Sábado, 27 de Mayo de 2017
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Caminamos hacia el Domingo

VI Domingo de Pascua
21 de mayo de 2017

 

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Hch 8, 5-8. 14-17. Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Sal 65. Aclamad al Señor, tierra entera.

1 Pe 3, 15-18. Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu.

Jn 14, 15-21. Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito.

 

 

 

Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él.

 

 

UNIDOS PARA SIEMPRE

 

Jesús se sigue despidiendo de los suyos y les habla, a la vez, de seguir unidos cuando él se vaya al Padre. Celebrar la Pascua es algo más que alegrarnos por la resurrección de Jesús. El Resucitado nos invita hoy a una comunión vital, a un admirable intercambio de unidad y de amor entre el Padre que le ha enviado, entre él mismo y sus seguidores: «yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros». Pero ¿cómo mantenernos unidos a Jesús, entre nosotros y con el Padre, si él se va? El Evangelio de hoy nos da una doble respuesta: unidos a través del Espíritu Santo y a través del amor.

 

El gran don y la gran presencia que Jesús nos dejó fue precisamente el Espíritu Santo: «Yo pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad». Aunque Jesús se vaya, no estarán huérfanos de él; el vacío dejado por su presencia física será llenado por la presencia íntima y misteriosa del Paráclito. El Espíritu Santo les ayudará a los apóstoles, y nos ayuda hoy a nosotros, a entender y a realizar la misión que Jesús nos ha confiado. Sin el Espíritu Santo en la Iglesia, en las distintas comunidades y en los mismos cristianos, no es posible conocer ni profundizar en la persona y en la obra de Jesús; ni tampoco darle a conocer a los demás.

 

Y también hoy podemos seguir unidos a Cristo, entre nosotros y con el Padre, a través del amor: «si me amáis guardaréis mis mandamientos; el que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre y yo también lo amaré». El amor de Dios y el amor a Dios y a los hermanos es lo que nos puede mantener íntimamente unidos. El amor es la mejor medida de nuestra unión con Cristo. El que no ama, no puede permanecer unido a él.

 

 

 

ACLAMAD AL SEÑOR, TIERRA ENTERA

 

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.

Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras,
por tu inmenso poder tus enemigos te adulan!».

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.

Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres:
transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos en él.

Con su poder gobierna eternamente;
sus ojos vigilan a los pueblos,
para que no se subleven los rebeldes.