Miércoles, 17 Julio 2019 11:36

Celebrando la Palabra - XVI Domingo Tiempo Ordinario (21 de julio)

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Celebración del XVI Domingo del Tiempo Ordinario. 21 de julio de 2019.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos colocar delante del altar una de estas frases: “Dios cumple sus promesas” o “Orar y trabajar, ambas por igual”.

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición. Bienvenidos, hermanos y hermanas a la celebración. Entre todos los mensajes que nos presenta hoy la Palabra quedémonos con la acogida y la hospitalidad. Estos valores expresan sensibilidad, amor y un alto grado de sociabilidad. Que los ejemplos de Abraham y de la familia de Betania nos inspiren en nuestras relaciones con los demás.

Canto

Saludo. Hermanas y hermanos, bendigamos a Dios que ora con nosotros.

Acto penitencial

Porque no oramos cuanto conviene, Señor, ten piedad.

Porque eres nuestro Salvador, Cristo, ten piedad.

Porque acoges a todos los pecadores, Señor, ten piedad.

Gloria

Oración. Padre bondadoso, llénanos de los dones de tu gracia, para poder así vivir con entusiasmo la fe, practicando la caridad y regalando esperanza. Por J. N. S.

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. La hospitalidad de Abraham es amplia y generosa. No le piden alojamiento, pero él se adelanta, ofrece su casa y sirve una mesa abundante. Este relato revela lo valioso que es acoger de corazón.

La segunda lectura aporta una interpretación del sufrimiento: no se trata de buscar el dolor, sino que, cuando llega, hay que saber asumirlo e integrarlo en el plan salvador de Dios.

El Evangelio presenta uno de los encuentros de Jesús con las hermanas Marta y María. Jesús nos dice, a través del dialogo con Marta que, es necesario trabajar, hacer todo lo que sea necesario para acoger, pero, tan importa mucho escuchar la voz de Dios que nos habla en el silencio y la contemplación.

Lecturas. Gn 18,1-10a. Salmo o canto. Col 1, 24-28. Aclamación. Lc 10, 38-42. Breve silencio

Comentario homilético. En el mensaje de hoy sobresalen la acogida y la hospitalidad. Las ponen en práctica Abraham; y la familia de Betania con Jesús, entre quienes debía de existir una gran amistad. Las dos escenas son de una gran humanidad y, por lo tanto, llenas de detalles de atención y cuidado. Abraham y Marta se desviven por atender a los invitados. Sólo que, en el caso de las hermanas, Jesús viene a decir: todos los detalles están bien; pero el mejor detalle es el de María, que se ha sentado a mí lado y me está escuchando.

Efectivamente, orar es, sobre todo, escuchar. A lo largo del Evangelio Jesús da mucha importancia a esto de escuchar la Palabra para ponerla después en práctica. En este pasaje Marta es la activa, se afana y se multiplica para que no falte nada; María, en cambio, es la orante: se ha sentado a los pies del Maestro y escucha sus palabras como una buena discípula. Estas dos hermanas han sido consideradas como la personalización de los dos estilos de vida que se dan entre los cristianos. Las dos están deseando que Jesús esté en su casa. Pero la manera de reaccionar ante su presencia es diferente: María concede prioridad al diálogo y la escucha de Jesús, Marta considera necesario hacer cosas para atenderle.

Jesús manifiesta preferencia por la manera de proceder de María. Valora más el diálogo orante que el hacer y hacer cosas... la actividad puede hacer perder orientación y espiritualidad si no está animada por la oración.

Yo creo que lo acertado es conjugar oración y acción, porque se necesitan y se complementan. Toda nuestra vida debe de estar empapada de oración. El cristiano auténtico no “hace oración a ratos” sino que es “un orante”; respira con naturalidad la relación con Dios; experimenta minuto a minuto, que Dios le ama. Esta condición orante no depende de tiempos ni de lugares; es la atmosfera vital del creyente, la conciencia y el clima en el que transcurre su vida. Por eso, seguramente Jesús no reprocha a Marta que esté activa, sino que la actividad le impida escuchar y orar...

La acción comprometida y la oración deben ir muy unidas en la vida del creyente, forjando un buen equilibrio religioso. La fe necesita de ambas. Para trabajar el Reino de Dios se necesita la oración. Así nos lo enseño Jesús con su modo de actuar: recurre a la oración para alimentar el compromiso. Él fue activo como el que más y orante como ninguno. Precisamente la oración le llevó al más sublime acto: dar la vida por todos.

Por tanto, es necesario que nos sentemos a los pies de Jesús, como hizo María, para ser cristianos místicos, y ello nos llevará al compromiso activo. (Silencio de interiorización)

Credo

Oración de los fieles

Por la Iglesia, para que sea como una familia a imagen de Dios, roguemos al Señor.

Para que las comunidades cristianas sean un testimonio creíble y atrayente, roguemos al Señor.

Por cuantos se afanan desmesuradamente en la acción, para que valoren también la reflexión y la oración, roguemos al Señor.

Para que nuestra comunidad sea acogedora, hospitalaria y misionera, roguemos al Señor.

Por cuantos disfrutan de las vacaciones, para que les sirvan de descanso, de encuentro y convivencia feliz, roguemos al Señor.

Por todos nosotros, para que sepamos orar la vida, de manera que la acción y la oración den fruto mutuamente, roguemos al Señor.

 

4. RITO DE LA COMUNIÓN

 

Monición. Jesús es muy comunitario y familiar; le gusta estar con los amigos y dialogar la vida. Eso es orar.

Canto

Introducción al Padre nuestro

Padre santo,
hemos de bendecirte porque nos envuelves y nos llenas de vida;
hemos de darte gracias porque nos oras y sostienes.

La mejor oración es la que Tú nos diriges
y nosotros escuchamos.
Y junto a esta la que nosotros mantenemos cada día
mientras trabajamos, convivimos o descansamos.

Jesús, habitado por Ti y por el Espíritu
nos recomienda orar siempre, sin descanso,
para no caer en ninguna tentación.

Él, experto en humanidad y primero en todo,
necesitó recurrir a la oración como cualquiera.
Testigo y Maestro nos enseñó a orar desde la vida
y a unir compromiso y oración.

Su testimonio orante es el resumen de un creyente activo,
apasionado por Ti y por tu Reino.
Con Él y con todos los que te bendicen te rezamos, unidos a los que más sufren,
la oración de los hijos y hermanos: Padre nuestro...

Gesto de la paz

Distribución de la comunión, canto

Acción de gracias

Jesús, estás en medio de nosotros como un amigo.

Sostienes nuestra oración con tu presencia silenciosa.
es hermoso tenerte tan presente, tan íntimo.
ofreciéndonos tanta luz y redención.

Fortalece nuestro vigor de pascua
para saber transmitir el Evangelio recibido.

Ayúdanos a avanzar irradiando tu luz,
lejos de banalidades y de estancamientos.

Gracias por tu ternura y por tu inmensa generosidad.
Hemos aprendido muchos valores de Ti
Cuenta con nosotros para hacer fraternidad.

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Orar escuchando al Señor. Acogida, hospitalidad para con todos.

Bendición

Monición final. Hemos compartido la celebración. Ahora nos toca proyectarla en la vida diaria. No olvidemos el mensaje de la hospitalidad. Podemos ejercitar durante la semana actitudes de acogida y de escucha. siempre en la perspectiva de la generosidad y del compartir. que el Señor nos ayude: Buena y santa semana para todas y todos.

Canto final y despedida.

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