Martes, 19 Mayo 2020 15:32

Celebrando la Palabra - La Ascensión del Señor (24 de mayo)

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Material para el Animador de la Palabra.

Celebración de la Ascensión del Señor. Ciclo A - 24 de mayo de 2020.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos hacer un mural con una de estas frases: “ID Y ANUNCIAD EL EVANGELIO” o, “YO ESTARÉ SIEMPRE CON VOSOTROS”.

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición de entrada. Hermanas y hermanos, nos juntamos hoy físicamente, después de este largo y penoso tiempo, en el que nos hemos sentido más unidos que nunca, desde la distancia física, pero unidos en la oración y la corresponsabilidad como ciudadanos.

Hemos sufrido, hemos perdido a personas que mamábamos... la cuaresma, podríamos decir, que se ha prolongado en el tiempo y sobretodo en el corazón... Pero el Señor resucitado sale todos los días a nuestro encuentro, también en los días de la oscuridad y el dolor, hoy por fin, nos podemos juntar para, compartir esta experiencia gozosa, el encuentro con el Resucitado, estamos, ya casi, finalizando el Tiempo Pascual, con el desafío de la vida nueva y regalada delante de nosotros; y con el mandato del Señor a evangelizar, y también la promesa de su acompañamiento durante toda nuestra vida. Es como decir: vida consciente y responsable. Él va por delante desbordando vida y, espera de nosotros que nos arriesguemos en la misma aventura.

Condensemos en este encuentro el sentido evocador de la Ascensión del Señor, que pone luz en nuestro horizonte, empañado ahora por la crisis y el sufrimiento de tantas personas conocidas y no conocidas, pero todos hijos en el HIJO, con aspiraciones y deseos de cielo, pero con los pies bien asentados en el suelo de la realidad que hemos vivido y aún seguimos viviendo.

Canto

Saludo. Hermanas y hermanos, bendigamos al Señor, que nos llama a una vida en plenitud.

Acto penitencial

Tú, que alientas y sostienes nuestra vida: Señor, ten piedad.

Tú, que nos defiendes y proteges: Cristo, ten piedad.

Tú, que nos comprometes como nadie: Señor, ten piedad.

Gloria

Oración

Jesús, quisiéramos saber qué ha sido para ti volver al con el Padre, de esta manera nueva, como hombre, con las marcas del dolor en tu cuerpo. Tenemos experiencia de los que es para nosotros la separación de las personas que amamos: la mirada los sigue todo el tiempo que podemos mientras se alejan... Concédenos, Padre, como a los Apostales, esa luz que ilumina los ojos del corazón y que nos hace intuir que estás presente siempre. Así podemos gustar ya desde ahora la viva esperanza a la que estamos llamados y abrazar con alegría la cruz, sabiendo que el humilde amor inmolado es la única fuerza adecuada para levantar el mundo. Por J. N. S. Amén.

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. Jesús pasó por esta tierra responsablemente y dejando muy alta la condición humana. Su existencia es reconocida y aplaudida por cuantos quieren vivir honestamente. Pero si admiramos a Jesús no es para quedarnos de brazos cruzados, sino para estimular aún más nuestra pasión por el Evangelio. Dios nos ha concedido el regalo de Jesús para que crezca nuestra acción comprometida y liberadora.

Lecturas. Hch 1,1-11. Salmo o canto. Ef 1,17-23. ALELUYA. Mt 28,16-20. Breve silencio.

Comentario homilético. La Ascensión de Jesús eleva hasta el culmen su resurrección. Es también símbolo de la salvación en plenitud de todo lo humano. reafirma que la vida se sale con la suya: “¿Dónde está muerte tu victoria?” Jesús es nuestra garantía, “Que no se entristezca vuestro corazón... confiad en mí”.

La Ascensión de Jesús va acompañada de un aplauso por parte de Dios Padre: “Lo exaltó y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre”; le concedió el titulo de Señor y lo ha sentado a su derecha para siempre como ejemplo y medida de la existencia humana.

Para los que estamos en la ruta de la vida, la Ascensión es admiración por Jesús; pero es también provocación a poner manos a la obra. Jesús nos pasa el testigo: “Id y haced discípulos de todos los pueblos”... Y... comenzó el despliegue evangelizador de la Iglesia. Y ahora nos toca a nosotros. Hoy, es nuestro -hoy-, porque es la Hora de Dios en nuestra historia personal y comunitaria, no valen disculpas. Evangelizar es una tarea que nos apremia; es lo nuclear y prioritario de la Iglesia, por todos y cada uno de sus miembros, porque vivimos para el Evangelio. Somos Iglesia en la medida que Evangelizamos. Existimos como comunidad cristiana si nuestra tarea primordial es anunciar la Buena Noticia a todos.

Lo afirmaba Juan XXIII al inicio del Concilio Vaticano II: “Lo que se espera hoy de la Iglesia es que infunda en las venas de la sociedad la virtud perenne, vital y divina del Evangelio”. Todos sus sucesores lo han deseado y expresado... y de un modo maravilloso el Papa Francisco: “Todos tienen derecho a recibir el Evangelio. Los cristianos tienen el deber de anunciarlo sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría”... (Evangeli Gaudium, III. 14.)

La garantía de que podremos cumplir bien la tarea encomendada, la tenemos en la promesa de su presencia junto a nosotros todos los días: “Por eso podemos contar con Él, Jesús sube a la barca de nuestra vida, siempre que lo necesitamos, estamos seguros de que siempre nos ve, nos oye. También hoy la barca de la Iglesia, con el viento contrario de la historia, navega por el océano agitado del tiempo. Se tiene con frecuencia la impresión de que está para hundirse. Pero el Señor está presente y acude en el momento oportuno. - Voy y vuelvo a vuestro lado- ésta es la confianza de los cristianos, la razón de nuestra alegría”. (Benedicto XVI, JESÚS DE NAZARET, segunda parte, pág. 330).

Como recoge la segunda lectura, que el Padre del Señor nuestro Jesucristo nos dé “espíritu de sabiduría y revelación” para comprender la herencia que nos llega y la tarea que tenemos por delante. Jesús compromete su compañía en favor nuestro: “estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. (Silencio de interiorización).

Credo

Oración de los fieles

Para que se promuevan en todos los pueblos los valores del Reino de Dios, roguemos al Señor.

Por los que amenazan la vida de los demás, para que broten en ellos la sensibilidad y el respeto, roguemos al Señor.

Para que la Iglesia, animada por la aventura humana de Jesús, pueda cumplirla hermosa misión de evangelizar, roguemos al Señor.

Para que nuestra comunidad responda con generosidad al desafío que anuncian los nuevos tiempos: solidaridad, compromiso, responsabilidad, todo ello desde el Evangelio vivido y anunciado, roguemos al Señor

Para que todos tengamos una clara conciencia de nuestra vocación y destino, roguemos al Señor.

Por todos nosotros, para que la fe en Cristo nos impulse a mostrar la bondad de Dios, roguemos al Señor.

 

4. RITO DE LA COMUNIÓN

 

Monición. La comunión con Jesús es siempre una motivación a alzar la vida. Estar hoy en comunión con Jesús tiene el aliciente sobreañadido de seguir buscando las cosas de arriba: lo noble, lo autentico, lo humano para llegar a lo divino.

Canto

Introducción al Padre nuestro

Señor, Dios nuestro,
en comunión con cuantos trabajan por una tierra nueva,
utopía posible de tu Reino,
te dirigimos esta plegaria de bendición
por tu prodigio de solidaridad con nosotros.

Te bendecimos por tantos testigos del amor desinteresado
que han construido fraternidad en la historia
dejándonos la herencia de un cielo anticipado.

Te alabamos por el arrojo de tantos creyentes
que hipotecan su salud y su energía
en proyectos humanitarios cargados de Evangelio.

Miles de voces y de gestos nos aseguran
que tu Reino también es de este mundo:
se ha abierto el tiempo definitivo de tu gracia
que mueve las estructuras que no van con tu Cielo.

Y levantamos los brazos en señal de victoria
porque has exaltado a Jesucristo
y lo has sentado a tu derecha,
satisfecho de su paso por nuestra tierra.

Para nosotros es el primero en todo,
el símbolo de la humanidad lograda,
el primogénito de la nueva creación
para gloria tuya y orientación nuestra.

Dios bueno, has puesto en nuestras manos
el florecer la vida sobre la tierra,
la posibilidad de vivir como corresponde a tu Reino.

Con Jesús y con todos los que te bendicen
en el cielo y en la tierra te decimos: Padre nuestro...

Gesto de la paz (según la nueva normativa)

Distribución de la comunión

Acción de gracias

Te damos gracias, Padre, porque experimentamos que hay en nosotros gérmenes de vida indestructible, aspiraciones de plenitud.

Te damos gracias porque se acrecienta nuestra fe y crece nuestra responsabilidad por tu Reino al celebrar la aventura de Jesús: sencillo y grande, servidor y libre, exigente y misericordioso.

Te damos gracias porque nos has confiado una gran misión. Queremos comenzar siendo testigos en nuestra comunidad, para apoyar el entusiasmo y la acción misionera de toda la Iglesia.

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Intentar ser evangelizadores en nuestro ambiente.

Bendición

Monición final. La Ascensión de Jesús es símbolo y garantía de nuestra aventura humana. No estamos en manos de un ciego destino. La fe cristiana nos asegura que nuestras aspiraciones más profundas no quedaran frustradas. Estamos hechos para la plenitud. Eso es el cielo. Mientras caminamos por esta tierra se nos pide coger el relevo de Jesús. Que cada uno vea como lo puede hacer, en casa, en la calle, en su lugar de trabajo...

Canto final y despedida.

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