Miércoles, 28 de Junio de 2017
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    Catedral

  • Colegiata de San Miguel
    Aguilar

    Barrio Santa María

    Colmenares de Ojeda

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    Virgen del Brezo

     

    Pisón de Castrejón

  • Iglesia de Santiago
    Carrión

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    Villalcazar de Sirga

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    El Cristo del Otero

     

    Iglesia de San Miguel

Caminamos hacia el Domingo

XII Domingo del Tiempo Ordinario
25 de junio de 2017

 

 

Jer 20, 10-13. Libera la vida del pobre de las manos de gente perversa.

Sal 68. Señor, que me escuche tu gran bondad.

Rom 5, 12-15. No hay proporción entre el delito y el don.

Mt 10, 26-33. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo.

 

 

No les tengáis miedo, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse. Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones. A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos.

 

 

 

NO TENGAIS MIEDO

 

Después de escoger a los Doce apóstoles y de enviarlos a proclamar el Reino de Dios, Jesús les advierte de las amenazas y de las persecuciones de los hombres: “mirad que os envío como ovejas en medio de lobos; os perseguirán, os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas... Si lo han hecho conmigo, también lo harán con vosotros”. Ser fiel al Evangelio, seguir de verdad y con todas las consecuencias a Jesús, lleva consigo, muchas veces, rechazo, oposición y persecución. Fue así entonces, y sigue siendo así ahora. Eso no nos debe sorprender, atemorizar o acobardar.

 

La palabra que hoy nos dirige Jesús es alentadora y cargada de confianza: “no tengáis miedo... vuestro Padre se preocupa de vosotros”. La Iglesia y cada uno de nosotros necesitamos escuchar una vez más este mensaje que aligera nuestra carga.

 

Sin embargo “no tener miedo” no puede confundirse con la postura de aquellos cristianos que no tienen pudor alguno y levantan el Evangelio como arma arrojadiza. El Evangelio no se puede escupir al otro, ni se debe hacer un alarde irracional de él, ni presentarlo con presunción, altanería y orgullo. El anuncio del Evangelio es un servicio y su obra es un acto generoso de amor. Es un don gratuito que, gratuitamente, hemos de comunicar.

 

¡No tengamos miedo! A pesar de nuestra debilidad y de la pobreza de nuestra fe, a pesar de la adversidad y de que los demás nos tengan por ridículos ¡no nos encojamos! Aunque el Evangelio cause marginación, incomprensión, desprestigio, ¡no renunciemos a proclamarlo! Si es el Evangelio lo que anunciamos y lo que vivimos, ¡no hay tarea más importante y decisiva que realizar en el mundo!

 

Autor del comentario: Juan de Dios Tamayo
(Sacerdote diocesano de Palencia)

 

 

 

SEÑOR, QUE ME ESCUCHE TU GRAN BONDAD

 

Pero mi oración se dirige a ti,
Señor, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude:
arráncame del cieno, que no me hunda;
líbrame de los que me aborrecen,
y de las aguas sin fondo.

Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el torbellino,
que no se cierre la poza sobre mí.

Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí;
no escondas tu rostro a tu siervo:
estoy en peligro, respóndeme enseguida.

Acércate a mí, rescátame,
líbrame de mis enemigos.

 

 

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LECTURAS PARA LA SEMANA

 

 

LUNES, 26 DE JUNIO

 

Gén 12, 1-9. Abrán marchó, como le había dicho el Señor.

Sal 32. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

Mt 7, 1-5. Sácate primero la viga del ojo.

 

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.

 

 

MARTES, 27 DE JUNIO

 

Gén 13, 2. 5-18. No haya disputas entre nosotros dos, pues somos hermanos.

Sal 14. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

Mt 7, 6. 12-14. Lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo con ellos.

 

No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros.

 

Así, pues, todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella; pues esta es la Ley y los Profetas.

 

Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.

 

 

MIÉRCOLES, 28 DE JUNIO

 

Gén 15, 1-12. 17-18. Abrahán creyó a Dios y le fue contado como justicia; y el Señor concertó alianza con él.

Sal 104. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.

Mt 7, 15-20. Por sus frutos los conoceréis.

 

Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Así, todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis.

 

 

JUEVES, 29 DE JUNIO. SANTOS PEDRO Y PABLO

 

Hch 12, 1-11. Ahora sé realmente que el Señor me ha librado de las manos de Herodes.

Sal 33. El Señor me libró de todas mis ansias.

2 Tim 4, 6-8. 17-18. Me está reservada la corona de la justicia.

Mt 16, 13-19. Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos.

 

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».

 

Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

 

 

VIERNES, 30 DE JUNIO

 

Gén 17, 1. 9-10. 15-22. Sea circuncidado todo varón como señal de la alianza. Sara te va a dar un hijo.

Sal 127. Esta es la bendición del hombre que teme al Señor.

Mt 8, 1-4. Si quieres, puedes limpiarme.

 

Al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente. En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Extendió la mano y lo tocó diciendo: «¡Quiero, queda limpio!». Y enseguida quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».

 

 

SÁBADO, 1 DE JULIO

 

Gén 18, 1-15. ¿Hay algo demasiado difícil para el Señor? Cuando vuelva a visitarte, Sara habrá tenido un hijo.

Salmo: Lc 1, 46-55. El Señor se acuerda de su misericordia.

Mt 8, 5-17. Vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob.

 

Al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho». Le contestó: «Voy yo a curarlo». Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace». Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los hijos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes». Y dijo Jesús al centurión: «Vete; que te suceda según has creído». Y en aquel momento se puso bueno el criado.

 

Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a su suegra en cama con fiebre; le tocó su mano y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirle. Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades».