Educar también es enseñar a querer

Educar también es enseñar a querer

Empieza el curso. Vuelven las mochilas, los libros, los horarios, los deberes, las extraescolares… y también esa preocupación de muchos padres porque nuestros hijos tengan un buen año académico.

Queremos que aprendan, que se esfuercen, que saquen buenas notas. Y, por supuesto, todo eso importa.

Pero hoy me gustaría que nos parásemos un momento en algo que quizá no aparece en ningún boletín de notas: ¿cómo estamos educando a nuestros hijos e hijas para la vida?

Porque educar no es solamente enseñar matemáticas, idiomas o ciencias. También es enseñar a nuestros hijos a conocerse, a expresar lo que sienten, a respetarse y a respetar a los demás. Es enseñarles qué significa querer bien.

Y ahí tenemos los padres una tarea enorme, también en la educación afectivo-sexual.

Y no empieza cuando llegan a la adolescencia, ni consiste únicamente en tener algún día “la gran conversación”. Empieza mucho antes y, sobre todo, en las pequeñas cosas de cada día.

Cuando enseñamos a un niño que su cuerpo merece respeto. Cuando aceptamos que no quiera dar un beso o un abrazo. Cuando le ayudamos a poner nombre a sus emociones. Cuando le enseñamos que querer a alguien no significa poseerlo, controlarlo o hacer siempre lo que el otro quiere.

Y también cuando conseguimos que nuestros hijos sepan que pueden preguntarnos cualquier cosa. Incluso aquello que nos incomoda. Porque quizá no tengamos siempre la respuesta perfecta, pero podemos ofrecer algo todavía más importante: nuestra presencia, nuestra escucha y nuestra confianza.

Por eso, ahora que comienza el curso, además de preguntarles por los deberes y los exámenes, podríamos preguntarles también: “¿Cómo estás?”, “¿Hay algo que te preocupe?”, “¿Te sientes bien con tus amigos?”, “¿Hay algo que quieras contarme?”.

No tenemos que ser padres perfectos. La crianza no es un examen.

Pero sí podemos intentar estar atentos a todas las dimensiones de nuestros hijos: a su cabeza, sí, pero también a su corazón; a lo que aprenden en los libros, pero también a lo que aprenden sobre el amor, el respeto y las relaciones.

Porque las notas de este curso pasarán. Pero la manera en la que nuestros hijos aprendan a quererse y a querer a los demás les acompañará toda la vida.

Así que, para este nuevo curso, quizá ese sea también nuestro propósito como padres: no olvidarnos de educar el corazón.

Cuca Álvarez