Jueves, 07 Febrero 2019 11:44

Cuando los hijos se van de casa (o vuelven)

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Hay una etapa de la vida familiar marcada por la jubilación y la emancipación de los hijos. Los miembros del matrimonio pasan más tiempo juntos y no tienen ya la responsabilidad del cuidado de los hijos.

En algunas ocasiones, si los miembros de la pareja gozan de buena salud, se inicia una etapa en la que aprovechan para hacer actividades juntos, viajar, recuperar la intimidad… Lo ideal es que el matrimonio aprenda a repartir con equilibrio las tareas del hogar, el apoyo a los hijos y nietos, los espacios de ocio personal y los tiempos compartidos.

Sin embargo, hay muchas ocasiones en que, después de varias décadas de matrimonio en las que todo parecía estar bien, el final de la vida laboral y la desaparición de los hijos del hogar enfrenta a los miembros de la pareja a una cruda realidad: se miran el uno al otro como dos desconocidos sintiendo que nada los une. Es como si los hijos hubieran actuado como “pegamento” de la relación y, una vez que se van de casa, esa unión aparente desaparece.

En hogares con roles tradicionales donde era el varón el que trabajaba fuera de casa, suele producirse una situación novedosa: el hombre se vuelve más hogareño y más demandante de afecto, mientras que la mujer aprovecha la mayor libertad de tiempo para desarrollar su vida social, salir con amigos, apuntarse a actividades… Frente a posibles conflictos y desencuentros, la expresión honesta de deseos y necesidades puede facilitar la empatía y el acercamiento mutuo.

A esto hay que añadir, la cada vez más frecuente vuelta al hogar de los hijos adultos. Los hijos que se separan de sus parejas o que pierden el empleo regresan a casa provocando cambios en la vida familiar. Los espacios de intimidad y libertad que los padres habían recuperado se pierden de nuevo, lo cual puede ser fuente de conflicto o malestar. En este sentido, es importante que las personas adultas que tienen que convivir aprendan a respetar la autonomía de los demás, colaboren en las tareas del hogar y faciliten la convivencia.

Miguel Ruiz Prada
Centro de Orientación Familiar de la Diócesis de Palencia

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