Descargar Contenido
Descargar Power Point
Descargar Audio en MP3
1. EL CONTENIDO CENTRAL DEL ACTO DE FE.
● El elemento central de la fe en el A.T. es Yahvé, el Dios único y salvador, que quiere establecer una Alianza con su pueblo. De este núcleo central se derivan la confianza en sus promesas y la obediencia a sus mandatos.
● En el N.T. el contenido central de la fe es Cristo, Hijo de Dios hecho hombre y salvador del mundo. Cualquiera que sea su contenido concreto, todo acto de fe tiene como término final el misterio mismo de Cristo: su persona, su mensaje, su muerte y resurrección.
● El contenido central de la fe se fue desarrollando cada vez más en el correr de los siglos, ampliando detalles concretos o sacando consecuencias. Esto se debió tanto a la reflexión teológica como a la defensa de la fe contra las herejías.
2. LA TRADICIÓN APOSTÓLICA.
● El cristianismo se funda sobre un hecho histórico: la vida, la enseñanza y la muerte de Jesús de Nazaret y la fe de los apóstoles en su resurrección. Ellos, por encargo del mismo Jesús, dieron testimonio de lo que habían visto y oído. Su predicación constituye la norma de fe permanente para la Iglesia de todos los tiempos.
● La comunidad creyente de los apóstoles es el vínculo decisivo entre el acontecimiento revelador de Cristo y la humanidad a la que este acontecimiento está destinado. No hay otro acceso a la revelación definitiva de Dios.
● La tradición que viene de los apóstoles está formada por su predicación; comprende, además, modelos y estilos de vida cristiana, instituciones y tradiciones litúrgicas.
● La primera predicación apostólica fue exclusivamente oral. Pero, luego, los mismos apóstoles y otros creyentes de la generación apostólica fueron poniendo por escrito lo que habían recibido de Cristo, formando así los libros del Nuevo Testamento.
3. LA SAGRADA ESCRITURA.
● La Iglesia apostólica, siguiendo la enseñanza de Jesucristo, vio que el Antiguo Testamento quedaba cumplido en el Nuevo y lo admitió, por tanto, como Sagrada Escritura. El Antiguo Testamento contiene la promesa de Jesucristo y de su salvación y el Nuevo Testamento el cumplimiento de la misma. Ambos Testamentos forman la Biblia.
● La Biblia puede considerarse como verdadera palabra humana. Cada uno de los libros sagrados tiene a hombres como autores. Hombres de muy distintas épocas y mentalidades. Todos ellos han expresado el mensaje que querían transmitir en el lenguaje de su tiempo, de acuerdo con unos “géneros literarios” entonces usuales.
● Pero la Biblia ha de considerarse también como verdadera palabra de Dios. En efecto, “las verdades reveladas por Dios, que se contienen y se manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo” (DV 11). En este sentido tienen a Dios por autor principal. Véase 2Pe 1, 19-21.
● A fin de entender un lenguaje humano que a la vez es Palabra de Dios, los teólogos han recurrido a diversos símbolos: el instrumento musical, el dictado del contenido de una carta al escribano o el mensajero que transmite un mensaje anteriormente recibido.
● “Como todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirman debe tenerse como afirmado por el Espíritu Santo, hay que confesar que los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las sagradas letras para nuestra salvación” (DV 11).
4. REVELACIÓN E IGLESIA.
● “La predicación apostólica, que está expuesta de un modo especial en los libros inspirados, debía conservarse de un modo especial hasta el fin de los tiempos por una sucesión continua... Esta Tradición, que deriva de los apóstoles, progresa en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo, puesto que va creciendo en la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas” (DV 8).
● La tradición eclesial nos ha transmitido la Escritura en cuanto tal (el canon de los libros inspirados) y constantemente la interpreta, la actualiza y desarrolla en sus implicaciones.
● Los Padres de la Iglesia han desempeñado un papel importante en la transmisión eclesial de la Palabra de Dios. Entre todos ellos destacan por su importancia los cuatro grandes Padres occidentales: S. Ambrosio, S. Jerónimo, S. Agustín y S. Gregorio Magno, y los doctores orientales: S. Basilio, S. Gregorio Nacianceno y S.J. Crisóstomo.
● La tarea que los Padres de la Iglesia llevaron a cabo como transmisores de la revelación divina no se redujo a los primeros siglos. Su herencia fue recogida por los pensadores que designamos con el nombre de teólogos. Su unanimidad en la enseñanza de una doctrina se considera un criterio cierto de fe de la Iglesia.
● La revelación se transmite a través de todo el pueblo de Dios. El pueblo cristiano transmite la revelación mediante formas muy diversas: enseñanza a los hijos, testimonio en el mundo, vivencias de los santos, en la confesión del martirio, etc. De manera especial, la fe se transmite en la celebración litúrgica y también en las diversas formas del arte cristiano.
● Por voluntad del Señor, los pastores de la Iglesia ejercen un magisterio o enseñanza oficial, como un servicio que hace posible a los creyentes mantener su adhesión indefectible a la fe recibida. En la Iglesia, el Papa y los Obispos ejercen el magisterio. Ellos son los auténticos maestros de la fe.
● La Iglesia recibe de Dios la facultad por la que no puede equivocarse al profesar la fe recibida. Esta facultad concedida por Dios a su Iglesia para que, con la asistencia del Espíritu Santo, no pueda equivocarse al profesar la verdad revelada se llama infalibilidad. Véase Mt 16, 18.
● Son sujetos de esta infalibilidad el magisterio ordinario universal de los Obispos, las definiciones solemnes del Concilio ecuménico y cuando el Papa, por razón de su oficio de Pastor y Maestro de todos los creyentes, define una verdad referente a la fe o la vida cristiana. Véase Const. sobre la Iglesia, n. 25.
● Los dogmas no son un añadido al Evangelio, ni tampoco una nueva revelación, sino una interpretación oficial y obligatoria para toda la Iglesia de la revelación única, que ha sido promulgada de una vez para siempre. Se cree en los dogmas como forma concreta en la que se transmite el contenido único de la fe revelada.
5. FE PERSONAL E IGLESIA.
● Cuando el cristiano dice “yo creo” es lo mismo que decir: “yo me adhiero a la fe común de la Iglesia”; o, dicho de otro modo, es lo mismo que incorporarse a la Tradición viva de la fe que surge de Cristo y llega hasta nosotros en la vida comunitaria de la Iglesia.
● Este carácter eclesial de la fe tiene que ser hoy comprendido y vivido con una intensidad particular, porque no es infrecuente que, bien individualmente o en pequeños grupos aislados, pretendan algunos encontrarse con Cristo fuera de la Tradición viva de la gran Iglesia.
LECTURAS COMPLEMENTARIAS
- Catecismo de la Iglesia Católica, n. 50-141.
- Catecismo Esta es nuestra fe, págs. 100-107.
- Constitución del Vat. II sobre la Divina Revelación (DV) n. 7-13.