Martes, 22 Octubre 2019 12:34

Celebrando la Palabra - Solemnidad de Todos los Santos (1 de noviembre)

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Celebración de la Solemnidad de Todos los Santos. 1 de noviembre de 2019.

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 1. AMBIENTACIÓN

 

Cartel con una de estas frases: “La santidad es una bendición” o “¡Qué suerte ser hijos de Dios!”

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición de entrada. Lo que vamos a escuchar hoy en el Evangelio no es buena noticia para los soberbios, ni para los conformistas, ni para los violentos... Las bienaventuranzas sólo son Buena Noticia para los que creen que el Reino de Dios es posible y ponen todo de su parte para hacerlo realidad.

Todos estamos llamados a ser santos. Y lo seremos, si nos abrimos al Espíritu de Jesús y vivimos su mensaje, a pesar de nuestras limitaciones y fallos. La fiesta de Todos los Santos nos recuerda la bondad de dios sobre nuestra pobreza, al elevarnos a la dignidad de hijos suyos y brindarnos gratuitamente la salvación.

Canto

Saludo. Hermanas y hermanos, bendigamos a Dios, el Santo entre los santos.

Acto penitencial

Tú que proclamas dichosos a los pobres y misericordiosos: Señor, ten piedad.

Tú que proclamas dichosos a los que trabajan por la paz y a los que sufren por la justicia: Cristo, ten piedad.

Tú que proclamas dichosos a los limpios de corazón: Señor, ten piedad.

Gloria

Oración. Padre bondadoso, que haces santos a quienes trabajan por tu Reino, concédenos, al celebrar la fiesta de esta multitud de hermanos que lograron alcanzar la meta, no desanimarnos nunca en el empeño por la llegada de tu Reino. Por J. N. S. Amén.

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. El libro del Apocalipsis presenta una visión profética y triunfal del pueblo de Dios. Antes o después, el Reino de Dios será una gozosa realidad.

La segunda lectura nos recuerda hasta qué extremo llega el cariño de Dios: Nos ha hecho hijos suyos sin merito alguno por nuestra parte. Si permanecemos fieles a esta vocación divina, seremos felices para siempre. El plan de Dios es que seamos dichosos, bienaventurados, santos, según el ideal de Jesús que proclamamos hoy.

Lecturas. Ap 7,2-4.9-14. Salmo o canto. 1 Ju 3,1-3. Aclamación (Aleluya) Mt 5,1-12a. (breve silencio)

Comentario homilético. Hace años ley en una revista esta frase que capto mi atención: “Una historia de la Iglesia sin escándalos, difícilmente será una historia verdadera” Seguramente no le faltaba razón al autor del comentario; pero yo pensé inmediatamente: Y una historia de la Iglesia sin santos y santas, difícilmente será una historia verdadera. Porque los santos, con su recorrido humano a imagen de Jesús, son el mejor exponente de nuestra Iglesia, los que revelan y acercan el ideal de Jesús.

La santidad es una vocación, un don del Espíritu, que conmueve desde los cimientos del ser y dinamiza hasta lo insospechado. Pero también es una tarea responsable por parte de cada uno, en colaboración con el Espíritu que actúa y ora en nosotros.

Dios quiere que vivamos felices y, el mejor modo de conseguirlo es la fidelidad al sueño de su amor, ÉL nos soñó felices, santos. Pero hemos dicho que también es una tarea, una responsabilidad personal, porque nadie puede suplirnos en esta dimensión, aunque tenga también un aspecto comunitario.

Es, la santidad, un valor al que todos debemos aspirar. Este valor ha de adornar la vida de todos los seguidores de Jesús y la de todos los hombres y mujeres, porque fuimos creados imagen y semejanza de Dios.

Dios no nos pide imposibles, para ello nos ofrece siempre los medios necesarios, hoy nos muestra el camino de las bienaventuranzas. Son motivaciones cargadas de razón, caminos de vida acertada, un resumen impresionante de las opciones y las actitudes que hacen grande a Jesús y a sus seguidores.

Para Él ser santo coincide con el cumplimiento de la voluntad de Dios. Así lo expresa en su oración. Por tanto, es más que un sentimiento o un deseo. El cumplimiento de la voluntad de Dios se manifiesta sobre todo con obras; la vida misma es el crisol de la santidad.

Para nosotros la santidad se concreta, también, en el seguimiento de Jesús, en vivir con unas acritudes y unos compromisos semejantes a los suyos; entre otros, los que recogen las bienaventuranzas. Este es el talante radical y característico de los hijos de Dios.

En resumen, la fiesta de hoy tiene un doble objetivo: Celebrar la santidad de Dios y la de tantos hombres y mujeres que embellecen la historia de la Iglesia, y avivan en nosotros el deseo de trabajar por el Reino, viviendo en la onda y el ritmo del Dios trinitario. (silencio de interiorización)

Credo

Oración de los fieles

Oremos por la Iglesia, para que sea fiel al espíritu de las bienaventuranzas, roguemos al Señor.

Oremos por todos los que hacen posible el Reino de Dios, roguemos al Señor.

Oremos por los que buscan con sinceridad una experiencia religiosa, para que reciban el don de la fe, roguemos al Señor.

Podadnos por todos los cristianos, para que trabajemos con esmero el ideal de la santidad, roguemos al Señor.

Oremos por todos los que queremos ser buenas personas y nos vemos llenos de defectos, para que esta celebración nos estimule a la auténtica conversión, roguemos al Señor

Oremos por todos nuestros seres queridos, para que sus trabajos, sus desvelos, su entrega generosa en favor de sus familias y su fidelidad en la fe hasta la muerte, Dios se lo haya premiado con la corona de la Vida en su Reino, roguemos al Señor.

 

4. RITO DE LA COMUNIÓN

 

Monición. Las bienaventuranzas definen cómo es Jesús y qué espera de nosotros. Los que comulgamos con Él y nos sentimos hijos de Dios, debemos irradiar santidad.

Canto

Introducción al Padre nuestro

Te damos gracias, Padre bueno.
Y te bendecimos con todo nuestro ser porque eres santo.

Eres modelo de bondad y perfección para todos nosotros.
Tu santidad se concreta en amor generoso a toda criatura,
comprensión y misericordia par los más débiles.

Como un reflejo de tu amor has creado el universo;
te preocupas de los hombres y de las cosas,
haces salir el sol sobre malos y buenos
y colmas todo de gracia y de ternura.

Bendito seas, Padre, por el Hijo que nos has dado, Jesucristo;
con Él nos has reconciliado,
por Él has restablecido tu imagen en nosotros.

Bendito seas por el Espíritu que habita en nuestro interior
y derrama tu amor en nuestro corazón.

Llenos de alegría y reconocimiento te alabamos;
y con todos los que experimentan a diario tu amor y tu perdón,
proclamamos tu gloria y tu santidad diciendo a una sola voz: Padre nuestro...

Gesto de la paz

Distribución de la comunión

Acción de gracias

Tú y yo podemos ser santos.
Por eso te digo:
Alégrate, hermano, hermana, porque has nacido.

Un día tus ojos se abrieron.
Descubriste que vivir es nacer,
y fraguaste desde dentro tu sentido.

Alégrate, porque has creído.
no te permitiste quebrar.

Ensayaste ritmos hasta encontrar tu armonía,
y así vas coronando tu destino.

Alégrate, porque has entrenado el espíritu:
En tu caminar vas dejando una estela florida
de presencia delicada,
de alma repartida...

Eso, hermano, hermana, tiene un nombre: ¡¡SANTIDAD!!

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Vivir y comunicar el valor de la santidad.

Bendición

Monición final. La santidad que proclaman las bienaventuranzas motiva diferentes valores. Las debemos meditar a menudo. Nos pueden hacer verdaderamente dichosos. Y no sólo a nosotros, también a nuestros vecinos y vecinas, a la sociedad, al mundo entero. Encierran el ideal más hermoso que cabría soñar.

Canto final y despedida.

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