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DOMUND
"COMO EL PADRE ME HA ENVIADO, ASÍ TAMBIÉN OS ENVÍO YO"
El Papa Benedicto XVI escoge estas palabras de Cristo resucitado para la Jornada del DOMUND 2011. Las hace suyas como Vicario de Cristo y como principal responsables de la animación misionera en la Iglesia. Lo hace en la misma línea de la sucesión apostólica, unido al beato Juan Pablo II, que en Novo millennio ineute alentaba al pueblo de Dios a retomar el empuje misionero de la primitiva Iglesia: "El mismo entusiasmo de los cristianos de los primeros tiempos". No cabe duda de que el camino de la Iglesia pasa por el hombre, y precisamente a ese ser humano "que busca razones profundas" para vivir y amar es al que hay que anunciarle el Evangelio. En el mensaje de este año encontramos reflejada, una vez más, la necesidad y urgencia de anunciar el Evangelio, como también nos recordaba el Papa: "Los primeros cristianos han considerado el anuncio misionero como una necesidad proveniente de la naturaleza misma de la fe: el Dios en que creían era el Dios de todos, el Dios uno y verdadero que se había manifestado en la historia de Israel y, de manera defimitiva, en su Hijo, dando así la respuesta que todos los hombres esperan en lo más intimo de su corazón" (VD 92). El Santo Padre nos alienta y nos motiva con razones profundas positivas y entusiastas, con frescura evangélica: no parte de planteamientos negativos o pesimistas, nos anima desde la alegría de la novedad pascual.
Benedicto XVI sigue guiando a la Iglesia, como buen pastor, poniendo el acento en lo esencial en su vida y en su misión.
Iluminare, nº 383
de Octubre 2011
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CARTA DEL OBISPO D. ESTEBAN
"ASI OS ENVÍO YO" (Jn 20. 21)
El domingo 23 de Octubre, la Iglesia universal celebra un año más la fiesta del DOMUND, el día de la propagación de la fe. Un día en el que la Iglesia nos recuerda la obligación que tiene el cristiano de ser testigo y heraldo de Jesucristo de la fe que recibió en el bautismo. Y no sólo un día al año, sino todos los días de su vida, en todos los lugares donde frecuenta (trabajo, amistades, barrio, parroquia, etc.) y en todas las ocasiones. La fe, que es en sí misma una relación del hombre con Dios, no puede, sin embargo guardarse para sí mismo, sino que ha de manifestarse e intentar contagiar a los demás de la alegría de sentirse amados por él y estar llamados a una vida feliz en su reino.
Pero, no sólo se trata de ser misioneros en nuestro propio ambiente. Hay millones de personas que no conocen todavía a Cristo, no sólo en los llamados "países de misión", sino también en países, como el nuestro, que un día fueron mayoritariamente católicos y que ahora van perdiendo la fe en Cristo, sustituyéndola por una vida sin Dios.
En el mensaje que Su Santidad el Papa Benedicto XVI dirige a la Iglesia como preparación para esta jornada del DOMUND, nos recuerda esta verdad: "No podemos quedamos tranquilos al pensar que, después de dos mil años, aún hay pueblos que no conocen a Cristo y no han escuchado aún su Mensaje de salvación. No sólo; es cada vez mayor la multitud de aquellos que, aun habiendo recibido el anuncio del Evangelio, lo han olvidado y abandonado, y no se reconocen ya en la Iglesia; y muchos ambientes, también en sociedades tradicionalmente cristianas, son hoy refractarios a abrirse a la palabra de la fe".
Para muchas personas que han nacido y vivido en un ambiente cristiano, esta nueva realidad de la sociedad los desconcierta y los entristece. Incluso en su propia familia pueden constatar que incluso sus hijos o nietos viven hoy de espaldas a la fe que ellos trataron de inculcarles y se sienten, quizás, culpables de no haberlo sabido hacer bien. La realidad es más compleja. Sin querer eludir la posible negligencia que hayamos podido tener en la educación en la fe de las nuevas generaciones, "está en marcha un cambio cultural, alimentado también por la globalización, por movimientos de pensamiento y por el relativismo imperante, un cambio que lleva a una mentalidad y a un estilo de vida que prescinden del mensaje evangélico, como.. si Dios no existiese, y que exaltan la búsqueda del bienestar, de la ganancia fácil, de la carrera y del éxito como objetivo de la vida, incluso a costa de los valores morales". Yeso, propagado por los medios de comunicación, por la cultura reinante y por las personas que frecuentamos, hace dificil poder seguir manteniendo la fe en Cristo. Por eso, es urgente
comprometemos a asumir la tarea de ser mensajeros del Evangelio siempre y en todos los momentos de la vida. Ésta es la dimensión personal del DOMUND.
Ahora bien, como dice el Papa, "la evangelización es un proceso complejo y comprende varios elementos. Entre estos, la animación misionera ha prestado siempre una atención peculiar a la solidaridad. Este es también uno de los objetivos de la Jornada mundial de las misiones, que a través de las Obras misionales pontificias, solicita ayuda para el desarrollo de las tareas de evangelización en los territorios de misión. Se trata de sostene.r instituciones necesarias para establecer y consolidar a la Iglesia mediante los catequistas, los seminarios, los sacerdotes; y también de dar la propia contribución a la mejora de las condiciones de vida de las personas en países en los que son más graves los fenómenos de pobreza, malnutrición sobre todo infantil, enfermedades, carencia de servicios sanitarios y para la educación. También esto forma parte de la misión de la Iglesia. Al anunciar el Evangelio, la Iglesia se toma en serio la vida humana en sentido pleno. Desinteresarse de los problemas temporales de la humanidad significaría «ignorar la doctrina del Evangelio acerca del amor al prójimo que sufre o padece necesidad» (Evangelii nuntiandi, 31). Ésta es la dimensión comunitaria del DOMUND.
Como Iglesia universal, hemos de mirar más allá de nuestras fronteras y ver que hay necesidades espirituales y materiales en muchos lugares del planeta y que nosotros, con nuestra aportación económica, podemos ayudar a resolverlas, sin movemos de nuestros lugares de residencia. Hay muchas organizaciones eclesiales que sirven de mediación entre nosotros y los lugares más apartados del mundo. Entre todas ellas, destacan las OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS, dependientes directamente de la Sede Apostólica. Sus responsables tienen una visión de conjunto de lo que pasa en los cinco continentes y distribuyen el dinero recaudado donde más hace falta en cada momento.
(continuaciòn)
Yo conozco la generosidad de los cristianos palentinos con las misiones. No sólo ayudan con la oración y la aportación económica, sino sobre todo enviando sacerdotes, religiosos y religiosas, e incluso laicos, a países remotos para ayudar espiritual y materialmente a los países más necesitados. A veces, cada pueblo o aldea de nuestra diócesis se convierte en "padrino" de una comunidad cristiana en el tercer mundo, porque tienen un pariente o conocido en tierras de misión. Eso está bien y hay que favorecerlo. Pero hay que pensar también en esos otros lugares donde, por no tener personas que nos hablen de ellos, se quedan sin nuestra ayuda. Es ahí donde nos puede orientar la organización central de la Iglesia para las misiones: las OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS.
Reflexionando sobre este problema, los obispos españoles aprobamos en el mes de Marzo pasado un documento sobre la cooperación con las Iglesias necesitadas, en el que, entre otras muchas cosas, alertábamos sobre la prioridad que debe tener esta organización de la Santa Sede sobre otras ayudas particulares a diócesis o programas más conocidos por nosotros, para evitar que unos se lleven mucho y otros, quizás más necesitados, sean ignorados por todos. Así decíamos en el documento: "La universalidad de la cooperación misionera con la Iglesia es promovida por las Obras Misionales Pontificias y su Fondo Universal de Solidaridad, dependientes de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Desde este organismo pontificio se atienden los llamados territorios de misión, que constituyen un tercio de la Iglesia católica. Sin embargo, estamos constatando que esta institución misionera es cada día menos conocida y atendida por los sacerdotes y las comunidades cristianas, que la cooperación de los fieles con ella queda reducida a lo económico, y que en no pocas ocasiones es sustituida por ayudas a necesidades misioneras particulares, privando a los fieles del carácter universal de la caridad",
Es la dimensión universal del mensaje del día del DOMUND, que haríamos muy bien en atender, si queremos ser justos en el reparto de nuestra ayuda misionera.
Os bendice con afecto, vuestro obispo
+Esteban
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