Sábado, 25 de Mayo de 2013
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    Catedral

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¿EL SER ABSOLUTO ES EL UNIVERSO?

De la admisión de un ser necesario o realidad absoluta, que tenga en sí misma la razón de su propia existencia, no se sigue, sin más, que estemos hablando de Dios o de alguna realidad trascendente al mundo. Hasta aquí también pueden asentir los ateos, así como los que defienden un monismo panteísta, como en el hinduismo, o los partidarios del materialismo dialéctico marxista.

Dados los conocimientos científicos actuales, no es probable que nadie se atreva a identificar el ser necesario con alguna realidad concreta del mundo. Recordemos que el ser necesario es aquél que es fundamento de su ser y razón de la existencia de todo lo demás. Ni los minerales, ni ningún ser viviente, ni el ser humano, nada de lo que tenemos experiencia sobre la tierra, puede ser el absoluto que buscamos. Tampoco los astros lo pueden ser. Hoy conocemos bien su composición y su origen en el tiempo. Todo nace y todo perece. El ser absoluto no puede ser ninguna cosa particular de este mundo.

Ahora bien, se ha dado en la historia del pensamiento una tradición que identifica el ser absoluto con la realidad toda del mundo, es decir, con el mundo como totalidad. El universo como un todoes el ser necesario. Esta doctrina metafísica cuenta ciertamente con una larga tradición en las filosofías y teosofías de la historia del pensamiento humano, occidental y oriental.

La materia-energía del universo, en esta perspectiva, es autosuficiente, eterna, increada, imperecedera, capaz de producir por sí sóla la vida y, además, el pensamiento y la libertad en el ser humano. En definitiva, es capaz de dar razón del ser de toda la realidad y de todos los procesos que ocurren en ella desde toda la eternidad.Esta solapada “divinización del universo” es una actitud intelectual ampliamente extendida en nuestro mundo contemporáneo. Se intenta negar una realidad trascendente atribuyendo a la materia-energía propiedades semejantes a las que los teólogos atribuyen al Dios de las religiones monoteístas. Y así puede explicarse la existencia del mundo y la complejidad de la realidad existente, sin recurrir a algo distinto de la materia.

 Pero, cada vez más, a medida que progresan nuestros conocimientos científicos acerca del universo, no se ve cómo poder “divinizar” los electrones y protones, ni los átomos de hidrógeno y de helio. Antiguamente se podía atribuir a la materia propiedades tan extraordinarias porque no se la conocía bien. Actualmente, y cuanto más la conocemos a través de las ciencias naturales, menos se advierte cómo podríamos prestarle los atributos de ser absoluto, necesario, eterno, autosuficiente, capaz de crear por sí sola la vida y el pensamiento.

Admitir esta metafísica materialista es una opción intelectual posible, pero lleva consigo la aceptación de afirmaciones no avaladas seriamente por ningún tipo de razones, ni científicas ni filosóficas. Se trata de  una fe filosófica últimamente infundada.