Domingo, 30 de Abril de 2017
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Caminamos hacia el Domingo

I Domingo de Cuaresma
5 de marzo de 2017

 

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Gén 2, 7-9; 3, 1-7. Creación y pecado de los primeros padres.

Sal 50. Misericordia, Señor, hemos pecado.

Rom 5, 12-19. Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.

Mt 4, 1-11. Jesús ayuna cuarenta días y es tentado.

 

 

 

Entonces Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”». Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”». Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

 

 

Despiertos para no caer en la tentación

 

Hemos comenzado el camino de la cuaresma que nos lleva a la meta del misterio pascual de Cristo. En el pórtico de este tiempo litúrgico, como todos los años, el Evangelio de las tentaciones. No está mal comenzar el camino recordando que estamos constantemente avasallados, desde dentro y desde fuera de nosotros, por mil llamadas y mil reclamos, a pararnos, a abandonar el camino, a no reconocer nuestra condición de hijos y de hermanos, a poner nuestra confianza y nuestra seguridad en falsos dioses, a vivir más preocupados por el tener que por el ser, por el poder que por el servir...

 

Estas tentaciones nos recuerdan a Adán, el hombre que es tentado y sucumbe, y a Jesús, que también sufrió la tentación al principio y a lo largo de su ministerio público, aunque siguiera el camino inverso: Cristo, el nuevo Adán, es fiel a la voluntad de Dios y sale victorioso de la prueba. La tentación es compañera del que quiere plantearse la vida desde Dios, del que busca vivir en fidelidad, del que está dispuesto a seguir hasta el final.

 

La página de las tentaciones nos ayuda hoy a plantearnos con seriedad el sentido de la vida, a escuchar con más sinceridad la llamada de nuestra conciencia cristiana y a esforzarnos por convertirnos al Evangelio. Conviene que, al empezar la cuaresma, nos preguntemos una vez más: ¿Nos estamos convirtiendo o nos limitamos a hablar de conversión? ¿Vivimos siguiendo a Jesús o nos limitamos a creer en Él, para continuar recorriendo nuestros caminos de siempre? ¿Amamos o nos limitamos a creer en el amor, sin dejar de ser los viejos egoístas que nunca cambian? Quizá la gran tentación que nos acecha sea la de la rutina y el conformismo, que nos hace estar cómodos en nuestra mediocridad y no nos deja abrirnos a la novedad radical del Evangelio.

 

 

 

MISERICORDIA, SEÑOR, HEMOS PECADO

 

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.

Contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad en tu presencia.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.