El cristiano debe ser una criatura nueva con la novedad del Resucitado, es decir, santo. La santidad no es otra cosa que dejar que Cristo siga amando en nosotros, a través de nuestras personas y obras; es la caridad plenamente vivida en el conjunto de nuestra vida. Esto no quiere decir que no tengamos alguna caída o error, pues dice la Biblia que hasta el justo cae siete veces, pero vuelve a levantarse (Prov. 24,16); se trata de reflejar algún aspecto del amor de Jesucristo, porque uno mismo se siente amado por Él.