
A las 5 de la tarde del Martes Santo comenzó en la S. I. Catedral de Palencia la solemne Misa Crismal, presidida por Mons. Esteban Escudero y concelebrada por alrededor de 120 sacerdotes venidos de todos los rincones de la diócesis.
El Sr. Obispo, en su homilía, ha desarrollado tres puntos: Se ha fijado, en primer lugar, en la propia concelebración eucarística, sobre la que se construye la Iglesia particular, que hoy especialmente se manifiesta como signo de unidad y a la vez de la jerarquización del ministerio. Después ha resaltado el momento de la renovación de las promesas sacerdotales que todos los presbíteros presentes iban a realizar, deteniéndose en cada una de ellas. Y por último, se ha centrado en explicar los ritos de la bendición de los óleos y consagración del crisma, explicando a los fieles el significado de los mismos.
La Misa Crismal en la que el Obispo diocesano bendice los óleos de los enfermos y de los catecúmenos y consagra el santo crisma, ha de ser celebrada en la mañana del Jueves Santo, aunque para facilitar la asistencia a los sacerdotes, que en esta celebración renuevan las promesas del día de su ordenación, suele adelantase a los días previos al Triduo Sacro. En Palencia, el día elegido tradicionalmente es el Martes Santo. Los sacerdotes llevarán consigo después los óleos y el crisma y los distribuirán por todas las parroquias y templos de la diócesis.

SIGNOS Y REALIDAD DE LOS RITOS DE LA MISA CRISMAL
(Esquema de la Homilí del Sr. Obispo)
1. LA CONCELEBRACIÓN EUCARÍSTICA
-Uno de los rasgos característicos de la eclesiología actual es la revalorización de las iglesias particulares, construidas ante todo por la celebración de la eucaristía.
- La concelebración es una expresión concreta del redescubrimiento de la mayor toma de conciencia de que la celebración de la eucaristía es la que constituye la Iglesia.
- Los presbíteros de una iglesia particular están unidos todos entre sí por la fraternidad del sacramento del orden. Forman un único presbiterio bajo la dirección del obispo.
- Esto se expresa simbólicamente de modo eminente por la concelebración eucarística presidida por él y rodeado de los presbíteros.
- La concelebración de la misa crismal que estamos efectuando es, pues, un signo muy claro de la unidad y, al mismo tiempo, de la forma jerarquizada del sacerdocio ministerial.
- Los presbíteros, concelebrando con el obispo, expresan realmente la participación en su ministerio episcopal, que han recibido por el sacramento del orden y por la misión canónica.
- Pero no hay que olvidar que la eucaristía es una acción en la que participan todos los miembros del pueblo sacerdotal, cada cual según el modo que le corresponde.
2. LA RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS SACERDOTALES
- En segundo lugar, en esta conmemoración anual del día en que Cristo confirió su sacerdocio a los apóstoles y también a nosotros, yo os voy a invitar a renovar las promesas que hicisteis un día ante el obispo y ante el pueblo santo de Dios.
- Esta renovación, como la renovación de las promesas que se hacen tras recibir otros sacramentos, busca reavivar la gracia sacramental e incita, en este caso, a la fidelidad en el cumplimiento de los compromisos sacerdotales.
- Aquel día prometisteis desempeñar siempre el ministerio sacerdotal como buenos colaboradores del orden episcopal. ¿Queréis seguir colaborando conmigo en el ministerio sacerdotal para el bien de las almas?
- Prometisteis también realizar el ministerio de la palabra, preparando la predicación del Evangelio y la exposición de la fe católica. ¿Queréis anunciar al pueblo el mensaje de salvación transmitido por el Evangelio y actualizado por el Magisterio?
- Prometisteis celebrar los misterios de Cristo, especialmente el sacrificio de la Eucaristía y el sacramento de la reconciliación. ¿Queréis seguir haciéndolo con piedad y devoción, según la Tradición de la Iglesia?
- Prometisteis orar sin desfallecer, para uniros cada día más a Cristo y para invocar la misericordia divina en favor del pueblo. ¿Queréis seguir cumpliendo el sagrado deber de rezar el Oficio divino, que la Iglesia os encomendó el día de vuestra ordenación?
- Finalmente, prometisteis respeto y obediencia al obispo diocesano. A pesar de mis debilidades, ¿queréis acatar la autoridad de Cristo, supremo Pastor, unidos a mí por la obediencia y el espíritu de colaboración, cuando hablo en comunión con el Papa y la fe de la Iglesia?
3. BENDICIÓN DE LOS ÓLEOS Y CONSAGRACIÓN DEL CRISMA.
-El aceite en el mundo bíblico se presenta como una bendición divina, que habla de prosperidad y de abundancia. De hecho, la tierra prometida es rica en olivos.
- Con la unción del aceite, en el Antiguo Testamento, una persona queda “puesta aparte” e introducida en el ámbito de lo divino para un servicio sagrado.
- El ungido por excelencia es el Mesías, Cristo en griego. El bautismo de Cristo en el Jordán es el equivalente de la unción veterotestamentaria: Jesús fue ungido con Espíritu Santo al inicio de su función mesiánica.
- La Iglesia ha continuado la tradición bíblica y así utiliza el aceite, mezclado en el crisma con perfume, como vehículo de la acción del Espíritu Santo en el cristiano.
- Con el crisma consagrado por el obispo son ungidos los nuevos bautizados y son signados los que reciben la confirmación, además de consagrar las manos de los ordenados sacerdotes.
- Con el óleo de los catecúmenos se disponen para el bautismo los mismos catecúmenos, aumentando su fortaleza en la lucha de la vida cristiana.
- Con el óleo de los enfermos, éstos son fortalecidos en sus enfermedades, implorando la salud del alma y del cuerpo y uniéndose a la pasión de Cristo con sus sufrimientos.
- El hecho de bendecir los óleos y consagrar el crisma anualmente, durante la Semana Santa, quiere indicar que, con la celebración de la Pascua, todo comienza de nuevo en la liturgia, al igual como la naturaleza comienza de nuevo su ciclo anual con la primavera.
- Y el hecho de que en toda la diócesis se utilicen los mismos óleos y el mismo crisma, bendecidos de nuevo cada año por el obispo, quiere ser un signo de comunión de todos los presbíteros por la celebración de los sacramentos, unidos con su obispo en la misión de santificar a los fieles.

