Martes, 04 Febrero 2020 11:21

Celebrando la Palabra - V Domingo del Tiempo Ordinario (9 de febrero)

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Material para el Animador de la Palabra.

Celebración del V Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A - 9 de febrero de 2020.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos colocar un cartel con una de estas frases: Si compartes, eres luz” o ¿Somos sal y luz?”

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición. Un cordial y fraterno saludo para todos. Nos reunimos de nuevo en torno a Jesús para seguir siendo en nuestra comunidad y en medio de nuestro pueblo, fermento activo, sal solidaria para una buena convivencia y luz de esperanza. En el Evangelio podemos descubrir hoy el valor de la militancia cristiana. Si intentamos vivir según las Bienaventuranzas fortaleceremos el Reino de Dios entre nosotros.

Canto

Saludo. Hermanas y hermanos, alabemos juntos al Señor, que nos llama a ser sal de la tierra y luz del mundo.

Acto penitencial

Porque eres bueno y compasivo, Señor, ten piedad.

Porque eres luz para todos, Cristo, ten piedad.

Porque quieres nuestro bien, Señor, ten piedad.

Gloria

Oración. Vela, Señor con amor continuo sobre tu familia; protégela y defiéndela siempre, ya que solo en Ti a puesto su esperanza. Por J. N. S. Amén

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. Un síntoma claro de la autenticidad de nuestra fe es que estamos atentos a las necesidades de los otros. La fe se demuestra con gestos de justicia, de solidaridad y de misericordia. Este es el mensaje de la primera lectura.

En la segunda San Pablo se presenta confesando que es sólo un servidor del Evangelio que anuncia. Lleva a cuestas su debilidad y sus miedos como cualquiera. Su testimonio se apoya únicamente en la sabiduría del Crucificado y en el poder del Espíritu.

El Evangelio, en conexión con el que hubiera correspondido el domingo pasado, de no haber coincidido la fiesta de la Presentación del Señor; que era el pasaje de las Bienaventuranzas, nos viene a decir: el que pone en práctica las Bienaventuranzas es sal de la tierra y luz del mundo.

Lecturas. Is 58,1-10. Salmo o canto. 1Co 2, 1-5. Aclamación. Mt 5,13-16. Breve silencio.

Comentario homilético. En ocasiones nos preguntamos qué debemos hacer para ser buenos seguidores de Jesús. El autor de la primera lectura nos dice que la fidelidad a Dios se mide por el amor efectivo al prójimo. Esto lo recalca Jesús y lo expresan continuamente los que conocieron y escucharon a Jesús, San Juan nos dice muy claro: “Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor... Él nos amó primero. Si alguien dice: “Amo a Dios y aborrece a su hermano es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no pude amar a Dios a quien no ve”...

Los cristianos tenemos la suerte de contar con la sabiduría de la fe para actuar con sensibilidad. Jesús nos resume el mensaje de las Bienaventuranzas con tres propuestas convergentes.

- “Vosotros sois la sal de la tierra”

- “Vosotros sois la luz del mundo”

- “Alumbre así vuestra luz a los hombres para que den gloria a vuestro Padre que está en el cielo”

Ser sal y luz son dos preciosas imágenes que reflejan muy adecuadamente el testimonio y la militancia de los cristianos y cristianas. Son dos expresiones simbólicas de fuerte significado para que el Padre del cielo reciba la gloria que se merece. El carnet de identidad de todo bautizado debería de tener estos dos indicadores. No es lógico que un seguidor de Jesús, marcado con su Espíritu sea: soso, insípido, sin sabor ni condimento, sin fuerza vital. Tampoco es comprensible un cristiano apagado, sin destellos ni luminosidad.

Ser sal equivale a dar sentido, alegría, contenido y esperanza al vivir de cada día, es vivir con espiritualidad, y con garra militante, para que através del testimonio y del compromiso muchos descubran y glorifiquen al Padre común. Ser luz quiere decir que nuestro vivir y nuestro hablar han de alumbrar humana y cristianamente. Es luz el amor que expresamos, la solidaridad que tenemos, la espiritualidad que respiramos, los compromisos que mantenemos, el trabajo que desarrollamos responsablemente, alegría que contagiamos, la mística que comunicamos... En definitiva, nuestra vida alumbra si transparenta de manera natural el espíritu de las Bienaventuranzas.

En resumen, es muy conveniente que nos preguntemos: ¿Somos, o, queremos ser sal? ¿Trabajamos cada día un poco más para ser luz? ¿nuestro modo de vivir sorprende a alguien para que pueda descubrir y glorificar al Padre? Pensémoslo unos minutos. (Silencio de interiorización)

Credo

Oración de los fieles

Oremos, para que en todos los pueblos se trabaje por una convivencia en paz, fruto de la justicia y el perdón, roguemos al Señor.

Oremos para que los cristianos cumplamos con el compromiso de ser sal y luz en medio de nuestra realidad cotidiana, roguemos al Señor.

Abramos la sensibilidad para apoyar todas las campañas, cuyo fin es ayudar a los que sufren marginación o desamparo, roguemos al Señor.

Oremos los unos por otros para que nuestra vida glorifique a Dios que nos ha amado primero, roguemos al Señor.

 

4. RITO DE LA COMUNIÓN

 

Monición. Los cristianos debemos vivir con tanta densidad evangélica que resultemos ser símbolos de la bondad de Dios. Que la comunión refuerce nuestro compromiso de testigos.

Canto

Introducción al Padre nuestro

Dios y Padre bueno, te alabamos con inmensa alegría
porque podemos ser sal y luz en medio de la gente.

¡Qué maravilla! Nuestra vida puede alumbrarte,
ser símbolo de lo bueno que eres,
comunicar la mística de los bienaventurados.

Todo es un puro don tuyo.
¿Qué sería de nosotros sin la fuerza de tu Espíritu?

Es Él quien nos inculca los valores del Evangelio,
quien nos alimenta como creyentes,
quien nos estimula a compartir.

El mismo Espíritu nos impulsa a ser hijos de la luz
y a evangelizar sin cansancio por tu Reino.

Padre, te glorificamos con todos los que te conocen.

Unimos nuestro testimonio para que resalte mejor tu presencia.

La Comunidad nos apoya en la misión,
aunque a veces nos frena el desaliento
y malgastamos los dones de la sal y la luz,
esperanzados y convertidos,
te decimos juntos la oración de los hijos y hermanos: Padre nuestro...

Gesto de la paz

Distribución de la comunión

Acción de gracias

Padre, te glorificamos por la luz que nos proporciona el Evangelio para hacer fraternidad.

Te damos gracias porque podemos ser símbolos tuyos en medio de la gente.

Padre, que crezca en nuestro pueblo el valor del compartir.

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Dar gloria a Dios con las obras y con la vida diaria .

Bendición

Monición final. Hemos destacado el compromiso testimonial de ser sal y luz dentro de nuestros ambientes. Hemos resaltado también nuestra vocación a simbolizar con la vida que Dios es bueno. Que nos quede muy grabado cómo Dios cuenta con nuestra colaboración responsable. En compartir está la solución de muchas necesidades y problemas. Dejémonos acompañar por el Señor y que la semana nos resulte enriquecedora.

Canto final y despedida.

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