Miércoles, 09 Octubre 2019 10:08

Celebrando la Palabra - XXVIII Domingo Tiempo Ordinario (13 de octubre)

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Material para el Animador de la Palabra.

Celebración del XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario. 13 de octubre de 2019.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos colocar en lugar bien visible un cartel con una de estas frase: “La fe salva” o “¿ Eres agradecido?”

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición de entrada. Hermanas y hermanos, seguramente nos suena este refrán: Es de bien nacidos ser agradecidos. Pero también hemos oído este otro: El mundo está lleno de desagradecidos. Hoy vamos a resaltar el valor del agradecimiento por su calidad humana y evangélica.

Canto

Saludo. Hermanas y hermanos, bendigamos al Señor dándole gracias en toda circunstancia.

Acto penitencial

Porque eres bueno y nos perdonas siempre, Señor, ten piedad

Porque no te respondemos con elegancia de espíritu, Cristo, ten piedad.

Porque nos cuesta expresarte el agradecimiento, Señor, ten piedad

Gloria

Oración. Padre bueno, Tú, eres nuestra mejor brújula para nuestro caminar, tu sabiduría nos llena, tu Palabra nos alimenta, enséñanos a dejarnos amar por Ti, y así obraremos siempre con rectitud de corazón. Por J. N. S. Amén

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. Escucharemos, del libro de los Reyes, cómo Naamán el sirio fue curado de la lepra y como quiso agradecérselo al profeta Eliseo. El evangelio, que proclamaremos, presenta un contenido parecido. Jesús curó a unos leprosos que salieron a su encuentro, pero solo uno volvió para agradecérselo. La segunda lectura recoge una bella exhortación: Dios es fiel, Jesús vive, el Evangelio libera: nadie lo puede encadenar.

Lecturas. 2R 5,14-17. Salmo o Canto. 2Tm 2,8-13. Aclamación. Lc 17, 11-19. Breve silencio.

Comentario homilético. Como hemos escuchado en la monición de entrada, el Evangelio y el libro de los Reyes, coinciden en presentar la curación de unos leprosos.

Los milagros son señales de la salvación de Dios, manifestaciones de que su Reino está siempre influyendo en la historia humana. Evangélicamente los milagros evidencian cómo Jesús está procurando por hacer el bien y aliviar a los que sufren en el cuerpo o en el alma.

Pero es la fe la que hace que se dispare la intervención divina. Así aparece en los Evangelios una y otra vez: “Tú fe te ha salvado”. En efecto, sin fe no es posible la intervención salvadora de Dios. (...)

Todo milagro encierra algún mensaje, tiene alguna finalidad. Por eso no podemos quedarnos en el envoltorio literario o, en las primeras impresiones. Que Jesús es Vida, Verdad, Luz, Resurrección, Redención..., queda mucho más claro, más evidente, cuando se comprenden los milagros. Si en ellos no se capta la presencia de Dios que salva íntegramente a la persona en todas sus dimensiones, es que no ha habido verdadero encuentro de fe.

Esto es lo que refleja el texto Evangélico. Los leprosos gritan: Jesús, maestro, ten compasión de nosotros, ellos buscan la salud física, pero también la integración en la sociedad judía de la que habían sido apartados por su condición de enfermos leprosos. Jesús los cura pero los envía a los sacerdotes según las normas de la época, para que comprueben la curación y los reincorporen a la vida de la comunidad -pueblo.

Pero vamos a fijarnos un poco más en lo que resalta el texto: dice que:”solo uno volvió a dar gracias” y nos dice aún más: este era samaritano, es decir, uno de la periferia, que no pertenecía al pueblo elegido, era despreciable para los judíos, inferior, pagano... Fue el único que abrió su corazón a Jesús y, agradecido, le manifestó que no solo le había tocado la piel sino también el corazón. Y aquí está el núcleo del mensaje, Jesús le dijo: “TU FE TE HA SALVADO”.

Los leprosos, curados por Jesús, que eran judíos, no entendieron el mensaje, no descubren a Jesús como el testigo de Dios que obra en su nombre, sino como un simple curandero. Él, busca despertar la fe, avivar el encuentro creyente; pero sólo encontró sensibilidad y acogida en el -marginado samaritano-.

Recordemos el refrán que nos leían al comienzo de la celebración: Es de bien nacidos ser agradecidos.

La gratitud no es solo una virtud humana; es también un valor bíblico muy destacado.

Por eso conviene que nos preguntemos hoy nosotros: ¿Dios es para nosotros una fuente de salud total o un recurso fácil del que echamos mano cuando nos interesa? En realidad, ¿Para qué queremos a Dios?. ¿Somos de los de: ¡¡”Santa Bárbara cuando truena?”!! (Silencio de interiorización)

Credo

Oración de los fieles

Por la Iglesia, para que sea símbolo de la salvación en medio de los pueblos, roguemos al Señor.

Por los gobernantes, para que garanticen los derechos de las personas más necesitadas, roguemos al Señor.

Por todos los cristianos, para que seamos sensibles y solidarias como Jesús, roguemos al Señor.

Por los enfermos apartados y crónicos, por los enfermos psíquicos y desahuciados, roguemos al Señor.

Para que la gratitud con Dios se traduzca en compromiso generoso con los demás, roguemos al Señor.

Por todos nosotros, para que seamos agradecidos con Dios y con los demás, roguemos al Señor.

 

4. RITO DE LA COMUNIÓN

 

Monición. Tenemos muchos motivos para ser agradecidos: la vida, la salud, la fe, el Evangelio... Cada comunión es una oportunidad para agradecer.

Canto

Introducción al Padre nuestro

Padre bueno,
Tú no eres un Dios oculto a nuestras vidas;
estás más cerca de nosotros
que dos corazones que se cruzan
o dos vidas que se encuentran.

En tu Hijo Jesús te hemos conocido
y continuamos viviendo tu presencia en la fraternidad.

Sabemos que solo puede encontrarse contigo
el que tiene verdadera “hambre y sed de Ti”,
quien desde su propia necesidad busaca en Ti

el sentido de su vida, de su trabajo, de su vocación.

Lo tremendo de nuestro encuentro contigo
es que estamos ya acostumbrados a llamarte Padre,
estamos acostumbrados a considerarnos creyentes
y la costumbre se convierte en rutina muchas veces.

Padre, danos fe y sensibilidad
para percibir el encuentro contigo en cada momento,
ayúdanos a practicar los valores del Evangelio.

Ábrenos todos los poros del alma
y llénanos de tu Espíritu Santo.
Porque eres bueno y salvador, te decimos con fe: Padre nuestro...

Gesto de la paz

Distribución de la comunión: canto

Acción de gracias

Se alegró Jesús al ver al leproso
regresar curado para darle gracias.

No quedó preso del don de la salud,
como un niño que estrena su juguete.

Recorrió el camino que va desde el don
hasta el origen de todas las ofertas;
acudió al principio vivo de las nuevas realidades,
a la persona de Jesús que es plenitud.

Los otros nueve quedaron satisfechos,
como nosotros cuando estrujamos los gozos
y nos olvidamos de ser agradecidos
con quien se da sin fin y sin medida.

Diez leprosos se encontraron con Jesús desde la necesidad.
Sólo uno lo buscó desde la gratitud.
Diez encontraron la salud.
Sólo uno encontró enteramente a Jesús.

Benjamín G. Buelta.

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Vivir la vida y la fe, agradeciendo.

Bendición

Monición final. Hemos celebrado el don de la salvación desde el valor del agradecimiento. Tenemos experiencia de la ayuda que nos proporciona la fe, para llenar de sentido la vida de cada día. Por eso no ha de faltar el agradecimiento. Como cristianos, hemos de lograr que nuestros ambientes sean más humanos por la calidad que nosotros aportamos. Intentemos ser en la calle, en el trabajo, en la familia... expresión viva de que Dios ama y salva íntegramente.

Buena semana para todas y todos.

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