Jueves, 18 Junio 2020 18:02

Celebrando la Palabra - XII del Tiempo Ordinario (21 de junio)

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Material para el Animador de la Palabra.

Celebración del XII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A - 21 de junio de 2020.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos colocar, en un lugar visible, un cartel con una de estas frases: “La fe es para atrevidos” o “Evangelizar es de arriesgados”

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición. El Testimonio es el valor que está de fondo en la celebración de hoy. Para estímulo de todos, y más en estos tiempos que corren, hay que reconocer que en la sociedad hay mucha gente de bien que entusiasma e impulsa a vivir. El mundo no podría subsistir humanamente sin los testigos, sin esos profetas de la verdad, de la belleza, la responsabilidad y la esperanza. Animados por ellos y en comunión con Jesús el testigo fiel, celebremos este encuentro.

Canto

Saludo. Hermanos y hermanas, bendigamos a Dios, que nos quiere entrañablemente.

Acto penitencial

Tú, que nos amas y nos educas: Señor, ten piedad.

Tú, que has dado la vida en rescate por todos: Cristo, ten piedad.

Tú, que estás siempre a nuestro favor: Señor, ten piedad.

Gloria

Oración

Concédenos tener siempre, Señor, respeto y amor a tu santo nombre, porque jamás dejas de acompañar a quienes desean de corazón vivir según las enseñanzas del Evangelio. Por J.N.S. Amén. 

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas.  Mantener el testimonio es una muestra extraordinaria de gran personalidad. Y cuando se consigue a pesar de las dificultades y zancadillas, la valentía que se demuestra es aún mayor. El Evangelio recoge la invitación a ser testigos a pesar de todo lo que venga. Para ello Jesús nos asegura su compañía y fortaleza.

Lecturas.  Jr 20,10-13. Salmo o canto. Rm 5,12-15. Aclamación, (pude ser Aleluya) Mt 10,26-33. Breve silencio.

Comentario homilético. Ser persona es un duro oficio que en todo momento causa sudores. En este duro oficio, para el que no existe jubilación, la experiencia religiosa y sobre todo Evangélica, sirven de mucho: “El Señor está conmigo como fuerte soldado”, decía Jeremías. A Él como a nosotros le cuesta mucho la fidelidad. Nacemos y vivimos en un mundo complejo, con muchas formas de engaño. Nos atrae la personalidad de Jesús y su mensaje...Pero nos seduce muchas veces el ambiente contrario al Evangelio. La fidelidad solo se va logrando con criterios fuertes y con equilibrio interior. Ésta es una motivación que nos propone hoy el Evangelio.

La otra es el testimonio, algo ineludible en el vivir cristiano. Una testigo sobresaliente de nuestro tiempo, Madre Teresa de Calcuta, decía de sí misma: “El día en que Dios encuentre a alguien más tonta y pobre que yo, hará aún cosas mejores”. O, como decía un amigo: Dichosos los que se ríen de sí mismos, porque nunca se les acabará la diversión”. Ciertamente, para ser un buen testigo, además de coraje y de riesgo, hace falta una buena dosis de humor...

Hay cristianos que tienen vergüenza de manifestar socialmente su fe o su pertenencia a la Iglesia. Como hay quien dice que la religión no da imagen social y otros la desprestigian o la reducen a lo privado, otros tienen miedo al ridículo... Seguramente que ni el Reino de Dios ni el Evangelio les escuecen por dentro.

Jesús nos dice con toda claridad: por ningún concepto, ni siquiera por miedo, debemos renunciar al Evangelio ni ser infieles a la misión. Y añade palabras de aliento: El Padre, a quien no se le escapa el vuelo de un ave ni la caída de un cabello, vela por vosotros. No tengáis miedo; Él cuida vuestra vida; la vida profunda, autentica, nadie os la puede arrancar.

Por tanto, marginar el Evangelio sería privar a la historia de su mejor don y empobrecerla radicalmente. Ningún otro fermento es tan sano, revolucionario y humanizador. En todos los momentos de la historia los testigos son necesarios para la salud de la sociedad y de la Iglesia. (Silencio de interiorización)

Credo

Oración de los fieles.

Oremos por todos los hombres y mujeres de buena voluntad, creyentes o no, para que su honradez y su responsabilidad sean fuente de buen ejemplo. Roguemos al Señor.

Oremos por la Iglesia, para que manifieste siempre y oportunamente los valores del Evangelio. Roguemos al Señor

Oremos por cuantos tienen miedo o vergüenza de ser testigos del Evangelio. Roguemos al Señor.

Oremos por esta comunidad Cristiana, para que expresemos siempre con nuestra vida lo bello de la sensibilidad cristiana. Roguemos al Señor.

 

4. RITO DE LA COMUNIÓN

 

Monición.  Dios es amor. no tengáis miedo a arriesgar por el Evangelio. Muchos lo hacen a diario fortalecidos por el Espíritu. Que la comunión con Jesús nos ayude.

Canto

Introducción al Padre nuestro.

Dios nuestro, bendito seas.
Te admiramos porque tus bendiciones no cesan.

Juegas con nosotros la baza del amor
convencido de que ganas la partida.

Ejercitas la misericordia hasta el extremo
porque sondeas y conoces lo íntimo de cada corazón.

Nos sorprende cómo tejes día a día nuestra existencia
y cuanto confías en nosotros.

En todo llevas la iniciativa.
Nos incitas a dar la cara como testigos
y nos consuelas con palabras de confianza:
“No tengáis miedo..., no pueden matar la Vida autentica”.

Delante nos colocas el ejemplo de Jesús:
encaró todos los riesgos;
por eso estás orgulloso de Él.

Padre, nuestras aspiraciones son grandes:
crecen en la fe, al calor de tu Espíritu,
y se robustecen cuando nos reunimos en tu nombre.

Sabes que hemos tomado partido por Ti.
Acepta nuestros propósitos de fidelidad
aunque se debiliten alguna vez por el pecado.

Con la cruz y la resurrección como señales
te decimos: Padre nuestro...

Gesto de la paz

Distribución de la comunión: canto

Acción de gracias (se invita a uno o dos testigos a dar gracias públicamente por la fe, la comunidad, la fraternidad...)

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso.  Evangelizar sin miedo al ridículo, y asumiendo todos los riesgos.

Bendición

Monición final.  Es más fácil proclamar o escuchar la Palabra de Dios dentro de nuestras iglesias que testimoniarla delante de la gente, en la vida del trabajo, o en la relación con los vecinos.

Sin embargo, el Señor nos anima a ser evangelios vivos. Recordemos sus palabras: “NO TENGÁIS MIEDO... lo que os digo de noche, decidlo a pleno día; y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea”. Salgamos ahora a la vida de cada día convencidos del valor del testimonio. El Señor nos acompaña. Buena semana para todas y todos.

Canto final y despedida.

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