Jueves, 01 Agosto 2019 11:30

Celebrando la Palabra - La Asunción (15 de agosto)

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Celebración del XVIII La Asunción de Santa María Virgen. 15 de agosto de 2019.

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 1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos colocar delante del altar una de estas frases: “Dios triunfa en María” o “María es un gran estímulo”

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición. Celebramos hoy la Asunción de María, es decir, su llegada a la plenitud de Dios. Proclamamos, con toda la Iglesia, su triunfo porque cumplió el compromiso que asumió ante Dios.

La asunción de María, asociada a la Ascensión de su Hijo, es un gran símbolo de esperanza para todas las personas creyentes que confiamos y trabajamos, día a día, la salvación total.

María y su cántico de alabanza, el Magníficat, son una inspiración y una gran fortaleza para nuestro caminar en la fe.

Canto

Saludo. Hermanas y hermanos, bendigamos al Señor por el regalo de la Asunción de María al Cielo.

Acto penitencial

Tú, que has vencido al pecado: Señor, ten piedad.

Tú que naciste de María para asumir nuestra condición: Cristo, ten piedad.

Tú que estas orgulloso de María: Señor, ten piedad.

Gloria

Oración. Porque te has complacido, Señor, en la humildad de tu sierva, la Virgen María, has querido elevarla a la dignidad de Madre de tú Hijo y la has coronado de gloría y esplendor; por su intercesión, te pedimos que a cuantos has salvado por el misterio de la redención nos concedas también el premio de tu gloria. Por J. N. S.

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. Una mujer que triunfa sobre el dragón, como expresa el Apocalipsis, simboliza que todos los nacidos de mujer podemos vencer el mal.

Por otra parte, la resurrección de Jesús ha supuesto la reapertura de la salvación para toda la humanidad. Lo que en Él fue primicia, lo celebramos hoy como plenitud en una criatura: María.

El Evangelio presenta un encuentro entrañable entre dos mujeres, María e Isabel, envueltas por el misterio de Dios. En este contexto María proclama su canto creyente.

Lecturas. Ap 11,19a; 12,1-6a.10ab. Salmo o canto. 1Co 15, 20-26. Aclamación. Lc. 1,39-56. Breve silencio

Comentario homilético. Esta fiesta mariana acontece en medio del verano, en un contexto general de vacaciones. En muchas comunidades es la fiesta patronal, mezclándose la religiosidad y la fe del pueblo con su folclore, que son nuestras raíces y nuestra forma de expresar y vivir lo más genuino de la existencia.

Sin embargo, la Asunción de María evoca, sobre todo, la trayectoria de esta mujer creyente que enriquece, con su tonalidad femenina y con su calidad humana, la fe del pueblo de Dios. Ella acentúa los rasgos cercanos y prácticos de la fe; transmite que Dios lleva a la gente en el corazón y protege especialmente a los perdedores, necesitados y sencillos. Después de su recorrido vital, es arrebatada por el poder divino, una vez que se sintió contemplada, elegida y amada entrañablemente por Dios.

La Iglesia definió oficialmente la verdad de la Asunción de María el 1 de noviembre de 1950. Pero el Pueblo de Dios, los creyentes sencillos, celebraban esta verdad intuitivamente desde el siglo quinto- sexto, lo llamaban: La fiesta del Tránsito o la Dormición de la Madre de Dios.

El sentido profundo de esta fiesta es la culminación natural y feliz de los creyentes que esperamos en Dios y confiamos en sus promesas. María hoy colocada junto a su Hijo en lo más alto, representa la bienaventuranza anunciada por Él para todos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen. Es un aliento de vida para todos los que hacen Reino de Dios y gastan la vida en favor de la tierra nueva.

En María triunfa simbólicamente toda la humanidad. La fe nos asegura lo que percibimos por la intuición: Somos seres con un gran futuro. Dios lo garantiza.

Ese futuro humano-divino, será una experiencia continua de plenitud, un gozo inacabable de encuentro esperado, una sabrosa comunión, sintiendo que Dios nos habita maravillosamente vinculados con todo y con todos. (Silencio de interiorización).

Credo

Oración de los fieles

Para que la Iglesia, como María, luche contra el mal en cada una de sus formas, roguemos al Señor

Para que hombres y mujeres trabajemos unidos por el bien común, roguemos al Señor.

Por todos los cristianos, para que sepamos testimoniar nuestra vocación que culmina en el cielo, roguemos al Señor.

Para que el canto de María, que resume su fe, enriquezca nuestro credo personal, roguemos al Señor.

Para que aprendamos de María lo que significa la verdadera promoción, roguemos al Señor

Por todos nosotros, para que la condición elevada de María nos ayude a superarnos, roguemos al Señor.

 

4. RITO DE LA COMUNIÓN

 

Monición. María vivió en estrecha comunión con Jesús y con la primera comunidad cristiana -la Iglesia- aprendamos de ella lo que significa comulgar.

Canto

Introducción al Padre nuestro

Alabado seas, Padre santo
Señor del cielo y de la tierra,
que nos bendices con el triunfo de María,

Virgen valiente, Madre de la Iglesia,
que sube al cielo coronada de gloria.

Siguió el camino de Jesús,
peregrina de los nuevos cielos,
admirada ante el premio que concedes
a los que cumplen tu Palabra con fidelidad.

Sensible desde niña a tu misterio,
vivió como una discípula el regalo de la redención.

La salvaste por completo
la preservaste desde la raíz
y te la llevaste contigo,
atraído por el encanto de su personalidad.

Nosotros, ahora, llenos de alegría por su bienaventuranza
y animados por lo que significa para nosotros,
te rezamos, llenos de confianza, la oración de los hijos y los hermanos: Padre nuestro.

Gesto de la paz

Distribución de la comunión: canto

Acción de gracias

¿A dónde va, cuando se va la llama?
¿a dónde va, cuando se va la rosa?
¿Qué regazo, que esfera deliciosa,
qué amor de Padre la alza y la reclama?

Esta vez como aquélla, aunque distinto,
el Hijo ascendió al Padre en pura flecha.
Hoy va la Madre al Hijo, va derecha
al Uno y Trino, al trono en su recinto.

Por eso el aire, el cielo, rasga, horada,
profundiza en columna que no cesa.

Coronada de cielo, la tierra añora.
intercediendo siempre por sus hijos...
Gracias, Señora... mediadora...

(himno de laudes)

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Alzar la vida, subir en calidad hasta la altura de María.

Bendición

Monición final. La Asunción de María nos deja a los creyentes muy buenas sensaciones. Podemos confiar en que el cielo está a nuestro alcance.

Pero el Cielo, comienza a preparase aquí, llegando como los santos, a lo que parece imposible: vivir amando y sirviendo a todos. Ellos, como María hicieron todo lo posible para que el Reino de Dios fuera extendido y disfrutado por todos. En su esfuerzo experimentaron la recompensa.

Salgamos de este encuentro con el ánimo subido. Contagiemos el valor de la vida, abierta a la plenitud que Dios regala.

Canto final y despedida.

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