Miércoles, 19 de Junio de 2013
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    Catedral

  • Colegiata de San Miguel
    Aguilar

    Barrio Santa María

    Colmenares de Ojeda

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    Virgen del Brezo

     

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    Virgen Blanca
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    Iglesia de San Miguel

EL ATEISMO CONTEMPORÁNEO

En nuestro tiempo, la existencia de lo divino y, consiguientemente, el valor de verdad de la religión, es negado por ciertos sectores de la sociedad occidental: es el fenómeno del ateísmo. Al estudio y discusión de este fenómeno de nuestra cultura hemos de dedicar algunos artículos.

El ateísmo contemporáneo no consiste solamente en una negación de Dios  sino que constituye una actitud global frente a la existencia que impregna todos los sectores tanto de la vida individual como social: filosofía, moral, ciencia, arte, literatura, historia, política, economía, derecho, etc. En este sentido, el ateísmo actual no constituye una moda pasajera, sino una nueva situación de la historia de la humanidad, que marca profundamente la vida de muchos hombres en el tiempo presente.

Nuestra civilización occidental moderna está caracterizada por unos profundos y rápidos cambios en el modo de pensar y de vivir, como consecuencia del rápido desarrollo de las ciencias, tanto físico-matemáticas como las llamadas humanas, del progreso de la técnica en todos los campos de la vida del hombre, de la aparición de los movimientos de emancipación política y social y de la transformación de la situación religiosa de los pueblos por la difusión del proceso de secularización. El ateísmo se percibe muchas veces como solidario de este vasto movimiento de modernización y como desembocadura lógica del pensamiento moderno.

El ateísmo occidental se presenta como una crítica a la religión cristiana. Constituye así un fenómeno post-religioso, en donde las viejas creencias y valores de la tradición cristiana son sustituidos por nuevas visiones del mundo y por nuevas formas de comportamiento. No sólo se niega al Dios cristiano, sino que se descalifica la forma cristiana de vivir, considerándola como algo irrelevante para la vida moderna.

El concilio Vaticano II llamó la atención sobre esta realidad, considerándola como “uno de los fenómenos más graves de nuestro tiempo”. Entre las distintas formas de ateísmo que se dan actualmente, el concilio se detuvo particularmente en dos: la primera es aquella que ve una incompatibilidad entre la libertad y la dignidad del hombre y la fe en Dios. El afán de autonomía del ser humano no puede aceptar a nadie por encima de él, consiguientemente Dios se presenta como un adversario a eliminar. La segunda forma piensa que existe una incompatibilidad entre los esfuerzos por lograr una liberación económica y social y la fe en Dios, por considerar que ésta hace soñar en un más allá ficticio, que resta energías para transformar la sociedad injusta.

Frente al ateísmo contemporáneo la Iglesia proclama con  energía: “Todo hombre resulta para sí mismo un problema no resuelto, percibido con cierta oscuridad. Nadie en ciertos momentos, sobre todo en los acontecimientos más importantes de la vida, puede huir del todo del interrogante referido. A este problema sólo Dios da respuesta plena y totalmente cierta... Su mensaje, lejos de empequeñecer al hombre, difunde luz, vida y libertad para el progreso humano” (Vaticano II, G.S. 19).

De ahí la certera afirmación del filósofo italiano Cornelio Fabro de que esta civilización moderna, marcada por el olvido de Dios, “hace al hombre extraño a sí mismo... La existencia de Dios es el problema de los problemas; es la conclusión de toda filosofía y del conocimiento humano no sólo común, sino científico, pues de él depende la orientación definitiva que el hombre ha de dar a su conducta y a su vida entera”.