Jueves, 31 Enero 2019 12:03

IV Domingo del Tiempo Ordinario. 3 de febrero de 2019

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El evangelio nos habla sobre corregir y ser corregidos. Debemos admitir de principio que no nos gusta que nos corrijan y que nos critiquen. Nos afectan las críticas y no sabemos encajarlas bien. Sin embargo, por nuestra parte solemos criticar y si no lo hacemos directamente, por prudencia o educación, si a la espalda.

Se necesita valor y fuerza interior para aceptar la corrección de los demás.

A veces la aceptamos si se nos hace con amor y desde el amor, de lo contrario nos lastima y daña, aunque la crítica nos la hagan por nuestro bien. Pero hay algo que todavía cuesta más: corregir a los demás. No nos atrevemos. Nos da miedo, aunque lo disfracemos de educación o respeto. Ya no es de nuestro tiempo corregir a nadie.

Jesús comienza su ministerio público con una situación de rechazo y de crítica a su persona. Además, sucede en su propio pueblo donde había crecido y le conocían desde pequeño. Le rechazan porque les dice la verdad. Esperaban un mensaje halagador y en cambio Jesús les dice que Dios no piensa como ellos creen y que aquellos que no valoran ni prestan atención (los paganos, los pecadores, los pobres...) alcanzaran los bienes del Reino de Dios antes que ellos, que se creen elegidos y mejores. No era ese el mensaje el que querían oír. Pero el predicó el mensaje de la salvación tal como era, sin edulcorarlo, no se anduvo con medias tintas, les habló con claridad sin hacer un discurso light que gustase a todos, sino les mostró la verdad del amor de Dios con todos y donde ellos no eran los privilegiados que se creían. Eso les enfureció de modo que quieren matarlo y lo acusan de blasfemo. No aceptaron la crítica, pero Jesús no pretendía ganar sus simpatías, ni obtener fama ni popularidad entre sus conocidos y quiso ser valiente y decir la verdad, aunque no gustase, aunque no fuera “políticamente correcto”. Supo decirles lo que ellos necesitaban oír, pero no querían oír y lo hace porque ese es el camino que les llevará al amor de Dios aunque no lo entiendan.

Hay muchas situaciones de nuestra vida, en las que, como discípulos de Jesús, seremos criticados y tendremos que denunciar las falsedades de nuestro mundo. Corregir y denunciar que no nos aportaran halagos sino críticas. El ejemplo de Jesús nos da fuerzas para encontrar valor y coraje en los momentos difíciles de las críticas y las correcciones. En Jesús encontraremos la gracia para vivir la fe con autenticidad sin importarnos el parecer de los demás.

Comentario: José María de Valles
Delegado Diocesano de Liturgia

 

 

Jer 1, 4-5. 17-19. Te constituí profeta de las naciones.

Sal 70. Mi boca contará tu salvación, Señor.

1 Cor 12, 31 - 13, 13. Quedan la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor.

Lc 4, 21-30. Jesús, como Elías y Eliseo, no solo es enviado a los judíos.

 

Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es este el hijo de José?». Pero Jesús les dijo: «Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún». Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio». Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

 

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