Jueves, 14 Febrero 2019 11:49

Celebrando la Palabra - VI Domingo Tiempo Ordinario (17 de febrero)

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Material para el Animador de la Palabra.

Celebración del VI Domingo del Tiempo Ordinario. 17 de febrero de 2018.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Cartel con una de estas frases: "Bendito si te fías de Dios" o "No te centres en tus riquezas"

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición. Nos reunimos en asamblea cristiana para celebrar la compañía y el amor de Dios y también nuestra fraternidad abierta y generosa. Hoy nos vamos a encontrar con uno de los mensajes que mejor definen a Jesús: las bienaventuranzas. Resumen el ideal cristiano y son las pautas del Reino de Dios. las actitudes y modos de vida que no concuerdan con este ideal, Jesús mismo las descarta.

Canto

Saludo. Hermanos, bendigamos a Dios, que nos quiere bienaventurados.

Acto penitencial

Porque no somos felices, Señor, ten piedad.
Porque meditamos poco tu Palabra, Señor, ten piedad.
Porque nos amas entrañablemente, Señor, ten piedad.

Gloria

Oración. Señor, Tú, que te complaces en vivir en el corazón de las personas para quitarnos nuestros miedos e inseguridades, haz que sintamos siempre tu presencia en nosotros para poder así ser regalo en la fraternidad. Por Jesucristo nuestro Señor...

 

3. LITURGIA DE LA PALBRA

 

Monición a las lecturas. La Palabra de Dios se dirige a nosotros con estilo claro y directo. Según la primera lectura, ante todo debemos confiar siempre en Dios porque Él no nos falla y, además, completa nuestras aspiraciones. Poner la confianza en el dinero, en la fuerza o en el placer egoísta desencadena desigualdades y falta de amor. Las bienaventuranzas recogen y expresan lo esencial del mensaje de Jesús. El mayor problema del cristianismo es que muchos no nos hemos tomado en serio este mensaje; y no digamos en la sociedad del consumismo alocado. Pero ¡Ay de aquellos que se ríen cuando la mayoría lloran y sufren!

Lecturas. Jr 17,5-8. Salmo o canto. 1Co 15,12.16-20. Aclamación. Lc 6,17.20-26. Breve silencio.

Comentario homilético. La primera lectura contrapone dos tipos de personas: aquellas que se fían de Dios y siguen sus indicaciones por convencimiento, y aquellas que se apoyan solo en asuntos pasajeros apartando su corazón del Señor. Las primeras crecerán bien regadas y darán frutos, mientras que las segundas serán como cardos secos que no harán el bien ni dejarán hacerlo.

¿Demasiado fuerte este mensaje? Pues más fuerte y atrevido es el evangelio de las bienaventuranzas, sobre todo éste de San Lucas que añade amenazas contra los ricos, los hartos... Para muchos es un mensaje difícil de encajar. Hay quien quisiera que no se le hubiera ocurrido a Jesús, porque menuda faena eso de vivir las bienaventuranzas. A otros cuando las meditan con sinceridad, se sienten avergonzados por su modo de vivir. Hay quien dice que es un ideal excesivo e irrealizable... Y hay quien considera que es el mensaje más auténtico, testimonial , y revolucionario del Evangelio.

Yo creo que, ninguna otra página revela una imagen de Jesús tan clara, como las bienaventuranzas. Son su alternativa original, la espiritualidad desafiante que ha convencido y encantado a muchos, las líneas aparentemente torcidas que ayudan a ir derecho, la mentalidad que echa por tierra los falsos valores que pretenden imponer socialmente.

Tenemos que estar muy agradecidos a Jesús por este mensaje, porque traza los caminos de la verdadera felicidad... ¿Pude ser dichoso un pobre, un hambriento, uno que llora o uno que es odiado y perseguido? Jesús nos dice que sí, siempre que la causa de tales situaciones sea la virtud. E indirectamente asegura: por el camino de los vicios nadie es verdadera y plenamente feliz. Para Jesús el valor humano no está en el rico, en el que triunfa y es famoso a cualquier precio, en el que tiene poder e influencia y ve a los demás como inferiores, en el que se divierte descaradamente, en el que manda sin escrúpulos, en el que se ríe de los pobres..., ¿genera más felicidad la sociedad de la abundancia que el Evangelio? ¿No seriamos más felices teniendo menos y compartiendo más? El valor para Jesús está en el que elije ser pobre, desprendido, sencillo... Para un discípulo de Jesús, y yo diría que, para cualquier persona sensata, intentar la felicidad al margen de las bienaventuranzas es como intentar respirar sin atmósfera.

No, las bienaventuranzas no son ninguna tomadura de pelo. Son la mejor noticia del Evangelio, una fina espiritualidad que solo los sensibles y los de corazón limpio pueden captar. Son el programa del Reino de Dios, el cuestionario que hemos de aprobar todos los que intentamos ser cristianos.

Para poder ponernos en camino aprendamos de Jesús la dicha de ser pobres. Seguir a Jesús comporta aprender a ser pobre hasta elegir voluntariamente serlo. Quien vive el don de la pobreza evangélica; contempla y utiliza los bienes materiales como un medio de comunión, no se hace esclavo de las cosas, no las busca con ansiedad. Quien se siente pobre, rehúye todo privilegio, entiende que la verdadera dignidad reposa en la sencillez y adopta una postura de igualdad con los demás.

Si empezamos a vivir así entenderemos el mensaje de las bienaventuranzas. (Silencio de interiorización)

Credo

Oración de fieles.

Oremos para que la Iglesia sea un símbolo de austeridad y de comunión, Roguemos al Señor.

Oremos por los pueblos que sufren el acoso de la pobreza, para que desaparezca la injusticia que los oprime antes de que desfallezca su esperanza, Roguemos al Señor.

Pidamos por quienes son más responsables de la justicia social y de la distribución de los bienes, roguemos al Señor.

Pidamos vivir este mensaje evangélico con conciencia profunda, roguemos al Señor.

Oremos unos por otros para que seamos austeros en la manera de vivir y solidarios en el compartir, roguemos al Señor.

Canto

 

4. RITO DE COMUNIÓN

 

Monición. Dios nos da confianza, firmeza, Jesús nos propone una vida bienaventurada, nos invita a vivir como pobres y solidarios para dar testimonio del Reino de Dios. Jesús ha ido por delante con el ejemplo.

Canto

Plegaria

Padre santo, está claro que eres bueno.
Hasta resultas raro por ser tan diferente.
Todo el mundo va a lo suyo
buscando la eficacia, la alabanza, el aplauso,
en definitiva, queriendo sobresalir...

Tú, en cambio, eres partidario de ser pobre
sencillo, sufrido, solidario...
y por ahí nos aseguras un reino de felicidad.
¡ Cómo no! Te creemos,
aunque la mayoría de la gente nos grita lo contrario.

Por eso escasea en nuestro mundo la generosidad, la justicia, la nivelación...
Todavía necesitamos el milagro del compartir.

Haz, Padre, que los ojos y la sensibilidad estén abiertos.
Incúlcanos la espiritualidad que salva.
Impulsa entre nosotros la opción por los pobres
para que seamos desprendidos por convicción.

Te lo pedimos por Jesús, que, siendo rico,
se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza.
Unidos a ÉL y a todos los pobres de la tierra
te rezamos la oración que nos enseñó: Padre nuestro...

 

Gesto de la paz

Distribución de la comunión: canto

Acción de gracias

 

Gracias, Jesús, porque derrochas a diario tus dones sobre nosotros.
Nos sumerges en la bondad de Dios y nos invitas a ser felices.

Pones en nuestras manos la herramienta del Evangelio
y nos señalas el desafío del Reino de Dios

Nos recuerdas que somos hijos adoptivos
para que vayamos por delante con el ejemplo como Tú.

Cuenta con nosotros Señor para mejorar la tierra y acercar el cielo.

 

5. RITO DE DESPEDIDA

 

Compromiso. Revisar detenidamente si vivimos las bienaventuranzas; vivir y difundir una mentalidad (cultura) de la generosidad y la solidaridad (caridad cristiana).

Bendición

Monición final. Las bienaventuranzas recogen el ideal de Jesús, proponen el estilo de vida que nos debe caracterizar a todos los bautizados. Es un ideal atrayente pero difícil. Toda persona sensata lo acepta y se esfuerza por seguirlo. En las bienaventuranzas se recoge la manera acertada de vivir, la que está de acuerdo con lo que indica la conciencia. Si seguimos este ideal, pasaremos por este mundo haciendo el bien como el Maestro. Si no, estropearemos nuestra vida y la de los demás.

Canto final y despedida.

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