CONCLUSIONES DE LOS TALLERES.-
Madrid, a 14 de
noviembre de 2004
Al
final de este Congreso presentamos las conclusiones elaboradas en los seis
talleres.
Sin
embargo lo primero que queremos resaltar es la limitación que supone el hecho
de reflejar solamente en cinco puntos por cada taller la riqueza y pluralidad
de percepciones, de vivencias y aportaciones que han ido apareciendo en los
grupos de trabajo. Por ello queremos destacar el buen hacer de los moderadores
y secretarios.
Estas
propuestas habremos de retomarlas para su discernimiento y concreción en cada
una de las diócesis, movimientos y asociaciones, lo que supone una tarea a
desarrollar a partir de ahora.
El
Congreso ha sido un momento importante de encuentro e impulso del Apostolado
Seglar, después de aquel gran acontecimiento que para la Iglesia Española
supuso la publicación de “Cristianos Laicos Iglesia en el Mundo”.
De
aquí queremos salir renovados en nuestro deseo de comunión y en la urgencia
de nuestra misión evangelizadora y el testimonio de esperanza que estamos
llamados a dar en la realidad del mundo de hoy.
TALLER
DE FAMILIA (Conclusiones)
1. Propiciar una formación coordinada
que abarque todo el proceso familiar desde el comienzo: infancia,
adolescencia, juventud, novios, madurez, mayores. Esta formación ha de darse
en el entorno parroquial y con el apoyo y colaboración de asociaciones y
movimientos eclesiales. Ha de atenderse a la realidad social que nos rodea,
diversa y diferente a la nuestra, en especial a esas otras familias que están
desestructuradas.
2. Unificar criterios y elaborar
mensajes que contrasten el efecto producido por la manipulación de lenguaje,
utilizando giros positivos sobre lo negativo, en especial los medios: ejemplo:
aborto?interrupción voluntaria del embarazo.
3. Impulsar la formación
prematrimonial como base del proyecto de familia cristiana. Debe ser más
profunda y debe conllevar un seguimiento posterior que haga realmente que se
desarrollen según el modelo de la familia de Nazaret y sean ejemplo para los
demás. Fomentar la oración familiar como fuente de la fuerza y unión a
Cristo.
4. Considerar el papel de los abuelos
en la transmisión de la fe en la familia y su participación activa en las
catequesis, crear una pastoral de mayores. Posibilidad de concienciar y exigir
a los poderes públicos, políticos y empresarios sobre la conciliación entre
el trabajo y familia mediante la adaptación de horarios, ayudas a las
familias, bajas maternales, etc.
5. Llevar nuestra opinión a la calle y
a los medios, dando testimonio de vida. No podemos quedarnos encerrados en
nuestras parroquias y en nosotros mismos.
TALLER DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN
(Conclusiones)
1. Potenciar que las Facultades de
Ciencias de la Información y la Comunicación dependientes de la Iglesia Católica
tengan un profesorado preparado que respete el ideario de la institución.
2. Elaborar una estrategia de activación
en dos sentidos:
- Que los obispos y delegados diocesanos cuiden la formación de periodistas
católicos.
- Fomentar la relación con informadores no afines al hecho religioso.
3. Apoyar a la Unión Católica de
Informadores y Periodistas de España (UCIP-E) que proclama y ratifica nuestra
doble vocación como cristianos y profesionales de la comunicación.
4. Responsabilizar a los católicos en
la colaboración económica con los medios de comunicación propios. Ejemplo:
apoyar el proyecto de Popular TV
5. Apoyar la creación de asociaciones
de usuarios de los Medios de Comunicación.
6. Participar en el Consejo Audiovisual
junto con los otros estamentos de la sociedad.
TALLER
DE JÓVENES (Conclusiones)
1. Trabajar mediante la pedagogía del
amor: Transmitir a los jóvenes el amor de Dios del que tenemos que ser
reflejo fidedigno, mediante presupuestos proposititos y no impositivos. La
evangelización de los Jóvenes antes que efectiva tiene que ser afectiva.
2. Apostar por una Pastoral de Jóvenes
que sea polimórfica, heterogénea y cotidiana: La realidad del mundo joven
abarca una amplia franja de edad y gran diversidad por lo que tenemos que
hetereogeneizar nuestros modelos y metodologías siendo creativos. Así mismo
debemos profundizar en una pastoral de lo cotidiano que contemple los grandes
actos extraordinarios enmarcados en un proceso continuado y progresivo.
3. Intensificar la formación de los
animadores: No se puede transmitir lo que no se ama y no se puede amar lo que
no se conoce. Debemos garantizar los procesos de formación de los animadores
y educadores y trabajar por el conocimiento de las diferentes formas y
metodologías de los distintas Delegaciones, Movimientos y Asociaciones, así
como por la profundización en el “Proyecto Marco de Pastoral Juvenil” y
diferentes materiales al respecto. Proponemos crear un Web que de cobertura a
esta propuesta.
4. Vivenciar una Espiritualidad
Encarnada: Que parta de la vida del joven para llegar otra vez a su vida,
trabajando con los instrumentos que nos sugiere el Proyecto Marco de Pastoral
Juvenil: Revisión de Vida, Plan Personal de Vida, Lectura Creyente, etc.,
esforzándonos por enlazar la Pastoral Sacramental con el mundo joven.
5. Conformar jóvenes testigos del
mundo y en el mundo: Apostando decididamente por el protagonismo del joven
inserto en sus ámbitos y ambientes, implicado en las estructuras que forman
parte de su vida cotidiana. Siendo testigos desde la sencillez, siendo santos
desde lo cotidiano como decía Pablo VI. Siendo “voz de los sin voz” y
optando siempre por los más desfavorecidos.
TALLER “FORMACIÓN DEL LAICADO”
(Conclusiones)
1. La formación del laicado debe ser
una formación vocacional. Ha de ayudar a descubrir y a madurar una vocación
de seguimiento de Jesúcristo. Se trata de promover desde la formación un
cristianismo vocacionalmente vivido, fundado en el encuentro con Dios, que
supere el divorcio entre la fe y la vida así como un cristianismo diluido y
gris. Se trata de despertar el gigante dormido. En segundo lugar la formación
del laicado ha de ayudar a asumir como propia la misión evangelizadora de la
Iglesia en el mundo en comunión y corresponsabilidad con los pastores. Tiene
una orientación hacia la acción, hacia la misión. Somos testigos de una
Esperanza para nuestros contemporáneos. En tercer lugar se trata de capacitar
a los laicos para asumir nuestras responsabilidades como ciudadanos y
ciudadanas cristianos en la vida familiar, laboral, en la vida pública y
también en la vida eclesial.
2. La formación ha de responder a los
desafíos que un mundo en transformación plantea a la Iglesia. En él hay
signos de los tiempos por los que nos habla el Espíritu. La mirada creyente
de nuestra realidad nos llama a una formación que debe responder a: la fe en
un mundo plural, a crecer en capacidad de diálogo y escucha, al diálogo
interreligioso, el papel de la mujer, el valor de la vida, la construcción de
la paz, el compromiso con el desarrollo, la perspectiva de los pobres y las víctimas,
y a fundar el sentido religioso de la vida.
3. La formación debe ser integral. Ha
de alcanzar nuestra cabeza –el pensamiento teológico-, nuestro corazón
–la espiritualidad- y nuestros brazos –la acción-. En estos procesos es
esencial la centralidad de la palabra de Dios y la eucaristía. Son principios
pedagógicos especialmente importantes la personalización, el acompañamiento
y la comunidad.
4. La formación del hombre y de la
mujer cristiana acontece en la Iglesia, en la comunidad de fe, en una tradición.
No es un proceso individual. Hay caminos diversos. El asociacionismo laical
representa una experiencia de formación de primer orden para promover un
laicado autónomo, adulto y corresponsable. Las asociaciones han de cuidar la
comunión.
5. Hay dos ámbitos específicos que
requieren una capacitación singular. Uno es el del ejercicio por el laicado
de responsabilidades pastorales, otro es el de la acción socio-política en
la vida pública, cultural, económica.
Esto se concreta en las siguientes
propuestas: relectura y evaluación del CLIM y del Documento Marco de Formación
de la CEAS en las diócesis; formación en la dimensión socio-política de la
fe; desarrollo de ministerios laicales, el papel de la mujer en la Iglesia, y
del Directorio del CLIM; banco de experiencias de formación en la web de la
Conferencia Episcopal.
TALLER
DE SOCIEDAD (Conclusiones)
1. Poner en el centro de nuestra vida
la Eucaristía y el Evangelio para conocer a Jesús y poder comunicar con
fidelidad su mensaje de salvación a todos los hombres y mujeres de nuestra
sociedad.
2. Profundizar en la comunión entre
las parroquias, asociaciones y movimientos con afecto fraterno y respeto a la
diversidad de carismas.
3. Diálogo con nuestra sociedad, un diálogo
abierto, sincero y constructivo que busca el bien común para hacer posible el
Reino de Dios en esta tierra.
4. Nuestra misión debe de nacer de la
conversión personal a partir del anuncio de la Palabra de Dios en nuestra
vida, y ha de tener como tarea prioritaria el anuncio de la Buena Noticia a
los pobres de esta tierra, para construir una Iglesia de todos y especialmente
de los más pobres.
5. Los cristianos debemos incrementar
nuestra presencia en la vida pública, una presencia que ha de ser como
levadura y asumiendo responsabilidades en las asociaciones, sindicatos,
partidos políticos, medios de comunicación, etc., desde la libertad y desde
el espíritu de las Bienaventuranzas.
TALLER
DE TRABAJO (Conclusiones)
1.
Para futuros congresos sería deseable tener en
cuenta
la pluralidad de la Iglesia; partir del trabajo ya realizado en el campo del
trabajo seglar, en todos los ámbitos de actuación.
2. Necesitamos un mayor conocimiento de
los distintos grupos, entidades y asociaciones que están trabajando en el
mundo de los profesionales cristianos, para analizar tanto las convergencias
como las distintas formas de trabajo.
3. Nos parece fundamental que toda la
Iglesia luche por la dignidad de la persona trabajadora; por el acogimiento de
los inmigrantes; por la promoción de los pobres; por la dignificación del
trabajo y de las condiciones laborales.
4. Debemos esforzarnos por aumentar la
difusión y el conocimiento de los documentos ya elaborados: Doctrina Social
de la Iglesia; Pastoral Obrera; Encíclicas; diversas asociaciones y grupos.
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
COMUNICADO FINAL del CONGRESO.-
Madrid, a 14 de noviembre de 2004.
Los participantes
en este Congreso de Apostolado Seglar, procedentes de todas las diócesis de
España y de las Asociaciones y Movimientos Eclesiales, queremos expresar en
primer lugar nuestra comunión en la fe de la Iglesia Católica y nuestra
adhesión y gratitud al Papa Juan Pablo II por su ministerio infatigable al
servicio de toda la Iglesia y su aliento a la fidelidad a la vocación y a la
misión de los fieles cristianos laicos.
En comunión con
nuestros Obispos, al finalizar este Congreso en el que hemos compartido
nuestra fe y nuestras preocupaciones, manifestamos nuestro deseo de ser
testigos de la esperanza que ha sido introducida en la historia por
Jesucristo, el Hijo de Dios.
Conmemoración del
Año de la Eucaristía y días en los que hemos sido llamados a redescubrir
las fuentes de las que brota la vida cristiana: el Bautismo que nos injerta en
el cuerpo de la Iglesia, la palabra de Dios que ilumina nuestra conciencia, la
Eucaristía que nos da alimento para el camino y el testimonio de la caridad
fraterna, signo de la misericordia y el perdón de Dios.
Sólo la santidad,
que es el nombre de la humanidad transformada por Jesucristo, puede ofrecer a
los hombres y mujeres de nuestro tiempo, una respuesta a la altura de sus
verdaderas necesidades.
Nos sentimos
enviados a la misión, que consiste en comunicar la vida nueva de Jesucristo,
presente en la comunión de la Iglesia, allí donde se desarrolla la vida de
nuestros hermanos los hombres. Somos conscientes de que a pesar de la
marginación social y cultural que tantas veces sufre la fe en nuestra
sociedad, la espera del anuncio cristiano sigue viva entre nuestros contemporáneos.
En este Congreso
hemos tomado conciencia del momento histórico que vivimos, marcado por el
alejamiento de Dios y el relativismo moral que provocan un verdadero daño.
Sin embargo, las
dificultades del momento presente no nos asustan, sino que despiertan aún más
nuestro deseo de salir al encuentro de todos los hombres con la propuesta de
la vida cristiana.
Durante este
Congreso hemos abordado los diferentes campos en los que se hace urgente una
renovada presencia cristiana.
— Los jóvenes,
con sus aspiraciones, búsqueda y frustraciones, siempre abiertos al encuentro
sencillo y luminoso con Jesucristo, el único que sabe hablarles al corazón.
— La familia,
basada en el matrimonio entre hombre y mujer, y abierta a la vida, que precisa
junto a la adecuada tutela legal, el alimento del Evangelio para sostenerse en
su misión.
— Nuestra
sociedad con sus diferentes areópagos, que necesita la sabia de la vida
cristiana para no perderse en la confusión y el sinsentido.
— El mundo económico
y laboral, afectado por transformaciones profundas y por una mentalidad
economicista, que demanda una nueva experiencia de la dignidad y el
significado del trabajo humano.
— Los medios de
comunicación, forjadores de la mentalidad y la cultura, en los que es preciso
hacer oír la voz plena de humanidad de la experiencia cristiana.
Para responder a
estos desafíos, los fieles laicos necesitamos vivir en la comunión de la
Iglesia, alimentados por la enseñanza de sus pastores y sostenidos por el
testimonio de la santidad de sus mejores hijos.
A María, Madre de
Cristo y de la Iglesia de la cual en este año celebramos el 150 aniversario
de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, encomendamos los
frutos de este Congreso para que se manifiesten en una renovada presencia de
la fe cristiana en este momento esperanzador de nuestra historia.
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