El Día de la Iglesia Diocesana pretende crear conciencia entre los católicos de que pertenecemos a la Iglesia particular de Palencia. Tras la publicación del nuevo Plan Pastoral Diocesano 2011-2016 “Nueva Evangelización. Nueva Espiritualidad”, yo propongo a todos los católicos palentinos tres elementos importantes para la renovación de nuestra vida espiritual: un incremento de la lectura orante de la Palabra de Dios, la adoración eucarística y la comunión apostólica con la Iglesia universal.
La lectura orante de la palabra de Dios, también llamada “lectio divina”, es capaz de abrir al cristiano no sólo el mensaje de la Palabra de Dios sino también de crear el encuentro con Cristo. Ello implica leer diariamente un pequeño fragmento de la Biblia (el evangelio de cada día, por ejemplo), y meditarlo con sosiego, hasta hacer de ello oración.Las cuatro fases de la “lectio divina” son: lectura reposada, meditación sobre el texto, oración al Señor y contemplación para llevar a la vida lo meditado.
La adoración eucarística nos exige dedicar algunos minutos al día a rezar ante el sagrario, para hablar amistosamente con Cristo, de amigo a amigo, para reconocer a Dios como el centro de nuestra vida. El Papa Benedicto XVI nos ha recordado: “en donde Dios no ocupa el primer lugar, allí donde no es reconocido y adorado como el Bien supremo, la dignidad del hombre se pone en peligro /.../ La adoración no es un lujo, sino una prioridad”.
Finalmente, la comunión apostólica con la Iglesia universal, presidida por el Papa y los Obispos. Qué sea esencial para la plena comunión en la Iglesia lo define el Concilio Vaticano II: “A la sociedad de la Iglesia se incorporan plenamente los que, poseyendo el Espíritu de Cristo, reciben íntegramente sus disposiciones y todos los medios de salvación depositados en ella, y se unen por los vínculos de la profesión de la fe, de los sacramentos, del régimen eclesiástico y de la comunión, a su organización visible con Cristo, que la dirige por medio del Sumo Pontífice y de los Obispos”.
El sentido de pertenencia a la Iglesia debe llevarnos a todos a implicarnos más en las tareas pastorales, pero, la Iglesia necesita, también, de nuestra colaboración económica. Las aportaciones voluntarias de los católicos es la parte más importante del sostenimiento económico de la Iglesia. La mejor forma de colaborar es con una aportación periódica personal o familiar, abonada por domiciliación bancaria. La cuantía dependerá de la situación económica familiar y de la generosidad de sus miembros. Os bendice afectuosamente.
+Esteban. Obispo.