Imagina la siguiente escena que aparece en el Primer Libro de los Reyes. Elías acaba de protagonizar una gran victoria. En el monte Carmelo, se ha enfrentado a los sacerdotes de Baal y ha salido vencedor. Pero poco después, todo cambia. La reina Jezabel amenaza con matarlo. Y Elías huye.
Llega al desierto, se sienta bajo una retama y, completamente agotado, pide morir. Después se tumba y se queda dormido. Es una escena profundamente humana: el profeta, que acaba de demostrar una enorme fortaleza, ahora está exhausto, asustado y sin perspectiva. «Ya es demasiado, Señor», afirma Elías.
Y precisamente aquí podemos establecer un interesante diálogo con la psicología y, en particular, con la llamada defusión cognitiva. La defusión consiste en aprender a tomar distancia de nuestros pensamientos, especialmente cuando estamos atrapados en ellos. En esos momentos, el pensamiento empieza a parecernos una realidad. «No puedo más», «no hay salida», «todo está perdido», solemos decir.
El problema no es solamente lo que pensamos, sino que, cuando estamos agotados, podemos quedar completamente identificados con esos pensamientos. Por eso, resulta tan significativo lo que ocurre bajo la retama. Dios no le pide inmediatamente a Elías que vuelva a luchar. Primero le permite descansar. El ángel lo despierta, le da alimento y agua, y vuelve a dejarle descansar. Solo después le dice: «Levántate y come, porque el camino es demasiado largo para ti».
Hay aquí una intuición muy poderosa: Cuando estamos exhaustos, nuestra capacidad para tomar distancia, observar lo que pensamos y elegir cómo actuar puede verse limitada. Descansar no soluciona por sí mismo nuestros problemas, pero puede devolvernos la perspectiva necesaria para afrontarlos.
Elías no sale de la retama porque haya vencido sus pensamientos. Sale porque ha recuperado fuerzas para continuar el camino.
Quizá también nosotros necesitemos, algunas veces, hacer lo mismo: parar, descansar, alimentar el cuerpo y el espíritu… y solo después volver a mirar nuestros pensamientos sin confundirlos con la realidad. Porque descansar también puede ser una forma de recuperar la libertad interior.
Elías, gracias a que se permitió descansar y recuperar fuerzas, pudo caminar durante días hasta el monte Horeb donde, en medio de la suave brisa, se encontró con el Señor.
Miguel Ruiz