Afinidades con el Papa León XIV

Afinidades con el Papa León XIV

Queridos lectores, paz y bien.

Ahora que en la diócesis hemos reemprendido la tarea pastoral con un nuevo organigrama, nuevos equipos, y un nuevo plan para los próximos cuatro años, he leído con gusto las palabras que la semana pasada León XIV dedicó a su diócesis de Roma y a sus agentes de pastoral.

Al comienzo del nuevo año pastoral, el Papa pedía un proceso compartido de evaluación pastoral centrado en el encuentro con Cristo, la comunidad y el servicio a la ciudad. El Papa dijo que no estaba presentando un nuevo programa pastoral, sino proponiendo un método compartido de «evaluación pastoral». El proceso, explicó, significa detenerse para releer lo que ha sucedido, reconocer lo que ha dado fruto, comprender lo que no ha funcionado y buscar juntos las razones por las que ha sido así. Debe involucrar a toda la comunidad eclesial y, cuando sea posible, escuchar también a quienes no participan regularmente en la vida de la Iglesia.

Esta pregunta del Papa ha de hacernos reflexionar también a los católicos palentinos: «¿Por qué algunas iniciativas generan caminos y otras permanecen aisladas?». Si la fecundidad es el indicativo de la vida, esta pregunta nos obliga a vigilar si cuanto hacemos genera fe, comunidad, vocaciones.

El Pontífice agustino comenzó su reflexión con el relato evangélico de María Magdalena en el sepulcro vacío la mañana de Pascua. Propuso las preguntas de Jesús a ella -«¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?»- como preguntas para la Iglesia y la ciudad de Roma. Al mismo tiempo, reconoció el riesgo de que una abundancia de actividades pueda hacer que las comunidades pierdan de vista su centro evangélico.

El Papa dijo, por tanto, que la acción pastoral debería comenzar no simplemente preguntando qué hacer, sino a quién y cómo encontrar. Cuando María oye que Jesús la llama por su nombre, dijo, ella lo reconoce. Del mismo modo, las personas en las comunidades eclesiales no deberían permanecer anónimas o invisibles, sino ser vistas, conocidas y llamadas por su nombre. Un encuentro auténtico con Cristo se convierte entonces en fuente de alegría misionera: «La Iglesia no existe para sí misma, sino para conducir a cada persona a un encuentro con el Señor».

Prevost identificó tres ámbitos principales para el examen de la vida pastoral de la Diócesis, que sintonizan completamente con las nuestras.

El primero es «encontrarse con Cristo y ayudar a otros a encontrarse con él». Las actividades deberían ser evaluadas no solo por su organización o participación, sino por si conducen realmente a las personas a Cristo y conectan el Evangelio con sus vidas.

El segundo es «generar comunidad». Las comunidades cristianas deberían ofrecer relaciones en las que las personas se sientan acogidas, acompañadas, valoradas y responsables. El Papa León mencionó particularmente la necesidad de ofrecer a los jóvenes tiempo y una escucha atenta.

El tercero es «habitar y servir la ciudad». Roma, dijo, no es simplemente el escenario de las actividades de la Iglesia, sino el lugar de su misión. La Iglesia está llamada a compartir las expectativas, fragilidades y preguntas de la ciudad y a reconocer dónde puede el Evangelio ofrecer una respuesta.

Una cuarta preocupación atraviesa las tres: la formación del Pueblo de Dios. Así, explicando que las actividades pastorales deben ayudar a las personas a crecer en la fe, convertirse en discípulos misioneros, asumir responsabilidades eclesiales y desarrollar una fe madura capaz de traducirse en elecciones concretas de vida y servicio, el Pontífice recordó a los presentes que las actividades pastorales pueden siempre fomentar una fe madura, el discipulado misionero y la responsabilidad dentro de la Iglesia.

León remarcó que el proceso propuesto no debería convertirse en otra carga para los sacerdotes y agentes pastorales. «El arte de la evaluación pastoral -dijo- no les pide hacer más»; más bien, da a la Iglesia permiso para «hacer menos y hacerlo mejor». Invitó a los sacerdotes a escuchar antes de responder y discernir antes de decidir, al tiempo que reconocen los carismas y responsabilidades de los laicos. «Presidir no significa hacerlo todo», dijo, sino generar comunión y permitir que se manifiesten los dones de los demás. También animó a las Prefecturas de Roma a convertirse en lugares de auténtica fraternidad sacerdotal donde los ministros puedan compartir sus dificultades sin vergüenza. Ojalá que hagamos lo propio en nuestros arciprestazgos.

Por último, el Obispo de Roma concluyó recordando el ejemplo de Don Luigi Di Liegro, el querido sacerdote romano que fundó la Cáritas Diocesana de la ciudad y que trabajó incansablemente por los pobres y marginados. Vinculó el énfasis del sacerdote en ver y escuchar con la pregunta central del discernimiento: «Señor, ¿dónde estás?». Que esta sea nuestra búsqueda y anhelo en todo momento. El Papa nos ha animado y confirmado en nuestro camino eclesial. ¡Buen camino!

+ Mons. Mikel Garciandía Goñi. Obispo de Palencia