Miércoles, 19 de Junio de 2013
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    Catedral

  • Colegiata de San Miguel
    Aguilar

    Barrio Santa María

    Colmenares de Ojeda

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    Virgen del Brezo

     

    Pisón de Castrejón

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    Carrión

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    Virgen Blanca
    Villalcazar de Sirga

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    El Cristo del Otero

     

    Iglesia de San Miguel

LO QUE NO ES LA RELIGION

No todo lo relacionado con el sentido último de la vida o con el fundamento de la conducta humana es la religión, aunque frecuentemente se confunda. La complejidad del fenómeno religioso hace difícil en ocasiones trazar una línea clara de separación entre lo que es religión y aquellas otras realidades que, aun teniendo apariencias religiosas, no pueden ser consideradas como tales.

En primer lugar, la religión no es meramente una búsqueda de la sabiduría. A lo largo de la historia, la religión se ha identificado en ocasiones con la búsqueda de la verdad. Tradiciones indudablemente religiosas, como el hinduísmo de los Upanishads, han mezclado frecuentemente actitudes propias de la religión con especulaciones filosóficas. Y en nuestro tiempo, gran cantidad de sectas y movimientos de origen gnóstico aparecen como grupos religiosos predicando un conocimiento filosófico, capaz no obstante de salvar al hombre. Incluso esa forma de espiritualidad, tan de moda en nuestro tiempo, la llamada New Age (Nueva Era), puede clasificarse en la categoría de movimientos que buscan la salvación en el conocimiento de la profunda unidad del hombre con el cosmos.

En segundo lugar, se da también un intento de identificar la experiencia religiosa con la conducta moral. Como expresión más clara de este planteamiento, el filósofo alemán Manuel Kant afirma que la fe racional coincide con la moralidad, es decir, que la vida religiosa no es más que cumplir con la norma moral, que el mismo hombre encuentra dentro de sí. Todo lo demás, como la creencia en unos dogmas, el culto divino, la oración, la vida eclesial etc., no son sino ilusiones religiosas, una forma equivocada de entender el servicio a Dios. Pero, no es necesario recurrir a los grandes pensadores para hallar indicios de esta misma actitud. Frecuentemente oímos en la gente expresiones como las siguientes: “lo importante es ser bueno; el ir a misa es algo secundario”; “es muy buen cristiano, nunca hace mal a nadie”; “lo fundamental del cristiano es el compromiso”… Aunque no se tiene una clara conciencia de ello, debajo de estas expresiones hay una reducción de la religión al mero comportamiento moral, que constituye un componente  imprescindible de la religión, pero que, en modo alguno, puede limitarse a él.

Finalmente, la religión no es magia. La magia es un intento de relacionarse con los poderes misteriosos que, según se piensa, gobiernan el mundo y el hombre, sometiéndolos a través de unos ritos especiales, de la repetición de unos conjuros o bien por el contacto con cosas o seres vivos según fórmulas misteriosas.

Aunque la religión y la magia quieren relacionarse con los poderes supramundanos, la forma como lo hacen se distingue radicalmente. En la magia es fundamental la voluntad de doblegar a las fuerzas sobrenaturales, a fin de hacerlas producir el efecto deseado. El mago quiere dominar con sus conjuros y sus ritos las potencias divinas; el hombre religioso invoca a la divinidad, confiando en que se digne concederle el favor solicitado.

Además, la magia está encaminada siempre a conseguir una finalidad eminentemente práctica: busca el provecho personal o colectivo de quien la practica. La religión, aunque también puede en determinados momentos pedir favores a la divinidad, se caracteriza por su actitud de alabanza, de acción de gracias y de entrega amorosa y desinteresada a lo divino. Ahí radica la diferencia fundamental entre ambas actitudes.