Miércoles, 24 Abril 2019 12:46

Celebrando la Palabra - II Domingo de Pascua (28 de abril)

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Celebración del II Domingo de Pascua. 28 de abril de 2019.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos utilizar el cartel que se propone para toda la Diócesis: “Comunidades que regalan luz”

Y también podemos poner esta frase delante del altar: “PAZ A VOSOTOS”

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición. Nos reunimos el con entusiasmo que nos genera la Pascua. La experiencia de Jesús resucitado es el principal motivo para seguir el ideal cristiano y para animarnos a ser luz para los demás. Celebremos gozosamente este encuentro pascual y sintamos también el compromiso que conlleva: Jesús es el Señor y salvador; pero su obra en el mundo, la redención, no está terminada, continúa, de ahí la invitación a regalar a todos la Luz que Él nos da.

Canto

Saludo. Hermanos, alabemos juntos al Señor Resucitado, que nos colma de amor y paz.

Acto penitencial

Tú, el primogénito de la nueva creación: Señor, ten piedad.
Tú, vencedor del pecado y de la muerte: Cristo, ten piedad.
Tú, que nos quieres testigos del perdón: Señor, ten piedad.

Gloria

Oración. Dios, Padre bondadoso, que reanimas la fe de tu pueblo con la celebración anual de la Pascua; acrecienta en nosotros tus dones, para que comprendamos mejor que la vivencia del bautismo nos purifica, que el Espíritu nos impulsa a renacer y que la sangre de Jesús, nos ha redimido. Por J. N. S. Amén.

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. El gran argumento en favor de la Resurrección de Jesucristo es el cambio de vida realizado en los discípulos, convertidos ahora en “Apóstoles” Ahora son capaces de hacer signos, pero en realidad su manera de vivir constituía el mejor signo. Por eso la gente se hacía lenguas de ellos.

El Evangelio recuerda que la fe es un don y una experiencia espiritual. Por eso no se bueno que nos empeñemos en pedir pruebas de otro estilo... Cuando lo pretendemos, como el apóstol Tomas, estamos exigiendo algo fuera de lugar. La fe no se capta por las manos sino por el espíritu.

Lecturas. Hch 5,12-16. Salmo o canto. Ap. 1,9-13.17-19. Aleluya. Ju 20,19-31. (Breve silencio)

Comentario homilético. En las primeras comunidades cristianas a medida que crecían en el conocimiento de Jesús resucitado, se llenaban de una fuerza interior que los hacía hablar sin miedo, vivan intensamente al aire del Espíritu; por aso abundaban los signos y prodigios y lo más importante: el testimonio de su modo de vivir.

La catequesis que se narra en la escena Evangélica nos describe, en primer lugar, la reacción de los discípulos tras la captura y muerte del Maestro. Se encerraron, se dejaron contagiar de la tensión que había hecho presa en el grupo, estaban asustados, turbados en el cuerpo y en el alma. Pero Jesús nunca abandona a los suyos y menos cuando están aplastados por la frustración. Superando todos los obstáculos, se presenta ante ellos y les saluda con el gesto de la paz, Es su mejor señal de identificación y el regalo que más necesitan. Su presencia es sorprendente y dinamizadora. Les dice: Nada de estar encerrados; fuera todo temor. Abrid las puertas y las ventanas; gritad con la palabra y con el testimonio que estoy entre vosotros impulsando a vivir en la claridad de la plaza, donde la luz llega sin obstáculos. Salid a hacer misión.

Esto nos viene a decir hoy, que la experiencia de Jesús resucitado nos reviste a los bautizados de coraje y decisión. Nos vemos iluminados y transformados. El aliento vital del Maestro nos penetra hasta los tuétanos y nos llena de la luz nueva. Este espíritu nos impulsa para que podamos irrumpir en todos los ambientes con el talante místico y evangelizador de los verdaderos testigos de la luz, y con el sentido misericordioso del perdón.

Creer es un don. Pero no siempre experimentamos la presencia de Dios con normalidad y evidencia. El caso de Tomás lo hemos podido vivir cualquiera de nosotros. El testimonio de los otros creyentes no es suficiente en algunos casos.

Sin embargo, no podemos prescindir de la comunidad para vivir la fe, pues solamente es auténtica cuando se acrecienta en la experiencia comunitaria. Por eso Tomás ausente de la comunidad no creía, unido de nuevo a la comunidad pudo exclamar: “¡Señor mío y Dios mío!”. El Espíritu y la comunidad son las grandes mediaciones de la fe.

Credo

Oración de fieles

Te pedimos, Señor, por la Iglesia, para que muestre el ideal cristiano en todas las culturas, roguemos al Señor.

Te pedimos por todos los pueblos de la tierra, para que vivan en paz y libertad, roguemos al Señor.

Para que la luz del Señor resucitado llegue a los que más lo necesiten, roguemos al Señor.

Te pedimos que aprendamos a construir fraternidad, por encima de interese que dividen, roguemos al Señor.

Te pedimos por los jóvenes, para que también en sus vidas descubran la fuerza del Evangelio, roguemos al Señor.

Y por todos nosotros, para que expresemos en medio de los vecinos el valor de la vida pascual, roguemos al Señor.

Canto

 

4. RITO DE COMUNIÓN

 

Monición. Jesús resucitado, presente en la comunidad, nos entrega su paz y su misión. Que la comunión con Él refuerce nuestra inquietud misionera.

Introducción al Padre Nuestro

Querido Padre, nos satisface bendecirte
y celebrarte por la fe en Jesús resucitado,
que vuelca su paz y su espíritu en la Iglesia
para que extendamos misioneramente tu Reino.

Esta comunidad te agradece
que le hayas entregado las “llaves de la vida”:
la maravilla del Evangelio y el dinamismo fraternal.

Somos una señal de tu Reino,
un interrogante de conversión pascual.

Tú eres el tesoro que podemos ofrecer,
en compañía de Jesús y del Espíritu,
para vivir con dignidad y con esperanza firme.

Padre santo, nos conmueve el regalo de la fe
y nos sorprende como se propaga
cuando la vivimos de corazón en comunidad misionera.

Porque deseamos que todos te alaben,
unimos nuestras voces para decirte: Padre nuestro....

Gesto de la paz

Distribución de la comunión

Acción de gracias

Las manos de Jesús son un poema:
manos con llagas relucientes,
manos que rescatan de la muerte,
manos que confirman la fe de los discípulos,
manos que acarician a los niños, como un beso,
manos que bendicen y parten el pan en sacramento
manos que curan a los enfermos
manos vivas, delicadas, redentoras; anos fuertes.

La vida toda va pasando por sus manos
al contacto con sus manos, resucita.

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Ser testigos de paz y de Evangelio, regalando luz.

Bendición

Monición final. Vivir a la altura de Jesús proporciona mucho valor. A su lado se fortalecen la fe, la paz. la misión, valores que hemos ido detectando en esta celebración. Nuestra perspectiva es hacer comunidad que evangeliza, que contagia aspiraciones y valores; que regala luz. Por eso recordemos de nuevo cómo Jesús nos traslada el envío: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Llevemos, pues, a nuestros lugares de convivencia el testimonio y el mensaje de lo que hemos vivido. El señor nos acompaña siempre.

Canto final y despedida.

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