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1. LA PRETENSIÓN DE JESÚS
● Jesús en persona fue signo de contradicción. Toda su conducta comporta unas pretensiones superiores a las de cualquier rabino o profeta. Al hablar, se pone por encima incluso de Moisés, detrás de cuya palabra está la del mismo Dios. El “pero yo os digo...” (Mt 5, 22.28.32.34.39) descubre su pretensión de ser la voz misma de Dios.
● Jesús se consideró siempre como el representante terreno del acontecimiento divino del reino. El reinado de Dios estaba, pues, estrechamente ligado a la persona de Jesús. En este sentido podemos definir a Jesús como directo representante de la acción escatológica de Dios. Habla y actúa en nombre del mismo Dios.
● Jesús llamó a su pueblo a una decisión en favor o en contra del reino que El anunciaba. Pero esta decisión se daba aceptándole o rechazándole a El en persona: “El que se avergüence de mí y de mis palabras... también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre” (Mc 8, 38).
● Su persona y su misión estaban por encima de los demás. Eligió doce apóstoles y no once. Jesús no era el número doce. El círculo representativo del Israel de los últimos tiempos (Mt 19, 28) lo constituían sus discípulos. Su misión era algo completamente distinto de la de los demás.
● No existe un sólo ejemplo en el judaísmo de tiempos de Jesús en el que Dios sea llamado “abba”. El, sin embargo, se dirige siempre a Dios de esta forma en sus momentos de oración. De ello podemos deducir una experiencia inusual y sin precedentes de intimidad con Dios. Esta conciencia de sus relaciones con Dios es algo único y original.
2. EL ORIGEN DEL CONFLICTO
● Al parecer, Jesús gozó de popularidad mientras no se vislumbró ningún peligro; pero su predicación de la conversión ante la inminencia del reino de Dios tuvo finalmente poco éxito en Galilea.
● Jesús tuvo que sentirse amenazado por Herodes Antipas. No se podía descartar la posibilidad de que le ocurriera a él lo mismo que le pasó a Juan Bautista: “Vete, márchate de aquí, que Herodes quiere matarte. El contestó: Id a decir a ese zorro: hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; al tercer día acabo” (Lc 13, 31-32).
● Las dos facciones más representativas del Sanedrín, los fariseos y los saduceos, también terminaron por serle hostiles. Los primeros le reprochaban que, sin abolirla, se situó de hecho por encima de la Ley (cuestión del sábado, del ayuno, prohibición del divorcio, amor al pecador, etc.).
● Su actitud ante el templo le atrajo la enemistad de los sacerdotes y, en general, del partido saduceo, al que pertenecían. Véase Mc 11, 15-18 (La purificación del templo) y también Mt 12, 6 y Mc 14, 58.
● Aunque Jesús no se expresase directamente contra la ocupación romana, las posibles interpretaciones mesiánico-políticas de su mensaje, podrían provocar recelos en la potencia militar, temerosa siempre de un levantamiento popular.
3. LA SUBIDA A JERUSALÉN
● Jesús, considerada ya terminada su predicación en Galilea, toma la determinación de subir a Jerusalén. A partir de este momento, los evangelios comienzan a aludir claramente a su pasión: “Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas...” (Mt 16, 21).
● Con la parábola de los viñadores homicidas (Mc 12, 1-12), Jesús ve prefigurado su propio destino en el destino de los profetas. Así como ellos fueron perseguidos y rechazados en Jerusalén, así tiene que decidirse también su suerte en aquella ciudad. Para Jesús se trata de la crisis última, de la decisión definitiva del pueblo sobre la gracia o el juicio.
● La entrada triunfal en Jerusalén, la expulsión de los mercaderes del Templo y las aclamaciones mesiánicas del pueblo alarmaron a las autoridades judías, que finalmente mandaron detenerle. (Lc 19, 29-48).
4. EL VIERNES SANTO
● Jesús expresó de forma suprema la ofrenda libre de sí mismo en la cena tomada con los doce Apóstoles, en “la noche en que fue entregado” (1Cor 11, 23). En la víspera de su Pasión, estando todavía libre, Jesús hizo de esta última Cena con sus Apóstoles el memorial de su ofrenda voluntaria al Padre por la salvación de los hombres: “Este es mí Cuerpo que va a ser entregado por vosotros” (Lc 22, 19). “Esta es mi sangre de la Alianza que va a ser derramada por muchos para remisión de los pecados” (Mt 26, 28). La Eucaristía que instituyó en este momento será el “memorial” (1Cor 11, 25) de su sacrificio. Jesús incluye a los Apóstoles en su propia ofrenda y les manda perpetuarla (Cfr. Lc 22, 19) (CAT 610-611a.).
● El proceso religioso (Mc 14, 53-65). Jesús fue condenado por el Sanedrín como falso profeta y blasfemo. Su anuncio de la destrucción del Templo y su doctrina discrepante con la ortodoxia de la ley le hacían, según Dt 18, 20, merecedor de la pena de muerte. Del mismo modo, su silencio ante el sumo sacerdote negándose a someter su mensaje al juicio de la suprema autoridad religiosa, le hacían incurrir en delito igualmente castigado con la muerte. (Dt 17, 12).
● El proceso político (Mc 15, 1-15). Los sanedritas deciden entregarlo a los romanos (Mc 15, 1), acusándole de proclamarse “rey de los judíos”, lo cual equivalía a un delito de rebelión contra el poder de ocupación romano. Y Pilato, presionado por las autoridades judías, condena a Jesús como rebelde político a morir crucificado.
● La muerte en la cruz era un suplicio particularmente cruel, reservado para los esclavos o los rebeldes políticos. El reo moría por asfixia entre terribles dolores, tras algunas horas de agonía.
● “Era la hora tercia cuando le crucificaron. Y estaba puesta la inscripción de la causa de su condena: “El rey de los judíos”... Y Jesús, lanzando un fuerte grito expiró” (Mc 15, 25-37).
5. LA MUERTE DE CRISTO COMO SACRIFICIO ÚNICO Y DEFINITIVO
● La muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que lleva a cabo la redención definitiva de los hombres por medio del “cordero” que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29; cfr. 1 P 1, 19) y el sacrificio de la Nueva Alianza (Cfr. 1Cor 11, 25) que devuelve al hombre a la comunión con Dios, reconciliándole con El por “la sangre derramada por muchos para remisión de los pecados” (Mt 26, 28; Cfr. Lv 16, 15-16). (CAT 613).
● Este sacrificio de Cristo es único, da plenitud y sobrepasa a todos los sacrificios (Cfr. Hb 10, 10). Ante todo es un don del mismo Dios Padre: es el Padre quien entrega al Hijo para reconciliarnos con El. Al mismo tiempo es ofrenda del Hijo de Dios hecho hombre que, libremente y por amor ofrece su vida a su Padre por medio del Espíritu Santo, para reparar nuestra desobediencia. (CAT 614).
● “Como por la desobediencia de un sólo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos” (Rom 5, 19). Por su obediencia hasta la muerte, Jesús llevó a cabo la sustitución del Siervo doliente que “se dio a sí mismo en expiación”, “cuando llevó el pecado de muchos”, a quienes “justificará y cuyas culpas soportará” (Is 53, 10-12). Jesús repara por nuestras faltas y satisface al Padre por nuestros pecados. (Cfr. Concilio de Trento; Dz 1529). El “amor hasta el extremo” (Jn 13, 1) es el que confiere su valor de redención y reparación, de expiación y de satisfacción al sacrificio de Cristo. (CAT 615-616 a.).
● La liturgia del Viernes Santo expresa el carácter liberador y victorioso de la pasión de Jesucristo cuando introduce la cruz en la Iglesia en procesión solemne para venerarla: “Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo. ¡Venid a adorarlo!”.
ALGUNOS TEXTOS DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
569. Jesús ha subido voluntariamente a Jerusalén sabiendo perfectamente que allí moriría de muerte violenta a causa de la contradicción de los pecadores (cf. Hb 12,3).
570. La entrada de Jesús en Jerusalén manifiesta la venida del Reino que el Rey-Mesías, recibido en su ciudad por los niños y por los humildes de corazón, va a llevar a cabo por la Pascua de su Muerte y de su Resurrección.
621. Jesús se ofreció libremente por nuestra salvación. Este don lo significa y lo realiza por anticipado durante la última cena: “Este es mi cuerpo que va a ser entregado por vosotros” (Lc 22, 19).
619. “Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras” (1 Co 15, 3).
622. La redención de Cristo consiste en que Él “ha venido a dar su vida como rescate por muchos” (Mt 20, 28), es decir “a amar a los suyos [...] hasta el extremo” (Jn 13, 1) para que ellos fuesen “rescatados de la conducta necia heredada de sus padres” (1 P 1, 18).
623. Por su obediencia amorosa a su Padre, “hasta la muerte [...] de cruz” (Flp 2, 8), Jesús cumplió la misión expiatoria (cf. Is 53, 10) del Siervo doliente que “justifica a muchos cargando con las culpas de ellos” (Is 53, 11; cf. Rm 5, 19).
LECTURAS COMPLEMENTARIAS
- Catecismo de la Iglesia Católica. N. 574 a 623.
- Catecismo “Esta es nuestra fe”. Págs. 142 a 148.
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