Martes, 19 Noviembre 2019 10:29

Celebrando la Palabra - XXXIV Domingo Tiempo Ordinario (24 de noviembre)

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Celebración del XXXIV Domingo del Tiempo Ordinario. Jesucristo Rey del Universo. 24 de noviembre de 2019.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos colocar en lugar visible un cartel con una de estas frases: “Jesús es un rey distinto” o “Jesús es el mejor”.

Símbolo: Podemos colocar delante del altar un “trono” “sede”, con utensilios de servicio: Unos platos, una escoba, ropa de trabajo, unos libros...

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición. Con el broche de Jesús Rey del Universo cerramos el año cristiano. Es una fiesta que celebramos como realidad y desafío. La Iglesia lo aclama porque conduce y salva con un estilo humilde y servicial, impregnado de amor y de misericordia. Su trono es la cruz, y desde ahí nos invita a seguirlo. Bendigamos a Dios por haber constituido a Jesús en plenitud de amor servicial.

Canto

Saludo. Hermanos, alabemos a Dios Padre por Jesús, el Señor.

Acto penitencial

Tú que muestras el amor supremo de Dios: Señor, ten piedad.

Tú que pones la grandeza de la vida en el amor y en el servicio: Cristo ten piedad.

Tú, promotor de misericordia y de comunión, Señor, ten piedad.

Gloria

Oración. Dios, Padre bueno, tu amor es tan grande, que nos has regalado a tu Hijo, Él, por el amor que nos tiene, se ha hecho servidor de todos y así ha llegado a lo más alto. Haz, que vivamos de tal modo que nunca le defraudemos. Él, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. En el segundo libro de Samuel se relata la unción de David como rey. El evangelio menciona también a Jesús como rey, pero entregado por amor en la cruz y al borde de la muerte. Sólo un hombre que está junto él le reconoce como poseedor de un reino distinto y una justicia diferente de la que los ha llevado al patíbulo. Años más tarde, la carta a los colosenses eleva a Jesús un himno impresionante.

Lecturas. 2 Sm 5, 1-3. Salmo o canto. Col 1, 12-20. Aclamación (Aleluya). Lc 23, 35-43. (Breve silencio)

Comentario homilético. El año cristiano, como hemos escuchado en la monición de entrada, termina con la solemnidad de Cristo Rey, es un símbolo del reconocimiento que Jesús se merece.

Decían sus detractores, los dirigentes religiosos de la época, que lo crucificaban por declararse Rey e Hijo de Dios. Por eso colocan en lo alto del patíbulo, el motivo de la condena: “JESÚS NAZARENO REY DE LOS JUDIOS”. ¿Por qué este título? Tal inscripción no corresponde con lo que fue la historia de Jesús.

Las personas: mujeres, hombres y niños... que habían escuchado su mensaje y habían visto sus signos, tenían una opinión diferente, no lo llamaban Rey. Pero las autoridades religiosas se frotan las manos y se burlan descaradamente: “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros”. Incluso una parte del pueblo se burla y se escandaliza. Pero Jesús permanece amarrado a la cruz. Su éxito fue apurar el martirio como un inocente. Uno de los que estaban crucificados junto a él, lo entendió. Por eso le pidió que intercediera: aprovechó la oportunidad de salvación que tenía a su lado. Jesús le dijo: “Te lo aseguro: hoy estrás conmigo en el paraíso”.

Está claro que muchos no han entendido ni entienden a Jesús. Su reinado no se parece en nada a lo que sueña mucha gente. Él eligió una vida despojada, sencilla, servicial y obediente. Su reinado se llama solidaridad, justicia, fraternidad, amor desbordante, comunión ... En su proyecto no caben términos como: poder, egoísmo, orgullo, envidia, hedonismo... Su autoridad no es otra que el servicio, sobre todo a los más vulnerables: pobres y necesitados.

Hay quien considera, desde dentro de la Iglesia, que este título de Rey del universo puede llevar a confusión. La verdad es que Él no lo buscó. La Iglesia se lo ha dado. Ha sido un reconocimiento a su talante, a su calidad personal y creyente. Ciertamente que no tiene nada que ver con la realeza de este mundo, no hay comparación. No buscó sobresalir ni ser famoso. su vida fue llana, popular, pero repleta de simbolismo porque tenía en sus entrañas el aire del Padre Dios.

Por todo ello, es un rey distinto. Reina desde la cruz ofreciendo misericordia, redención, verdad desnuda... Reina desde el silencio, sin ruido ni gestos espectaculares... Reina en compañía de Dios Padre respirando Espíritu nuevo y santidad alternativa. Para colmo es un rey frágil, sin escolta, sin ejército, al que fácilmente se le puede atrapar y crucificar.

Resumiendo; celebrar la realeza de Jesús es confirmar el compromiso por el Reino de Dios, un Reino que primero fragua en el corazón y después se irradia por el testimonio de una vida de disponibilidad y servicio. Porque estamos orgullosos de Jesús, nos queda la tarea de practicar e irradiar su Evangelio. (Silencio de interiorización)

Credo

Oración de los fieles

Por la Iglesia, para que haga creíble la alternativa de Jesús; roguemos al Señor.

Por los responsables de los pueblos, para que atiendan preferentemente a los más desafortunados, roguemos al Señor.

Para que crezca en la sociedad una cultura generalizada de misericordia y dignidad, roguemos al Señor

Para que el Reino de Dios impregne las estructuras sociales, roguemos al Señor.

Por nuestra Comunidad, para que respire incesantemente los valores del Evangelio, roguemos al Señor.

Por todos nosotros y nuestras familias, para que vivamos como vivió Jesús, roguemos al Señor.

 

4. RITO DE LA COMUNIÓN

 

Monición. El gran compromiso de Jesús fue hacer Reino de Dios en su propia persona y en su entorno. Comulgar con Él nos ayudará a llevar este Reino por donde vayamos.

Canto

Introducción al Padre nuestro.

Padre santo, te alabamos con satisfacción.
Podemos compartir una tradición formidable:
Por Jesús nos ha sacado del dominio de las tinieblas
y nos has llevado al territorio del perdón y del amor.

Él es el primogénito de los vivos,
el espejo de todos los valores,
la plenitud de los tiempos,
el primero en todo,
tu mejor imagen con los brazos abiertos...

Padre santo, miramos a Jesús
y se agolpan los deseos de conversión.

Por eso te decimos;
Danos un corazón sano para ser amables,
rocíanos con tu espiritualidad para ser testigos
y gracias por tu amor esparcido y salvador.

Deseamos de verdad que venga tu Reino.
Por eso, ahora te rezamos juntos la oración de los hijos y los hermanos:
Padre nuestro...

Gesto de la Paz

Distribución de la comunión: canto

Acción de gracias: (espontaneo) Cada uno expresa su agradecimiento)

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Examinar si nuestra calidad de vida corresponde con la de un redimido.

Bendición

Monición final. Para nosotros no hay más Rey y Señor que Jesús, de quien Dios Padre está orgulloso. Él personaliza y proclama la humanidad nueva, Jesús es el Reino de Dios, y nos invita a buscarlo dentro de nosotros. Ahora es Él, plenitud de todo lo divino y lo humano, nos compromete a entregarnos de lleno a la transformación y marjora de nuestros ambientes. En la familia, en el trabajo. en la calle, en el ocio seamos testigos de un hecho excepcional: Hace veinte siglos largos, Dios se puso la ropa de trabajo para arreglar este mundo... Aún tenemos tarea... Buena semana para todos.

Canto final y despedida.

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