Queridos lectores, paz y bien.
Uno de los retos más desafiantes y de los aspectos más apasionantes en la tarea pastoral de la Iglesia son los jóvenes. Los adultos solemos hablar de ellos, a menudo cargados de prejuicios y de estereotipos. Pero en el ámbito de la fe, veo que algo está cambiando porque ya no podemos seguir hablando de ellos como una generación que se ha alejado sin más, sino como personas que ante una propuesta seria, son capaces de responder y de sorprendernos.
Una de las apuestas de la pastoral de nuestra diócesis es la pastoral con jóvenes (ya no hablamos de pastoral para los jóvenes). Y ella supone plantear una nueva etapa que busca responder a una realidad juvenil que ha cambiado profundamente.
El delegado de pastoral juvenil de la diócesis de Santiago, Javi García, nos ayuda a responder a la pregunta: ¿Cómo son los jóvenes de hoy? Y la respuesta nos debe hacer pensar. Los jóvenes sufren heridas psicológicas y afectivas, que necesitan espacios de acogida, escucha, cuidado y acompañamiento. Buscan respuestas, sentido y experiencias que les ayuden a comprender su propia vida. «Siento, luego existo»: La dimensión emocional tiene un gran peso. La pastoral está llamada a generar experiencias que impliquen a la persona y que, posteriormente, puedan ser elaboradas y reflexionadas. En muchos casos nos encontramos con jóvenes que se acercan a la Iglesia y a la experiencia religiosa sin los prejuicios que tenían generaciones anteriores. Esto puede constituir una importante oportunidad pastoral.
Los jóvenes ya no siguen necesariamente los itinerarios lineales que tradicionalmente les proponíamos. Esto nos obliga a revisar nuestros procesos y preguntarnos si seguimos planteándolos de una manera adecuada.
El compromiso tiende a ser más puntual y vinculado a experiencias concretas. Aparece así el concepto de jóvenes «turismáticos», que participan en determinadas propuestas, pero tienen dificultades para mantener una vinculación estable. Existe una fuerte tendencia hacia el individualismo y la construcción del propio yo. Esto supone un reto especial para la generación de comunidad, pertenencia y compromiso.
El sacerdote gallego traza seis retos de la Pastoral con Jóvenes:
1. De la AFLUENCIA a la INFLUENCIA. No se trata solo de conseguir que los jóvenes vengan, sino de que lo que viven transforme sus vidas.
2. De la EMOCIÓN a la EXPERIENCIA. Una experiencia pastoral necesita ser elaborada, compartida e integrada para que pueda generar crecimiento.
3. Del MANTENIMIENTO a la MISIÓN. La pregunta cambia: «¿Cómo mantenemos lo que tenemos?» por «¿Qué necesitamos cambiar para cumplir mejor nuestra misión?»
4. De la AMENAZA a la OPORTUNIDAD. El reto consiste en no vivir estos cambios únicamente como una amenaza, sino como una oportunidad para acompañar lo que está surgiendo.
5. De la FORMACIÓN a «ESTAR EN FORMA». No se trata solamente de saber más, sino de estar preparados para vivir y comunicar la fe.
6. De la DESVINCULACIÓN a la VINCULACIÓN. El reto pastoral consiste en favorecer un camino: Intereses compartidos → vínculo → comunidad → compromiso.
En la diócesis proponemos ante estos retos la vocación como eje articulador de la Pastoral con Jóvenes. Por vocación entendemos la pregunta fundamental por el sentido de la propia vida: «¿Para qué estoy llamado?» «¿Para quién soy?»
En una cultura occidental que ha propiciado vacío y soledad, consumismo y adicciones, hoy apostamos por acompañar las grandes preguntas que el corazón humano grita en el interior de cada persona. En definitiva, hemos de anunciar la llamada que Cristo sigue haciendo a cada joven. Y desde esta perspectiva se plantean cuatro grandes ámbitos.
Seguir profundizando en el primer anuncio y favorecer espacios de espiritualidad e interioridad. Experiencias como los ejercicios espirituales pueden ayudar al joven a detenerse, escuchar, hacerse preguntas y abrirse a la acción de Dios.
La vocación introduce al joven en una pregunta fundamental sobre su propia vida. Aquí adquiere una especial importancia el acompañamiento personal, ayudando al joven a formular sus preguntas, descubrir sus dones y discernir su camino.
La vocación no se vive de manera aislada. Somos llamados a formar parte de una comunidad. Por ello es necesario favorecer la pertenencia, la inserción eclesial, la participación y la celebración compartida de la fe. El domingo aparece como un espacio fundamental de encuentro y comunidad.
Toda vocación conduce a la misión. Descubrir la propia vocación implica también preguntarse cómo poner los propios dones al servicio de los demás. Aquí aparecen dimensiones como el estado de vida (laical, consagrada o ministerial), el descubrimiento de los propios dones, el servicio, el compromiso social y la responsabilidad en la construcción de una sociedad más humana.
El pasado 18 de septiembre, cuatrocientos jóvenes palentinos nos mostraron su fe, apostando por el camino de la redención 2033, y adorando al Señor. Toda una lección.
+ Mons. Mikel Garciandía, obispo de Palencia