Lunes, 19 Abril 2021 18:18

Celebrando la Palabra - IV Domingo de Pascua (25 de abril)

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Celebración del IV Domingo de Pascua. Ciclo B. 25 de abril de 2021.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos colocar un cartel con una de estas frases: “Jesús es la piedra angular” o, “El buen pastor conoce a sus ovejas”.

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición de entrada. Hermanas y hermanos, en este domingo, cuarto de Pascua, hay dos imágenes muy graficas que resaltan la personalidad de Jesús: La piedra angular que sostiene y salva de la ruina la edificación y el buen Pastor que da la vida libremente por amor a sus ovejas.... Todos nosotros reconocemos el valor de Jesús y lo que ha hecho. Sólo en su nombre y por la fe en Él se realiza la liberación de las personas y de los pueblos.

Por tanto, con sentimientos de unión y de agradecimiento, comenzamos esta celebración deseando que Él, dinamice nuestra fraternidad y el compromiso misionero.

Canto

Saludo. Hermanas y hermanos, bendigamos a Dios Padre, que nos ha enviado a Jesús como buen Pastor.

Acto penitencial

Tú que te alegras por nuestra conversión, Señor, ten piedad.

Tú que nos has salvado, Cristo, ten piedad.

Tú, el buen Pastor de todos, Señor, ten piedad.

Gloria

Oración

Dios, Padre bondadoso, que has dado a tu Iglesia el gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo; concédenos la alegría del reino de tus elegidos, para que así el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria de su pastor. Él, que vive contigo, resucitado por la fuerza del Espíritu, por los siglos de los siglos. Amén.

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. Desde el comienzo de la Iglesia hay una vivencia clara de la singular importancia que tiene Jesús: es cimiento y a la vez piedra angular que da consistencia al edificio de la Iglesia y la mantiene en píe, es también el buen Pastor que entrega su vida voluntariamente; No hay otro salvador... Él es la vida del rebaño.

San Juan nos hace esta confesión: Es impresionante el amor que Dios nos tiene al adoptarnos como hijos. Ojalá descubramos el significado profundo que tiene esta elección. Porque en la medida que vivenciemos lo que significa ser hijos de Dios, crecerá en nosotros la convicción de hacer fraternidad.

Lecturas. Hch 4,8-12. Salmo o canto. 1Ju 3,1-2. Aclamación: ¡ALELUYA! Jn 10,11-18. Breve silencio.

Comentario homilético. Es un verdad sin discusión que la Iglesia es santa y pecadora. La historia de la Iglesia arrastra muchas sombras, pero es igualmente cierto que, si damos la vuelta al tapiz, si vivimos como resucitados con Cristo, veremos también el lado hermoso, de la Iglesia; Porque en nombre de Jesús, su Iglesia ha hecho mucho bien desde la época de los Apóstoles: se ha curado y se sigue curando a muchos enfermos, se ha ayudado a muchos pueblos... y una multitud de hermanos y hermanas han entregado y, siguen entregando la vida, por muchas causas nobles. Si resaltamos esto al comentar la primera lectura, es para que nosotros sigamos esta línea santa y comprometida de la Iglesia.

Por otra parte, ¡cómo entusiasma el mensaje de la segunda lectura! ¡Qué amor tan grande ha tenido Dios Padre para hacernos hijos suyos! Esta verdad fundamental de la revelación cristiana es tan rica y elocuente que bastaría ella sola para llenar la vida de orientación, de sentido, de esperanza... Es justo, necesario que meditemos profundamente lo que significa ser hijos de Dios. Este gran título eleva a todos los humanos a una misma categoría. Si todos somos hijos de Dios, todos somos hermanos. Por consiguiente, que nadie se sitúe por encima de los demás y que no haya nadie por debajo.

El Evangelio de este cuarto domingo de Pascua centra la mirada en Jesús, buen Pastor. La figura del pastor es un recurso del que se valen los autores bíblicos para hablarnos de Dios. Jesús se sirve también de esta imagen para manifestarnos su proceder y sus sentimientos. Él es el pastor sincero y fiel que se deshace en atenciones: busca a la oveja descarriada, sale al encuentro de las que no están, quiere un solo rebaño, ofrece en abundancia los valores del Reino a todos y entrega la vida por amor. A este Pastor le interesan las personas, una a una: nos conoce a cada uno por el nombre propio. Conoce nuestras historias... y, pese a todo, nos quiere elevar a la altura de su dignidad. Por eso entra en comunión con nosotros y llega redentoramente hasta la locura de la cruz.

Esta imagen de Jesús, como buen Pastor, ha marcado la conciencia y la memoria de la Iglesia. Desde el principio hasta ahora se ha venido destacando la labor formidable de este Pastor: su elegante generosidad, su sacrificio liberador: “Nadie me quita la vida, sino que yo la entrego libremente”.

Las comunidades cristianas de todos los tiempos tenemos un gran ejemplo en este modelo de Pastor. Es un ejemplo claro de cómo debemos vivir las responsabilidades dentro de la comunidad y como debemos de ser misioneros buscando y acompañado a los que no están... Es una motivación a intensificar la fraternidad hacia dentro y hacia fuera. Este pastor nos invita hoy a comulgar con sus valores para seguir caminando por la ruta de la solidaridad y del servicio, es decir, el culto que más agrada a Dios. Sabe muy bien lo digno que es vivir como hijos de Dios. Quien lo escucha y sigue desarrolla el mayor de los aciertos.

Todo esto confirma que Dios es amor y que su icono, el hombre y la mujer; el ser humano, o es amor o no es nada ... Silencio de interiorización

Credo

Oración de los fieles

Para que se cultive intensamente en la Iglesia el don de ser hijos de Dios, roguemos al Señor.

Por el Papa, nuestros obispos y por cuantos en la Iglesia desempeñan tareas pastorales, para que lo hagan siempre al estilo del único y buen Pastor, roguemos al Señor

Para que las comunidades cristianas sepamos ofrecer a nuestros vecinos y vecinas la imagen atractiva del buen Pastor, roguemos al Señor.

Para que se cuiden los gérmenes vocacionales en las familias, roguemos al Señor.

Para que, escuchando la voz del buen Pastor estemos siempre atentos a las necesidades de los que más sufren, roguemos al Señor

 

4. RITO DE LA COMUNIÓN

 

Monición. La iglesia siempre ha reconocido a Jesús como el buen Pastor. Al comulgar con su persona, renovemos la decisión de seguirlo.

Canto

Introducción al Padre nuestro

Es digno, Padre, que te alabemos por Jesucristo
a quien has enviado como buen Pastor
para llenarnos de vida con calidad y en abundancia.

Él ha ido por delante ofreciendo orientación.
Los sensibles escuchan su voz y le siguen
porque Jesús arenca admiración.

Él habla con voz firme y convincente;
busca el diálogo directo y llano con cada persona;
ninguna aventura personal le resulta extraña;
conoce a cada uno por su propio nombre...

Padre, te damos gracias por un pastor tan atento y servicial
que se devela por la oveja que se ha extraviado,
que sale a la búsqueda de las que no están
porque desea que su voz redentora llegue a todos.

¡Bendito Él, que tiene tantas ganas
de reunirnos en una sola Iglesia!

Confesamos que nos atrae su voz y queremos seguirlo.

Porque tenemos experiencia de sus atenciones,
te decimos con agradecimiento: Padre nuestro....

Gesto de la paz

Distribución de la comunión: canto

Acción de gracias

Jesús, el Padre te envío para ser el buen Pastor,
el guía que no engaña
el modelo en hacer camino
entregando la vida y buscando a todas las personas
para que haya un pueblo unido, sin dispersión...

Eres el modelo de todos los pastores de la Iglesia:
pierdes el sueño por cada uno de nosotros
te preocupas sobre todo por los que faltan.

Jesús, queremos que todos te descubran como buen Pastor
que nos amas y nos enseñas a vivir como nadie.

A pesar de nuestro pecado, queremos decir a la gente
lo entero y sano que Tú eres.

Ayúdanos a ser dignos de Ti
y a saber presentarte a la gente de nuestro tiempo.

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Fortalecer la vivencia de hijos de Dios siguiendo al buen Pastor.

Bendición

Monición final. Al acabar esta celebración recordamos las palabras de Jesús: “Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da la vida ... Por eso me ama el Padre, porque entrego la vida libremente”.

¡Qué claro y directo es Jesús! No habla así por orgullo, sino para testimoniar un evangelio animante y servicial.

Así debemos ser todos y todas en la Iglesia. Reflejemos a lo largo de la semana el ejemplo que nos deja Jesús.

Canto final y despedida.

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