Jueves, 07 Febrero 2019 11:57

V Domingo del Tiempo Ordinario. 10 de febrero de 2018

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El evangelio nos habla de la llamada. Sí, la llamada que Dios hace a cada hombre para que acepte su plan de salvación. Dios llama y cuenta con Isaías, con Pablo y con Pedro. Nos encontramos con la poca virtud e incluso de la indignidad de los elegidos. Esto supone aceptar que ni la autosuficiencia, ni el orgullo, ni el ser valioso son actitudes del apóstol. La conciencia de pequeñez, de debilidad y de humildad es lo que se le exige al seguidor del Señor.

Desde estas actitudes se pone la confianza plena en el Señor y se puede ser colaborador de Cristo y aceptar la llamada. Pedro se siente pecador y desde esa convicción confía en el Señor y le hace caso. “Porque tú lo dices echaré las redes”. No es su conocimiento, ni su habilidad de experto pescador quien le hace echar las redes, sino la palabra del Señor.

Vivimos la experiencia de una realidad espiritual que a nuestros ojos parece estéril. Nuestro faenar de tantas noches no ha dado el resultado deseado y sentimos la experiencia del fracaso. Se nos hace necesario escuchar al Maestro y obedecer sus mandatos. Superaremos nuestras desilusiones si afrontamos la vida desde la palabra de Cristo. El éxito no radica en nuestras fuerzas sino en el poder de Cristo, el Señor.

Comentario: José María de Valles
Delegado Diocesano de Liturgia

 

 

Is 6, 1-2a. 3-8. Aquí estoy, mándame

Sal 137. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor

1 Cor 15, 1-11. Predicamos así, y así lo creísteis vosotros

Lc 5, 1-11. Dejándolo todo, lo siguieron

 

Una vez que la gente se agolpaba en torno a él para oír la palabra de Dios, estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

 

 

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