TRABAJAR EL PAN DE LA LIMPIA INFORMACIÓN
No es habitual que un medio de comunicación llegue a cumplir 130 años acercándose cada día a sus lectores. Así, sean mis primeras palabras de felicitación y agradecimiento. Que un periódico llegue todos los días al quiosco -como todas las grandes obras humanas- es siempre una tarea coral en la que todos ponen su pequeño grano de arena. Desde el primero de sus directores hasta el último de sus colaboradores: redactores, fotógrafos, impresores, administrativos...
Y agradecimiento por el esfuerzo diario de acercar la noticia a todos los palentinos. Es sabido que la comunicación pública y oportuna de los acontecimientos y de los asuntos ofrece a los individuos un conocimiento más pleno y continuo de éstos, contribuyendo así eficazmente al bien común y promoviendo más fácilmente el desarrollo progresivo de toda la sociedad civil.
Quiero que sirva también la invitación que me hace Diario Palentino de participar en su feliz aniversario, para repasar, aunque sea brevemente, el rico magisterio que la Iglesia Católica ha dedicado a los medios de comunicación.
La Iglesia siempre ha considerado a los medios de comunicacióncomo posibles y potentes instrumentos de solidaridad. La Iglesia considera que «la solidaridad aparece como una consecuencia de una información verdadera y justa, y de la libre circulación de las ideas, que favorecen el conocimiento y el respeto del prójimo»[1]. Y no cabe duda de que la solidaridad es una de las necesidades más acuciantes de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Hoy más que nunca -en un mundo cada vez más complejo- es necesario garantizar el ejercicio del derechoa la información. El recto ejercicio de este derecho exige que, en cuanto a su contenido, la comunicación sea siempre verdadera e íntegra, salvadas la justicia y la caridad. Y en cuanto al modo, ha de ser honesta y conveniente, respetando escrupulosamente las leyes morales, los derechos legítimos y la dignidad del hombre, tanto en la búsqueda de la noticia como en su divulgación.
Así, los medios de comunicación, deben también contribuir a la eliminación de las injusticias y desequilibrios. El ético comportamiento servirá «para que los medios de comunicación social no se usen para edificar y sostener sistemas económicos al servicio de la avidez y de la ambición»ya que «las estructuras y las políticas de comunicación y distribución de la tecnología son factores que contribuyen a que algunas personas sean “ricas” de información y otras “pobres” de información, en una época en que la prosperidad y hasta la supervivencia dependen de la información»[2].
Ahora bien, no solo los profesionales de los medios tienen deberes éticos. También los usuarios tienen obligaciones. Los medios que asumen sus responsabilidades merecen un público consciente de las propias. Y el primer deber de los usuarios de las comunicaciones sociales consiste en el discernimiento y la selección. Cuantos se relacionan en formas diversas con el campo de las comunicaciones sociales, deben tener en cuenta la amonestación fuerte y clara de San Pablo: «Por tanto, desechando la mentira,hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros... No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen» (Ef 4,25.29).
Quiero terminar con unas bellas palabras del primer periodista que en la historia de la Iglesia ha subido a los altares: el linarense Beato Manuel Lozano Garrido. Más conocido como “Lolo” dejó a sus compañeros de profesión un bello Decálogo del Periodista. En él se puede leer lo siguiente: «Cuando escribas lo has de hacer: de rodillas para amar; sentado para juzgar; erguido y poderoso, para combatir y sembrar... Trabaja el pan de la limpia información con la sal del estilo y la levadura de lo eterno y sírvela troceada por el interés, pero no le usurpes al hombre el gozo de saborear, juzgar y asimilar».
El Día de la Iglesia Diocesana pretende crear conciencia entre los católicos de que pertenecemos a la Iglesia particular de Palencia. Tras la publicación del nuevo Plan Pastoral Diocesano 2011-2016 “Nueva Evangelización. Nueva Espiritualidad”, yo propongo a todos los católicos palentinos tres elementos importantes para la renovación de nuestra vida espiritual: un incremento de la lectura orante de la Palabra de Dios, la adoración eucarística y la comunión apostólica con la Iglesia universal.
La lectura orante de la palabra de Dios, también llamada “lectio divina”, es capaz de abrir al cristiano no sólo el mensaje de la Palabra de Dios sino también de crear el encuentro con Cristo. Ello implica leer diariamente un pequeño fragmento de la Biblia (el evangelio de cada día, por ejemplo), y meditarlo con sosiego, hasta hacer de ello oración.Las cuatro fases de la “lectio divina” son: lectura reposada, meditación sobre el texto, oración al Señor y contemplación para llevar a la vida lo meditado.
La adoración eucarística nos exige dedicar algunos minutos al día a rezar ante el sagrario, para hablar amistosamente con Cristo, de amigo a amigo, para reconocer a Dios como el centro de nuestra vida. El Papa Benedicto XVI nos ha recordado: “en donde Dios no ocupa el primer lugar, allí donde no es reconocido y adorado como el Bien supremo, la dignidad del hombre se pone en peligro /.../ La adoración no es un lujo, sino una prioridad”.
Finalmente, la comunión apostólica con la Iglesia universal, presidida por el Papa y los Obispos. Qué sea esencial para la plena comunión en la Iglesia lo define el Concilio Vaticano II: “A la sociedad de la Iglesia se incorporan plenamente los que, poseyendo el Espíritu de Cristo, reciben íntegramente sus disposiciones y todos los medios de salvación depositados en ella, y se unen por los vínculos de la profesión de la fe, de los sacramentos, del régimen eclesiástico y de la comunión, a su organización visible con Cristo, que la dirige por medio del Sumo Pontífice y de los Obispos”.
El sentido de pertenencia a la Iglesia debe llevarnos a todos a implicarnos más en las tareas pastorales, pero, la Iglesia necesita, también, de nuestra colaboración económica. Las aportaciones voluntarias de los católicos es la parte más importante del sostenimiento económico de la Iglesia. La mejor forma de colaborar es con una aportación periódica personal o familiar, abonada por domiciliación bancaria. La cuantía dependerá de la situación económica familiar y de la generosidad de sus miembros. Os bendice afectuosamente.
+Esteban. Obispo.
El día 11 de Octubre de este año, el Papa Benedicto XVI publicó una “carta apostólica” con el título de Porta fide (la puerta de la fe), palabras que recuerdan la predicación de San Pablo y Bernabé en la ciudad de Antioquía, en lo que hoy es Turquía: “A su llegada reunieron a la Iglesia y se pusieron a contar todo cuanto Dios había hecho juntamente con ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe” (Hch 14, 27).
El fin de esta carta que el Papa ha dirigido a los católicos del mundo entero es “convocar un Año de la fe. Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013. En la fecha del 11 de octubre de 2012, se celebrarán también los veinte años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, promulgado por mi Predecesor, el beato Papa Juan Pablo II, con la intención de ilustrar a todos los fieles la fuerza y belleza de la fe. [...] Y precisamente he convocado la Asamblea General del Sínodo de los Obispos, en el mes de octubre de 2012, sobre el tema de La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. Será una buena ocasión para introducir a todo el cuerpo eclesial en un tiempo de especial reflexión y redescubrimiento de la fe”.
En el mes de octubre del próximo año, fecha en la que se iniciará este “año de la fe”, concurren, como dice el Papa, tres grandes conmemoraciones eclesiales: el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, los veinte años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica y el comienzo de un Sínodo en Roma sobre el tema de “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. Conmemoraciones todas ellas relacionadas y que tienen como común denominador la revitalización de la fe cristiana en una sociedad marcada por la indiferencia religiosa y por la secularización.
La conmemoración de la apertura del Concilio Vaticano II puede ser la ocasión para que sacerdotes, consagrados y fieles laicos recuerden que “los textos dejados en herencia por los Padres conciliares, según las palabras del beato Juan Pablo II, «no pierden su valor ni su esplendor. Es necesario leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asimilados como textos cualificados y normativos del Magisterio, dentro de la Tradición de la Iglesia. […] Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza».
El Catecismo de la Iglesia Católica es “uno de los frutos más importantes del Concilio Vaticano II. En la Constitución apostólica Fidei depositum,firmada precisamente al cumplirse el trigésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, el beato Juan Pablo II escribía: «Este Catecismo es una contribución importantísima a la obra de renovación de la vida eclesial... Lo declaro como regla segura para la enseñanza de la fe y como instrumento válido y legítimo al servicio de la comunión eclesial».
Precisamente en este horizonte, el año de la fe deberá expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados sistemática y orgánicamente en el Catecismo de la Iglesia Católica. En efecto, en él se pone de manifiesto la riqueza de la enseñanza que la Iglesia ha recibido, custodiado y ofrecido en sus dos mil años de historia”.
Finalmente, el comienzo de un Sínodo, o sea una reunión de obispos del mundo entero, sobre el tema de “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”, es un momento de esperanza para ese occidente en el cual «enteros países y naciones, en los que en un tiempo la religión y la vida cristiana fueron florecientes y capaces de dar origen a comunidades de fe viva y operativa, están ahora sometidos a dura prueba e incluso alguna que otra vez son radicalmente transformados por el continuo difundirse del indiferentismo, del secularismo y del ateísmo. Se trata, en concreto, de países y naciones del llamado Primer Mundo, en el que el bienestar económico y el consumismo –si bien entremezclado con espantosas situaciones de pobreza y miseria– inspiran y sostienen una existencia vivida “como si no hubiera Dios”.
Yo animo a todos los católicos palentinos a tomar muy en serio este tiempo de gracia que ahora estamos comenzando a vivir. El recién estrenado Plan de Pastoral, la relectura de los textos más importantes del Concilio, la formación en la fe a través de charlas y conferencias basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica y el seguimiento de los trabajos del próximo Sínodo sobre la nueva evangelización pueden proporcionarnos motivos para el optimismo, puesto que “los hombres tienen necesidad de esperanza para poder vivir el propio presente. El contenido de esta esperanza es el Dios que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo[...] Sostenidos por la fe, miramos con esperanza a nuestro compromiso en el mundo, aguardando «unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia» (2 P 3, 13).
“ASI OS ENVÍO YO” (Jn 20, 21)
El domingo 23 de Octubre, la Iglesia universal celebra un año más la fiesta del DOMUND, la jornada de la propagación de la fe. Un día en el que la Iglesia nos recuerda la obligación que tiene el cristiano de ser testigo de Jesucristo y propagador de la fe que recibió en el bautismo. Y no sólo un día al año, sino todos los días de su vida, en todos los lugares donde frecuenta (trabajo, amistades, barrio, parroquia, etc.) y en todas las ocasiones.
Pero, no sólo se trata de ser misioneros en nuestro propio ambiente. Hay millones de personas que no conocen todavía a Cristo, no sólo en los llamados “países de misión”, sino también en países, como el nuestro, que un día fueron mayoritariamente católicos y que ahora van perdiendo la fe en Cristo, sustituyéndola por una vida sin Dios. En el mensaje que Su Santidad el Papa Benedicto XVI dirige a la Iglesia como preparación para esta jornada del DOMUND, nos recuerda esta verdad: “No podemos quedarnos tranquilos al pensar que, después de dos mil años, aún hay pueblos que no conocen a Cristo y no han escuchado aún su Mensaje de salvación. Es cada vez mayor la multitud de aquellos que, aun habiendo recibido el anuncio del Evangelio, lo han olvidado y abandonado, y no se reconocen ya en la Iglesia; y muchos ambientes, también en sociedades tradicionalmente cristianas, son hoy refractarios a abrirse a la palabra de la fe”.
Yo conozco la generosidad de los cristianos palentinos con las misiones. No sólo ayudan con la oración y la aportación económica, sino sobre todo enviando sacerdotes, religiosos y religiosas, e incluso laicos, a países remotos para ayudar espiritual y materialmente a los países más necesitados. A veces, cada pueblo o aldea de nuestra diócesis se convierte en “padrino” de una comunidad cristiana en el tercer mundo, porque tienen un pariente o conocido en tierras de misión. Eso está bien y hay que favorecerlo. Pero hay que pensar también en esos otros lugares donde, por no tener personas que nos hablen de ellos, se quedan sin nuestra ayuda.
Reflexionando sobre este problema, los obispos españoles aprobamos en el mes de Marzo pasado un documento sobre la cooperación con las Iglesias necesitadas, en el que, entre otras muchas cosas, alertábamos sobre la prioridad que debe tener la organización oficial de la Santa Sede de ayuda a las misiones sobre otras ayudas particulares a diócesis o programas más conocidos por nosotros, para evitar que unos se lleven mucho y otros, quizás más necesitados, sean ignorados por todos. Así decíamos en el documento: “La universalidad de la cooperación misionera con la Iglesia es promovida por las Obras Misionales Pontificias y su Fondo Universal de Solidaridad, dependientes de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Desde este organismo pontificio se atienden los llamados territorios de misión, que constituyen un tercio de la Iglesia católica. Sin embargo, estamos constatando que esta institución misionera es cada día menos conocida y atendida por los sacerdotes y las comunidades cristianas, que la cooperación de los fieles con ella queda reducida a lo económico, y que en no pocas ocasiones es sustituida por ayudas a necesidades misioneras particulares, privando a los fieles del carácter universal de la caridad”.
Esta es la dimensión universal del mensaje del día del DOMUND, que haríamos muy bien en atender, si queremos ser justos en el reparto de nuestra ayuda misionera.
Os bendice con afecto, vuestro obispo
+Esteban
SAN ANTOLÍN Y LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD
Por segunda vez en mi vida, tengo la alegría de celebrar con los católicos de Palencia la fiesta de su Santo patrono San Antolín. Un año ya de estancia con vosotros, un año ya de estar acogido por vosotros. Un año de encuentro con los sacerdotes y con los religiosos y religiosas. Un año ya de encuentro con los jóvenes y con los viejos, con los matrimonios y las familias. Un año ya de alegrías y de dificultades. Un año ya de pastor de esta querida iglesia palentina...
Permitidme que la reflexión religiosa en la fiesta de nuestro Santo Patrono se centre hoy en el acontecimiento eclesial más importante de todos los que he vivido como Obispo de Palencia: la Jornada Mundial de la Juventud.
A partir del 11 de Agosto, comenzaron a llegar a nuestra ciudad un numeroso grupo de jóvenes de diferentes países como Francia, Sudáfrica, Venezuela, Panamá y Taiwán. Ya se comenzaba a vivir en nuestras calles la sana alegría de esos jóvenes católicos, unidos en la fe con los voluntarios palentinos, venidos de todos los rincones de nuestra provincia. Un joven palentino de 20 años describió en el periódico hace pocos días la “experiencia del voluntariado” que él mismo vivió en esos días: “Nadie, sólo las personas que lo hemos vivido, puede hacerse una idea del gozo interior, el júbilo y la paz que es convivir con personas de diferentes nacionalidades, razas, lenguas, culturas; pero, sin embargo, con un solo vínculo de unión que logra romper con todas las distancias: el vínculo de la fe, el hermanarnos todos en Cristo nuestro Señor”.
Pero, eso era tan sólo el prólogo de lo que nos esperaba en Madrid. Miles y miles de jóvenes recorriendo sus calles, con banderas y pancartas, con canciones y exclamaciones de alegría, pero sobre todo con educación y respeto para con todos. Era la cara visible de los días de la preparación de la visita del Papa.
Lo que los medios de comunicación no podían reflejar era que esos mismos jóvenes se reunían por las mañanas, por grupos lingüísticos, en más de cuatro mil centros de acogida, templos y residencias de la ciudad para escuchar la palabra de Dios, para rezar juntos, para confesarse y para celebrar la Eucaristía. Yo mismo estuve confesando más de dos horas seguidas a jóvenes de distintas nacionalidades en una de las catequesis a las que pude asistir. No sólo habían venido para encontrarse unos con otros: habían venido para encontrarse con Cristo, en su Iglesia, invitados por el Papa.
Ya desde su llegada al aeropuerto de Madrid, Benedicto XVI dejó claro el motivo de su tercera visita a España: “Vengo aquí a encontrarme con millares de jóvenes de todo el mundo, católicos, interesados por Cristo o en busca de la verdad que dé sentido genuino a su existencia. Llego como Sucesor de Pedro para confirmar a todos en la fe, viviendo unos días de intensa actividad pastoral para anunciar que Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Para impulsar el compromiso de construir el Reino de Dios en el mundo, entre nosotros. Para exhortar a los jóvenes a encontrarse personalmente con Cristo Amigo y así, radicados en su Persona, convertirse en sus fieles seguidores y valerosos testigos... La Jornada Mundial de la Juventud nos trae un mensaje de esperanza, como una brisa de aire puro y juvenil, con aromas renovadores que nos llenan de confianza ante el mañana de la Iglesia y del mundo”.
La fiesta de bienvenida de los jóvenes en la plaza de Cibeles, el jueves 18 por la tarde, fue algo apoteósico. Cerca de dos millones de jóvenes, aguantando horas de espera bajo un sol abrasador, no cesaban de mostrar su alegría cantando y gritando: “Somos la juventud del Papa”. Benedicto XVI fue directamente al grano, transmitiéndoles el mensaje para el que los había convocado.“Queridos jóvenes: bien sabéis que, cuando no se camina al lado de Cristo, que nos guía, nos dispersamos por otras sendas, como la de nuestros propios impulsos ciegos y egoístas, la de propuestas halagadoras pero interesadas, engañosas y volubles, que dejan el vacío y la frustración tras de sí... Sed prudentes y sabios, edificad vuestras vidas sobre el cimiento firme que es Cristo. Esta sabiduría y prudencia guiará vuestros pasos, nada os hará temblar y en vuestro corazón reinará la paz. Entonces seréis bienaventurados, dichosos, y vuestra alegría contagiará a los demás. Se preguntarán por el secreto de vuestra vida y descubrirán que la roca que sostiene todo el edificio y sobre la que se asienta toda vuestra existencia es la persona misma de Cristo, vuestro amigo, hermano y Señor, el Hijo de Dios hecho hombre, que da consistencia a todo el universo. Él murió por nosotros y resucitó para que tuviéramos vida, y ahora, desde el trono del Padre, sigue vivo y cercano a todos los hombres, velando continuamente con amor por cada uno de nosotros”.
El viernes 19, por la mañana, el Papa encontró a un numeroso grupo de religiosas jóvenes en el Patio de los Reyes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Recibieron al Papa al grito de “¡Éstas son las hijas de la Iglesia!” y Benedicto XVI les dio la fórmula para cualquier congregación que quiera recuperar el tono espiritual y apostólico, y con él, recuperar también las vocaciones: comunión con la Iglesia, comunión con “los Pastores, que en nombre del Señor proponen el depósito de la fe recibido a través de los Apóstoles, del Magisterio de la Iglesia y de la tradición cristiana”, comunión con la propia familia religiosa y comunión con los laicos.
Por la tarde del viernes, celebramos un Vía Crucis en el paseo de Recoletos. Catorce obras de arte, tesoros de la imaginería española, algunos de ellos, como el Santísimo Cristo de la Buena Muerte, el de los legionarios, salían de su iglesia, por primera vez, para que la multitud lo contemplase y rezase. El Papa habló del dolor de Cristo y del dolor de los hombres: “Mientras avanzábamos con Jesús, hasta llegar a la cima de su entrega en el Calvario, nos venían a la mente las palabras de san Pablo: «Cristo me amó y se entregó por mí» (Gál 2,20). Ante un amor tan desinteresado, llenos de estupor y gratitud, nos preguntamos ahora: ¿Qué haremos nosotros por él? ¿Qué respuesta le daremos? San Juan lo dice claramente: «En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos» (1 Jn 3,16). La pasión de Cristo nos impulsa a cargar sobre nuestros hombros el sufrimiento del mundo, con la certeza de que Dios no es alguien distante o lejano del hombre y sus vicisitudes [...] Queridos jóvenes, que el amor de Cristo por nosotros aumente vuestra alegría y os aliente a estar cerca de los menos favorecidos”.
El sábado 20 tuvo lugar el encuentro del Papa con los seminaristas en la Almudena, la catedral de Madrid. Su mensaje, válido también para nosotros, los sacerdotes, resonó claro y preciso: “Queridos amigos, os preparáis para ser apóstoles con Cristo y como Cristo, para ser compañeros de viaje y servidores de los hombres. ¿Cómo vivir estos años de preparación? Ante todo, deben ser años de silencio interior, de permanente oración, de constante estudio y de inserción paulatina en las acciones y estructuras pastorales de la Iglesia. Iglesia que es comunidad e institución, familia y misión, creación de Cristo por su Santo Espíritu y a la vez resultado de quienes la conformamos con nuestra santidad y con nuestros pecados. Así lo ha querido Dios, que no tiene reparo en hacer de pobres y pecadores sus amigos e instrumentos para la redención del género humano [...] Nosotros debemos ser santos para no crear una contradicción entre el signo que somos y la realidad que queremos significar”.
Y por la tarde-noche, en la base militar de Cuatro Vientos, el calor sofocante, la lluvia torrencial y el viento impetuoso, que no hizo arredrarse a los casi dos millones de jóvenes que aguantaron, cantando y coreando vivas al Papa, a pesar de las inclemencias del tiempo. “Los chicos y las chicas están ahí, bajo la lluvia. Yo me quedo”, dijo Benedicto XVI, cuando miembros de su séquito le aconsejaron marcharse tras el fenomenal aguacero que se desató en el aeródromo. En la homilía, que no pudo pronunciar por la tormenta, el Papa iba a decirles a los jóvenes: “Queridos amigos, que ninguna adversidad os paralice. No tengáis miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad. El Señor os ha otorgado vivir en este momento de la historia, para que gracias a vuestra fe siga resonando su Nombre en toda la tierra. En esta vigilia de oración, os invito a pedir a Dios que os ayude a descubrir vuestra vocación en la sociedad y en la Iglesia y a perseverar en ella con alegría y fidelidad. Vale la pena acoger en nuestro interior la llamada de Cristo y seguir con valentía y generosidad el camino que él nos proponga” (el matrimonio cristiano, el sacerdocio o la vida consagrada).
Y después, lo más impresionante de todo. Como un periodista escribió días después: “la imagen que es capaz de resumir los días de esta jornada, la imagen que apenas han reflejado los fotógrafos, la que casi no ha salido por televisión, la que sólo puede percibir en su totalidad la retina de Dios, es la de dos millones de personas arrodilladas, junto al Santo Padre, delante del Señor en la Eucaristía, en silencio. Y un silencio de dos millones de personas es mucho silencio... y mucha oración”.
Pero, antes de llegar a Cuatro Vientos, el Papa se había encontrado en la Fundación “Instituto San José”, un centro de atención a personas con discapacidad de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, con una muestra del sufrimiento humano. Ante estas vidas marcadas por el dolor, el Santo Padre habló de la necesidad de la caridad cristiana a las personas que los atienden: “Estos testigos nos hablan, ante todo, de la dignidad de cada vida humana, creada a imagen de Dios. Ninguna aflicción es capaz de borrar esta impronta divina grabada en lo más profundo del hombre. Y no solo: desde que el Hijo de Dios quiso abrazar libremente el dolor y la muerte, la imagen de Dios se nos ofrece también en el rostro de quien padece. Esta especial predilección del Señor por el que sufre nos lleva a mirar al otro con ojos limpios, para darle, además de las cosas externas que precisa, la mirada de amor que necesita. Pero esto únicamente es posible realizarlo como fruto de un encuentro personal con Cristo. De ello sois muy conscientes vosotros, religiosos, familiares, profesionales de la salud y voluntarios que vivís y trabajáis cotidianamente con estos jóvenes. Vuestra vida y dedicación proclaman la grandeza a la que está llamado el hombre: compadecerse y acompañar por amor a quien sufre, como ha hecho Dios mismo. Y en vuestra hermosa labor resuenan también las palabras evangélicas: “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40).
Y, por fin, en la mañana del domingo 21, la Santa Misa, concelebrada junto al Papa por millares de Obispos y presbíteros de todo el mundo; el momento culminante de la Jornada Mundial de la Juventud. Y en la homilía, el mensaje final a los jóvenes: la Iglesia. “Queridos jóvenes, también hoy Cristo se dirige a vosotros con la misma pregunta que hizo a los apóstoles: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Respondedle con generosidad y valentía, como corresponde a un corazón joven como el vuestro. Decidle: Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra [...] En su respuesta a la confesión de Pedro, Jesús habla de la Iglesia: «Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». ¿Qué significa esto? Jesús construye la Iglesia sobre la roca de la fe de Pedro, que confiesa la divinidad de Cristo. Sí, la Iglesia no es una simple institución humana, como otra cualquiera, sino que está estrechamente unida a Dios. El mismo Cristo se refiere a ella como «su» Iglesia. No se puede separar a Cristo de la Iglesia, como no se puede separar la cabeza del cuerpo (cf. 1Co 12,12). La Iglesia no vive de sí misma, sino del Señor. Él está presente en medio de ella, y le da vida, alimento y fortaleza [...] seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él [...] (Y como consecuencia de todo ello) De esta amistad con Jesús nacerá también el impulso que lleva a dar testimonio de la fe en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios”.
Terminamos. Un acontecimiento decisivo para los jóvenes, un acontecimiento decisivo para la Iglesia y un llamamiento a todos nosotros, sacerdotes, religiosos y laicos de la Iglesia palentina, a tomar en serio el mensaje del Vicario de Cristo al mundo entero y, por lo tanto, también a nuestra diócesis: encuentro con Cristo por la lectura orante de su Palabra, adoración eucarística y comunión con el Papa y con la Iglesia universal. Una nueva espiritualidad a tener en cuenta, si queremos aplicar con eficacia el nuevo Plan de Pastoral Diocesano 2011-2016, que ayer mismo firmé y que ya ha entrado en vigor hoy.