"Seréis mis Testigos". DOMUND 2022

+ Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia

Esta frase “Seréis mis testigos” -lema del día del Domund, domingo de las misiones-, está extractada del libro de los Hechos de los Apóstoles. Jesús resucitado se aparece varias veces a sus discípulos y la última vez, antes de ascender al cielo; ellos esperan que Jesús restaure el reino de Israel; están todavía soñando en un reino político, que expulse a los romanos. Y Jesús les habla en otra clave; les dice: «No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra» (Hech 1, 6-8).

Esto se lo dice a los apóstoles, pero en ellos se lo dice a toda la Iglesia, a nosotros que formamos parte de esta familia de los hijos de Dios, seamos sacerdotes, diáconos, miembros de vida consagrada, laicos, laicas u obispos. Nos lo dice a todos. Jesús nos confía continuar su misma misión, ser testigos de Él, de su persona, mensaje y vida, también, cómo no, de su pasión, muerte y resurrección, del amor del Padre a cada uno y a toda la humanidad, particularmente a los más descartados, pobres, y los que sufren, a los que no ven respetados sus derechos, y de su Evangelio.

Ser testigo es hacer memoria de una experiencia que uno ha experimentado y de la cual no puede huir, no puede olvidar y lleva uno a conocimiento de los demás para proporcionarles, mediante las afirmaciones, el contenido de esa misma experiencia. Es afirmar algo a favor de alguien. San Juan, en su Primera carta así lo afirma: «Lo que existía desde el principio, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida, pues la vida se hizo visible, y nosotros hemos visto, damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis en comunión con nosotros y nuestra comunión es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Os lo escribimos para que nuestro gozo sea completo» (I Jn 1, 1-4).

Esta es la misión de todos los cristianos. También aquí en Europa, en España, en Palencia porque todo el mundo es tierra de misión. A veces pensamos que, en esta vieja Europa, esta vieja España, esta vieja Palencia ya somos cristianos desde siempre, pero no. Lo será nuestra cultura, labrada a través de los siglos por personas creyentes, pero nosotros hoy ¿somos creyentes en Jesús? ¿Cuántos hay, especialmente de las nuevas generaciones, que no saben quién es, cuál es su mensaje? ¿Y cuántos de las generaciones mayores no vivimos coherentemente nuestra fe? Porque el testimonio no debe ser sólo de palabra, de celebrar fiestas cristianas, de participar en las romerías y tener devoción a la Virgen del Brezo, de la Calle, de Valdesalce, etc..., sino con las obras. Cada uno tenemos que examinarnos y ver si somos testigos o testigos falsos con nuestras obras, con nuestro modo de comportarnos y relacionarnos con los demás, allí donde estemos, en la familia, en la escuela, colegio o universidad, en el bar, en la sala de fiestas, en la calle, en la asociación de vecinos o deportiva, en el sindicato, en la política, en invierno y en verano... siempre y en todas partes.

Hoy debemos dar gracias a Dios por tantos hermanos sacerdotes, religiosos y religiosas y laicos y laicas palentinos que han sido y son testigos de Jesucristo entre nosotros y en otros continente o pueblos. No puedo nombrar a todos los que están fuera, pero si deciros que algunos, unos 277, están o en Japón, Tailandia, Kazajistán, África, Bolivia, Perú, Ecuador, Chile, Venezuela, Méjico, Usa, Argentina, Panamá, Costa Rica, Honduras, Nicaragua, Colombia...; han salido de nosotros, dejando sus familias, dejando su bienestar, y entregando sus vidas a los más pobres y necesitados.

También nosotros, todos, tenemos que ser misioneros aquí, con nuestros vecinos, familiares, amigos...

¿Qué podemos hacer por ellos y por tantos misioneros y misioneras españoles? En primer lugar, reconocer su entrega y darles las gracias, orar por ellos ante el Señor porque también ellos necesitan de la ayuda del Señor. Pero también nuestra ayuda económica, colaborando con las misiones de forma puntual, en la Colecta que se hace hoy en todas las parroquias, o de forma fija, colaborando con una cuota mensual enviándola a la Delegación Diocesana de Misiones que está en la Casa Diocesana de la Iglesia, en la calle San Marcos, 3, de Palencia, o acordándonos de ellos al hacer nuestro testamento.

Si Cristo dio la vida por nosotros y nos da vida por su Espíritu, demos testimonio de Él, incluso con nuestra propia vida, como los mártires, aunque tengamos que sufrir un poco la incomprensión o la oposición abierta.