Jueves, 21 Febrero 2019 11:53

VII Domingo del Tiempo Ordinario. 24 de febrero de 2019

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Nada de lo que hoy oigamos en el evangelio de la misa podemos entenderlo sin antes saber que nuestra manera de vivir el cristianismo consiste en imitar a Dios, y comportarnos como Jesús lo ha hecho con nosotros. Solamente desde esta perspectiva podemos entender lo que se ha dado en llamar la novedad y la radicalidad del evangelio: AMAR A LOS ENEMIGOS.

Nunca a nadie se le ha ocurrido esto. Incluso, más aún, hacer de este estilo de vida la razón de ser, de ser cristiano. Como mucho se nos puede pedir que respetemos y seamos educados con los que no nos quieren. Pero no maldecir, ofrecer la otra mejilla, no reclamar lo que es nuestro, no son mensajes de nuestra sociedad.

Jesús nos ofrece todos estos consejos para imitarle en nuestra vida de cristianos. Aquí radica la autenticidad de la vida cristiana en amar a los enemigos, prestar sin esperar recompensa y hacer el bien incluso sin saber que nada nos pueda suceder.

Esto nos hace imitar a Dios y ser como él misericordiosos. Solo quien descubre la esencia de Dios puede proponer eso. Por ello se nos invita a vivir un estilo nuevo. Se nos propone cambiar la forma de relacionarnos. Es difícil, pero es la manera de seguir en fidelidad a Jesús.

Oración: Dios Padre lleno de amor y perdón, mira nuestra pobreza para amar, nuestra poca generosidad en la entrega y nuestra dificultad para perdonar. Te pedimos que nos concedas un corazón generoso para dar, para amar y para hacer siempre el bien a todos, aunque sean nuestros enemigos.

Comentario: José María de Valles
Delegado Diocesano de Liturgia

 

1 Sam 26, 2. 7-9. 12-13. 22-23. El Señor te ha entregado hoy en mi poder, pero yo no he querido extender la mano.

Sal 102. El Señor es compasivo y misericordioso.

1 Cor 15, 45-49. Lo mismo que hemos llevado la imagen del hombre terrenal, llevaremos también la imagen del celestial.

Lc 6, 27-38. Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso.

 

En cambio, a vosotros los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Y como queráis que la gente se porte con vosotros, de igual manera portaos con ella. Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo. Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

 

 

 

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