Jueves, 01 Agosto 2019 11:46

Celebrando la Palabra - XXI Domingo Tiempo Ordinario (25 de agosto)

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Celebración del XXI Domingo del Tiempo Ordinario. 25 de agosto de 2019.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos colocar delante del altar un cartel con una de estas frases: “No hay vida plena sin esfuerzo” o “La salvación es don y tarea”.

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición. “Señor, ¿serán pocos los que se salven?” Jesús contesta a esta pregunta avisando que no basta con cumplir estrictamente las prácticas religiosas. Es necesario “entrar por la puerta estrecha”, es decir, elegir y descartar según el Evangelio.

Dios nos regala la salvación, nos la ofrece todos los días; nuestro deber es acogerla como un don inmerecido, pero regalado por amor, y.… ya sabemos el dicho: “Amor con amor se paga”. Hermanas y hermanos, celebremos el amor de Dios y nuestra fraternidad.

Canto

Saludo. Hermanas y hermanos, alabemos juntos al Señor que nos quiere de verdad.

Acto penitencial

Tú, que al corregirnos nos fortaleces, Señor, ten piedad.

Tú que nos invitas a entrar por la puerta estrecha, Cristo, ten piedad.

Tú que nos quieres los últimos para ser los primeros, Señor, ten piedad.

Gloria

Oración. Oh Dios, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo; inspira a tu pueblo el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría. Por J. N. S.

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. En la primera lectura. Isaías anuncia que la salvación de Dios es para todos.

La carta a los hebreos nos enseña: Como un padre reprende a su hijo para corregirlo. Dios también nos puede corregir porque nos quiere.

El Evangelio nos habla de una jerarquía de valores muy peculiar; según ella, “hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos”. Es decir, el Reino de Dios es alternativo y sorprendente.

Lecturas. Is 66, 18-21. Salmo o canto. Hb 12, 5-7. 11-13. Aclamación. Lc 13, 22-30. Breve silencio

Comentario homilético. Resulta un poco inquietante la pregunta que alguien le hace a Jesús: “Señor, ¿serán pocos los que se salven?” Con más o menos acento esta cuestión surge en todos los tiempos... Jesús no responde dando cifras; a Él no le interesan los números ni las estadísticas. Su experiencia del amor del Padre no le deja ninguna duda: Dios es Amor y misericordia entrañable, por Él todos pueden salvarse. Otra cosa es si nosotros queremos.

Y es por este motivo que su contestación se vuelve exhortación y propuesta. Dice: “esforzaos en entrar por la puerta estrecha” y.… qué es eso de la puerta estrecha? Es el camino de las bienaventuranzas; los valores del Reino. Y es en ese talante creyente donde germina la salvación que Dios nos regala a todos.

¿Sorprendente? La verdad es que nadie se salva por creerse cristiano de toda la vida o por enchufe particular. Con Dios no hay recomendación que valga. La salvación se va labrando día a día, al estilo del Maestro y con el espíritu de las bienaventuranzas. Estas son las mejores herramientas que nos han dejado.

Por tanto, la salvación está al alcance de todos, y el camino suficientemente revelado en el Evangelio. Otra cosa es que lo queramos emprender pando por la puerta estrecha. Jesús mismo es Camino, Verdad y Vida, Luz, Resurrección...Su estilo de vida es el óptimo, el ideal; en sí mismo ya es salvador.

Dice un refrán: “Cuando el camino se hace duro, sólo los duros siguen en el camino”. Así es la senda de la salvación cristiana, no es precisamente de rosas, que también las tiene, sino de despojo de esfuerzo y de fidelidad.

En resumen, la parábola de la puerta estrecha nos habla de conversión y revela que la salvación cristiana es una aventura difícil, pero asequible a todos, sabiendo que Él nos acompaña siempre. (silencio de interiorización)

Credo

Oración de los fieles

Por la Iglesia, para que viva de la fe y de los valores Evangélicos, roguemos al Señor.

Para que las comunidades cristianas alumbren creyentes apasionados por el Evangelio, roguemos al Señor

Por los que se alejan de la fe, para que recobren el encuentro con Dios, roguemos al Señor.

Para que aumente la calidad de nuestra fe y de nuestro testimonio, roguemos al Señor.

Por todas nuestras intenciones y por las necesidades de nuestro pueblo, roguemos al Señor.

 

4. RITO DE LA COMUNIÓN

 

Monición. Los amigos de Jesús entran por la puerta estrecha de las bienaventuranzas. Adoptan este estilo de vida que no es habitual. Si comulgamos con Jesús, aceptamos su mentalidad. y trabajamos por su Reino.

Canto

Introducción al Padre nuestro.

Te bendecimos, Padre, porque estás a nuestro lado
con la comprensión y la ternura de una Madre.

Eres para todos como una brújula de orientación,
porque señalas con claridad cómo llegar salvados
a tu casa de amor siempre abierta.

Nos reprendes con ternura y misericordia cuando nos equivocamos.
Y nos recuerdas: “Hay que caminar por la senda de las bienaventuranzas.

Sí, Padre, deseas fervientemente nuestra felicidad.
Pero no la impones. Toda amistad se elige.

También la comunión. Por eso, sólo te conocen
los que pasan por la puerta estrecha
eligiendo servir amar y perdonar…

Esa es tu verdad y tu razón. Nosotros te creemos
Y unidos en comunidad creyente y fraterna te decimos a una sola voz: Padre nuestro...

Gesto de la paz

Distribución de la comunión: canto

Acción de gracias

Dichoso quien no se deja seducir
por los que venden su dignidad.
Dichoso quien no participa en la carreara loca
de ser el primero para sobresalir.
sino que elige el último lugar porque es sencillo y sirve.

Quien actúa así, es posible que no sea admirado,
pero es persona de criterio y al final convencerá.

El camino fácil es engañoso, un callejón sin salida.
El camino del Evangelio no es cómodo,
pero conduce a la Vida...

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Para salvarnos y salvar los ambientes no tenemos herramientas mejores que las bienaventuranzas.

Bendición

Monición final. Dios, como buen Padre, corrige, porque nos quiere auténticos, con personalidad limpia y robusta. Pero sobra toda corrección si entramos por la puerta estrecha que da paso a los valores evangélicos y a la vida de calidad. Recordemos: en el Reino de Dios “hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos”, es decir, en la jerarquía de valores que Dios propone no es primero el que pude más, el que está más alto o el que más tiene. sino el que pone todo al servicio del Reino.

Canto final y despedida.

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