentos y sugerencias
inspiradas en la tradición cristiana. Tenemos el derecho a preguntarnos
si hoy los católicos que militan en ciertos partidos políticos, sindicatos u
otras asociaciones semejantes, tienen esta libertad y sobre todo si tienen el
valor de hacer valer sus puntos de vista siempre que estén comprometidos los
juicios y valores de la conciencia cristiana. Más en concreto, ¿los
cristianos que militan en IU o en el PSOE pueden discutir y exponer sus
argumentaciones y su visión del aborto, del respeto a la vida en sus
diferentes fases, de la protección del verdadero matrimonio en los órganos
competentes, en igualdad de condiciones con los demás? ¿Lo hacen de hecho?
He aquí una grave cuestión. A veces tiene uno la sensación de que algunos
cristianos comprometidos políticamente critican más a la Iglesia desde los
presupuestos de sus partidos respectivos, que los programas políticos de sus
partidos desde los presupuestos de la Iglesia. Puede más la identidad
partidista e ideológica que la identidad eclesial y cristiana.
8º,
En este terreno de las asociaciones seculares desde las que militen y
actúen los cristianos en la vida social y pública haría falta insistir
en dos características. Hace falta seleccionar mejor los objetivos y los
campos de influencia. ¿Cuáles son hoy los sectores más influyentes en la
configuración de la opinión pública, de la cultura vigente, de las
condiciones de vida colectivas? En definitiva ¿cuáles son los sectores de
la vida más influyentes en la mentalidad y el comportamiento de las personas
desde las cuales se les puede ayudar mejor y más eficazmente a conocer la
salvación de Dios y disfrutar de sus bienes? Quien mira con realismo el
panorama de nuestras naciones de Occidente, el tono vital de la sociedad española,
es evidente que la tarea más urgente para toda la Iglesia, no sólo para los
clérigos o los religiosos, sino para todos los cristianos es la evangelización.
No acabamos de entender que tenemos que centrar nuestros esfuerzos en sembrar
de nuevo la fe cristiana en las generaciones jóvenes, mayoritariamente
alejadas de la fe cristiana y del reconocimiento del Dios verdadero. Así lo
presenta insistentemente Christifideles laici (nº 34)
Hoy,
en la sociedad española, un cristiano seglar que quiera colaborar activamente
en la misión de la Iglesia, tiene ante sí estos temas urgentes y
preferentes:
En el campo de las realidades
religiosas la primera necesidad
-
es renovar y vigorizar la vida espiritual de los cristianos,
sacerdotes, religiosos y laicos, fortalecer la comunión eclesial en
las personas, los grupos, comunidades y asociaciones,
-
recuperar el sentido de la misión apoyado en el reconocimiento
de Jesucristo, Hijo de Dios y Salvador único de todos los hombres.
-
la dignificación racional y cultural de la fe, de la vida religiosa,
de la presencia y la actuación de la Iglesia en el conjunto de la vida
social;
- la
fundamentación racional de la existencia de Dios, de su carácter personal
y providente;
- la
justificación histórica, antropológica, histórica y salvífica de la fe
en Jesucristo como Hijo de Dios, redentor y salvador de la humanidad.
- El
conocimiento y la estima de la existencia humana purificada,
dignificada y santificada por la redención de Jesucristo y la efusión del
Espíritu Santo.
- La
difusión de las mil obras buenas que favorece y promueve la iglesia en
la vida personal y familiar, profesional y social, en relación con los más
necesitados y los momentos más difíciles de nuestra vida. Etc.
En el campo de las implicaciones y
consecuencias morales y sociales de la vida cristiana, los cristianos
seglares españoles tendrían que procurar:
-
Intervenir en los medios de comunicación, con
criterios cristianos, en toda su compleja y poderosa realidad, empresas,
agencias, columnistas, comentaristas, informativos y noticiarios, debates,
siempre en defensa sincera de las libertades y del bien común, con
absoluta veracidad y plena justicia.
-
Hacerse
presentes en la acción y gestión política, desde el gobierno o desde
la oposición, reivindicando el derecho a actuar en política desde las
convicciones arraigadas en la fe cristiana, mostrando prácticamente la
fecundidad social de la moral cristiana bien entendida y sinceramente
aplicada, recuperando la inspiración social de la política como servicio al
bien común de las familias y de todos los sectores sociales, sin
discriminaciones ni partidismos, sin anteponer los intereses de nadie al
servicio sincero de las necesidades y conveniencias comunes.
-
Promover
por todos los medios el servicio al desarrollo integral de los más
necesitados en el marco nacional y en la política internacional,
promoviendo planes de ayuda desinteresada y efectiva que
proporcione a todas las personas las posibilidades básicas de desarrollo y
perfeccionamiento, que acorte las distancias entre los pueblos y favorezca la
comunicación y la colaboración entre todos los pueblos de la tierra. Una política
cristianamente inspirada tendría que buscar el modo de ayudar a los pueblos
subdesarrollados de manera eficaz y desinteresada para dotarles de las
estructuras y condiciones necesarias que les permitan incorporarse activamente
a la convivencia internacional sin inferioridades ni dependencias.
-
Promover
desde todos los puntos posibles la defensa de la vida y de la dignidad de
la persona, desde su concepción hasta su muerte natural. Es el momento de
luchar para que la ciencia y la técnica respeten la dignidad de la persona
como una realidad de valor supremo que no puede ser utilizada para
ninguna utilidad material como si fuera una mercancía. Nuestro gobierno acaba
de autorizar la investigación con embriones humanos. ¿No hay cristianos que
defiendan lo contrario desde las asociaciones profesionales o desde las
instituciones políticas?
-
Los
cristianos seglares tienen que hacerse presentes en el gran mundo del
sufrimiento, de la enfermedad, de la soledad, de la invalidez, por medio
de su presencia profesional o con carácter voluntario, actuando según el espíritu
del Buen Samaritano, tienen que demostrar en este mundo cada vez más
individualista y más dominado por el dinero, la posibilidad de una relación
verdaderamente amorosa, interesada, atenta, gratuita, que hace presente el
amor y la bondad de Dios en el mundo, ampliando los sentimientos de
misericordia y de compasión del corazón de Cristo ante los enfermos, los
pobres abandonados, los más heridos por la soledad y la desesperanza.
-…….Defender
la libertad de enseñanza y de educación, mejorar los métodos y los
contenidos, fomentar también la calidad de la enseñanza pública, en
toda su amplitud, desde la escuela primaria hasta la universidad, fomentar la
formación cristiana y pedagógica de los profesores, dignificar el noble
oficio del magisterio en todos los niveles, etc.
-
……En nuestra sociedad está siendo una necesidad urgente fundamentar la
estima del matrimonio estable y fecundo como célula básica de la sociedad,
en nada comparable con otras formas posibles de convivencia y el valor
irremplazable de la familia fundada en el matrimonio estable y fecundo como
lugar apropiado de la multiplicación de la vida, el nacimiento, crecimiento y
educación de las nuevas personas. A la vez es importante actuar a favor de
una buena educación afectivo-sexual de los jóvenes, como elemento básico de
la felicidad personal, de la convivencia social y de la normalidad de las
personas en sus compromisos afectivos, profesionales y sociales.
CONCLUSIÓN
En
resumidas cuentas solo he querido deciros dos cosas,
-
el apostolado de los seglares es el apostolado capilar, amplio,
multiforme y multipresente de una Iglesia formada por cristianos convertidos,
agradecidos por los bienes recibidos con la fe, deseosos de ofrecérselos y
transmitírselos a sus familiares, amigos, vecinos y conciudadanos.
-
En España necesitamos comenzar por fortalecer y clarificar
religiosamente nuestras comunidades básicas que son las
parroquias, necesitamos recuperar la valoración de la fe y la
confianza en nosotros mismos como discípulos y miembros de Cristo, para
entrar en una comunicación de comprensión y de profecía con nuestros
conciudadanos que han perdido las huellas de Cristo y han dejado de confiar en
su Iglesia.
Juan
Pablo II concluía así su exhortación apostólica Christifideles laici,
acerca de la vocación y misión de los fieles cristianos en la Iglesia y en
el mundo:
“En los umbrales del tercer
milenio, toda la Iglesia, pastores y fieles, ha de sentir con más fuerza su
responsabilidad de obedecer al mandato de Cristo: “Id por todo el mundo y
proclamad la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16, 15), renovando su empuje
misionero. Una grande, comprometedora y magnífica empresa ha sido confiada a
la Iglesia: la de una nueva evangelización, de la que el mundo actual tiene
una gran necesidad. Los fieles laicos han de sentirse parte viva y responsable
de esta empresa, llamados como están a anunciar y servir el evangelio en el
servicio a los valores y a las exigencias de las personas y de la sociedad”.
Siguiendo el ejemplo del Papa, concluyo mi exposición con una oración
a la Virgen María, Madre de Jesús, madre de la Iglesia y madre de todos
los hombres:
Oh Virgen María, Madre de
Cristo y Madre de la Iglesia,
Contigo damos gracias a Dios por
el don de la fe y de la salvación que esperamos,
Llena nuestros corazones del
ardor necesario para sentirnos apóstoles de tu Hijo,
Danos tu misma disponibilidad
para cumplir el mandato del Señor
Para el conocimiento de Dios y
la salvación de nuestro mundo,
Virgen fiel, ayúdanos a
obedecer al mandato de tu Hijo y a la llamada de la Iglesia,
Virgen valiente, ayúdanos a
vencer las dificultades que encontremos para ser apóstoles de tu Hijo en la
vida real de cada día,
Virgen misericordiosa, ayúdanos
a amar a nuestros hermanos para llevarles el conocimiento de tu Hijo y del
Padre celestial,
Tú que fortaleciste la fe de
los Apóstoles y pediste para ellos la fuerza del Espíritu Santo,
Haz que vivamos ahora un
verdadero Pentecostés que haga de nosotros apóstoles de tu Hijo,
Sostennos para que vivamos
siempre como fieles hijos de la Iglesia de tu Hijo
Y trabajemos decididamente para
construir en esta tierra
La ciudad de la verdad y del
amor,
En la que sea reconocido y
glorificado el Dios Creador y Salvador.
Amén.
bbbbbbbb
ddddddddddddd
*****************************************************************************************************
2º.- REUNIÓN
DEL GRUPO
1.- Palabra de Dios: Meditamos
sobre 2 Cor. 4, 7-11. Mt 13, 7-10.
2.-DIALOGAMOS y PONEMOS EN COMÚN sobre
la segunda parte de la ponencia de D. Fernando Sebastián:
2.1) Qué sugerencias, impresiones,…
aquello que más te ha llamado la atención, qué destacarías, alguna frase…
2.2) El ponente arranca en esta parte de
cómo se encuentra el hecho religioso entre nosotros: decaimiento
generalizado, ya non sirven –parece-los métodos tradicionales en la transmisión
de la fe, necesitamos un nuevo vigor apostólico. Por otro lado, nos encontramos
con un fuerte inmovilismo, se hacen las cosas de siempre y como
siempre, parece que la rutina se ha instalado y ha desaparecido la iniciativa y
la creatividad…
………¿cómo valoras esta visión?.............. ¿cuál es tu
respuesta a esta situación?
2.3) Ocho son los requisitos que
presenta el ponente para avanzar en el
apostolado seglar: ¿cuál de ellos te ha llamado más la atención?....
…. …. ¿cuál es el que más nos afecta, a nuestra tierra, hoy? desarrolla
tu opinión. …. …. …. ….
2.4)
Dentro de las implicaciones y consecuencias
de la vida cristiana (al final) ¿cuáles crees que tenemos que desarrollar
los laicos comprometidos de Palencia? señala dos actuaciones.
3º.- PROPUESTAS DE COMPROMISO
o conclusiones a las que llegamos después de las reflexiones anteriores.
4º.- Despedida: Oración del Congreso.
Ab Ab
Ab
EEE EEE Ab
Ab
EEE EEE Ab
Ab
Ab