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FORMACIÓN Y ANIMACIÓN
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"Pero ¿qué es esto para tanta gente?" Jn 6,9
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Es una pregunta que se hacía Andrés, hermano de Simón Pedro. Después de haber dicho a Jesús: "Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces", poniendo de manifiesto la enorme desproporción entre estos escasos alimentos y la "gran muchedumbre" necesitada de comer, pregunta: "Pero ¿qué es esto para tantan gente?" (v.9).
Pregunta por demás lógica, comprensible y hasta sugestiva. Manifiesta la pobreza de las capacidades humanas y de los recursos materiales y económicos ante el hambre de pan y de Dios que atormenta al cuerpo y al alma de los seres humanos. Y también nuestra pobreza, nuestra debilidad y desproporción por edad, la salud, la falta de preparación, la diversa mentalidad y estilo.... Es la pregunta que llevamos dentro de cada uno de nosotros ante la misión. Es el grito de nuestra gente que busca, llama, pide y a la que no siempre, sino más bien escasas veces, podemos dar respuestas adecuadas y satisfacer sus necesidades.
Ésta es realmente la pobreza de nuestra misión, el riesgo de nuestra presencia, la dificultad de ser signo. Es la pobreza de la "debilidad" que Jesús mismo quiere que sea denunciada y reconocida, porque solamente así se puede acoger la revelación de Dios, su amor y su piedad. La limitación, más aún, la nulidad del hombre, remite a la riqueza y al todo de Dios. En realidad, solamente Dios puede celebrar el convite del gozo mesiánico que procura milagrosamente el alimento al pueblo en el desierto; solamente Cristo, el Señor, puede tener preparada la cena pascual en la que da su Cuerpo y su Sangre como comida y bebida de vida eterna.
Y sin embargo contamos con "dos peces", que son nuestros dones, nuestros carismas, los valores de todo misionero que, compartidos, hacen un milagro. Tenemos "dos peces" que son también la aportación de nuestra gente, de los pueblos y las culturas donde trabajamos. Y con estos "dos panes y dos peces" estamos llamados a construir el Reino, sin esperar excesivamente en "ayudas o apoyos de fuera", porque la misión se construye en el territorio con la gente del lugar y a su ritmo.
Stefano Camerlengo
Vice Superior General
de los misioneros de
la Consolata.
ANTENA MISIONERA nº 442
Actualizado el Jueves, 13 de Mayo de 2010
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ÁNGEL BECERRIL desde Tailandia
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CAER SIN HACER RUIDO
Por Ángel Becerril
Es una adivinanza popular de la tribu Bayaka de la República Democrática del Congo: “¿Qué es lo que cae sin hacer ruido?” Su respuesta: La noche. También el sabio chino enseña que cuando va a salir el sol todos los gallos cantan repetidamente, despiertan insistentemente a los humanos y nos ponen a todos en movimiento. Pero cuando el sol se pone, el gallo se retira silenciosa y paulatinamente a su gallinero sin que nadie le eche del corral. La noche cae sin hacer ruido.
Así se lo comenté a mis antiguos parroquianos cuando me tocó salir de entre ellos y querían celebrar la despedida. Los gallos cantan para recibir al sol que nace, pero no cantan para despedir al sol que se pone. Al sol se le despide en silencio. Y ¡qué bellas son algunas despedidas del sol en el trópico africano! Yo lo aplico también a esa edad avanzada en la que todos entramos casi sin darnos cuenta (si es que el Creador nos permite llegar a ella). Esa edad, que algunos numeran como Tercera, cae sin hacer ruido. Aunque con algo más de precisión podríamos decir que somos nosotros quienes caemos sin hacer ruido.
¿Tercera Edad? San Agustín habla de siete edades en nuestra vida, cada una con su virtud propia:
• La Infancia con su inocencia.
• La Niñez que acoge con respeto.
• La Adolescencia que ejercita la paciencia.
• La Juventud, tiempo en que se prueba la virtud.
• La Media Edad en la que se acumulan meritos.
• La Ancianidad caracterizada por la sabiduría.
Cada una de estas seis edades, dice él, no se marcha cuando se asoma la nueva que viene. Uno se renueva y enriquece interiormente. Permanecen juntas y en armonía. Y juntas preparan el tránsito a la séptima edad en la que las limitaciones y angustias se transforman en serenidad que no se altera. Las comunidades con las que comparto trozos de mi vida me dan la oportunidad de dialogar frecuentemente con quienes ya se asoman a la séptima edad agustiniana. Una de ellas es la Señora Pon (que significa “Bendición”), nacida en 1919, por tanto, cuenta ahora 91 años. Ha superado, sobradamente, la esperanza de vida de la mujer en Tailandia. Aún lee pasajes de la Biblia o folletos que caen en sus manos. Todos los domingos la llevo en el coche, junto con otras tres personas, desde su pueblo hasta la iglesita de Sangkom Pattana. Hace ahora tres años que decidió hacerse cristiana junto con otra anciana siete años más joven que ella. Las dos abuelas, novicias en el seguimiento de Cristo, “no hacen ruido” y viven su ancianidad en silencio, pero a su avanzada edad, casi a la hora de la puesta del sol, algo sonó en sus oídos y en su corazón que transformó sus vidas. Fue el susurro de “LA PALABRA”. Nicodemo tenía que haber estado con ellas para comprender la adivinanza del Maestro: “El que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios” (Jn 3,3). Nicodemo no acertaba a dar la respuesta correcta.
Recientemente el gobierno tailandés ha introducido una pequeña pensión para los ancianos a partir de los sesenta años. Nosotros la llamaríamos “no contributiva”. El simple documento de identidad les da el derecho a recibir una ayuda de 500 Baths al mes (aproximadamente diez euros). Me alegra ver que se dan pasos para aliviar las estrecheces y la soledad por las que pasan muchos de estos ancianos y ancianas. Estos ancianos silenciosos son para mí una lección de vida en el año del Tigre (según el calendario chino) en que yo completo el sexto ciclo de mi vida según los orientales (cada ciclo se compone de 12 años).
También fueron una lección las palabras de nuestro teólogo Olegario G. de Cardedal que leí en su libro “Raíz de la Esperanza”: “El día en que entre aturdimiento y lucidez se percata el hombre de que nunca más volverá a pasar por una calle acostumbrada, de que quizá ya no visite más un país con el que se siente ligado afectivamente, de que en su biblioteca hay un libro que ya nunca leerá. Ese día ha comenzado la maduración, el serenamiento radical de la vida, aquel envejecer que es sinónimo de afincamiento personal y no solo de decaimiento físico” (pág. 420).
El salmista, que experimentó en sí mismo los estrechos límites y la fragilidad de la vida, pudo rezar con palabras de poeta: “Enséñanos a contar nuestros días, para que entre la sabiduría en nuestro corazón” (Sal. 90,12).
Actualizado el Viernes, 12 de Marzo de 2010
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OBJETIVOS DE ESTA DELEGACION DE MISIONES PARA EL EJERCICIO 2009/10
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OBJETIVOS:
Aportar nuestra colaboración y acción para que nuestra Iglesia sea misionera por vocación: llamada, enviada y sensible a las situaciones del MUNDO NECESITADO.
ACCIONES:
1.- Las campañas ordinarias de Obras Misionales:
a. Sembradores de estrellas.
b. Día del IEME de los Catequistas nativos.
c. Infancia Misionera.
d. Día de Hispanoamérica.
e. Jornadas de Vocaciones Nativas.
f. Jornada del Domund.
JORNADAS REGIONALES DE MISIONES (de las Delegaciones de la Región del Duero.
JORNADAS/ACCIONES misioneras de la Delegación y Diócesis.
I. Acogida a los misioneros que pasan por
la Delegación y correspondencia que
surge.
II. Comunicación a través del Boletín
III. Encuentros con familias de misioneros.
IV. Día del misionero diocesano.
V. Encuentro diocesano de misioneros.
VI. Atención especial a los misioneros
diocesanos.
ANIMACIÓN MISIONERA DE LA DIÓCESIS:
1) Proponer y ofrecer retiro o forma-
ción misionera en los arciprestaz-
gos.
2) Oferta de animación misionera
en las parroquias que acojan la
propuesta.
3) Animación misionera en centros
escolares.
4) Promover la participación en el Tren
misionero y festival de la canción.
5) Contacto y colaboración con otras
Delegaciones Diocesanas.
6) Ofrecer y disponer material para que
la dimensión misionera estè siem-
pre presente en todos los Organi-
smos y Delegaciones de nuestra
diócesis.
Actualizado el Miércoles, 11 de Marzo de 2009
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