Queridos lectores, paz y bien.
Celebrábamos ayer el encuentro de inicio de curso de nuestra diócesis. Cuantos participábamos representamos la riqueza de nuestra comunidad diocesana. Este año vivimos además la novedad de iniciar un nuevo Plan Pastoral Diocesano, que se extenderá, Dios mediante, hasta 2030. Junto a ello, estrenamos un nuevo organigrama y equipos que pretenden ayudar a que la Iglesia cumpla el cometido. La Iglesia existe para evangelizar, y por ello en el lema del Plan figura el cometido que Jesucristo, el Señor nos ha confiado: «Id y anunciad la Buena Noticia» (Mc 16, 15).
Jesús, el Maestro y Amigo, anhela continuar la misión que su Padre Dios le ha confiado en cada uno de nosotros, en cada una de nuestras comunidades. Nuestro caminar juntos y cuidar la vida no es un empeño voluntarista o una mera opción humana. «Ellos se fueron a predicar a todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban» (Mc 16, 20). Así termina el Evangelio de Marcos, mejor dicho, así se encarna el Evangelio de Jesús en su Cuerpo, que es nuestra diócesis, la Iglesia Católica que peregrina en Palencia.
Este Plan de Pastoral es una aventura a la que nos empuja el Espíritu Santo. Por eso os invito a incorporaros a esta barca de Pedro y entrar con decisión y esperanza, con fidelidad y creatividad en las aguas de la historia de la humanidad. Muchos náufragos y heridos nos esperan en la singladura. La idea central del cartel, y del nuevo Plan Diocesano, es la del cuidado. El cuidado desde la cercanía, como tarea compartida que llevamos a cabo juntos, entre todos.
El cartel evoca el largo camino de cuidados y acompañamiento recorrido por la comunidad cristiana a lo largo del tiempo, un hilo conductor que vincula nuestro pasado -a través de la imagen de un retablo de la Catedral de Palencia- con el presente, representado por la paleta cromática, la tipografía y el diseño contemporáneos. En primer plano, en claves actuales, el colorista y variado camino que la comunidad diocesana va haciendo día a día. Como fondo, una imagen que muestra unas manos que cuidan, que se acercan al que sufre, al que lo pasa mal, al dolorido.
La Iglesia pretendemos ser una Buena Noticia para la sociedad contemporánea. Es más, pretendemos ser lo que somos a través del Bautismo y de la Eucaristía: el mismo Cristo, que en su Cuerpo sigue sirviendo como buen samaritano al herido y al postergado, al perdido y al caído por el camino. Nosotros con Jesús y a través de su Espíritu, cuidamos la vida. Defendemos la vida humana en todas sus fases, desde su concepción hasta su final natural. Defendemos la Vida y vocación divina del ser humano, llamado al Cielo, a vivir la lucha por el Reinado pleno de Dios ya aquí en la tierra. Luchamos contra toda amenaza o atentado contra la dignidad de la mujer y del hombre. Nos duele cada discriminación por cualquier motivo, cada acto que ofende al corazón y al alma del género humano. Denunciamos toda manipulación desde las tecnologías, y la equiparación de la dignidad humana con la del animal.
Cuidamos la vida, porque Jesús es el Camino y la Verdad y la Vida, y nos acompaña como peregrino en cada hermana y hermano que la Providencia pone en nuestro camino. Jesús, siendo rico se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza. La vida es una hermosa paradoja, es un canto con mucho de poesía lírica, y también épica. A ese lenguaje apelaba el Papa León en su primera encíclica, citando a Tolkien en Magnifica humanitas: «-No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza-. La civilización del amor no nace de un gesto único y espectacular, sino de una suma de fidelidades pequeñas y tenaces, que hacen frente a la deshumanización». Nada de gestos de cara a la galería, nada de relatos justificadores, simplemente vida compartida.
La Iglesia en Palencia lucha por esta civilización del amor. Os invito a conocer y sumaros a nuestro Plan, que es para el bien de todos. Sus cuatro líneas, fe que se hace vida, Iglesia de y para todos, manos que acogen y cuidan, el gusto por el encuentro, son un hermoso canto a la vida. Me estimula y apasiona acompañar y servir en esta aventura en la que niños, jóvenes, adultos y ancianos tenemos tanto que aportar y tanto que recibir. Que tengamos buen camino.
+ Mons. Mikel Garciandía Goñi. Obispo de Palencia