Jornada Mundial de la Paz: la Educación

+ Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia

El pasado día 1 de enero se celebraba en la Iglesia, pero como una propuesta para toda la sociedad, la Jornada Mundial de la Paz. Como todos los años, el papa Francisco nos regaló un mensaje, titulado “Diálogo entre generaciones, educación y trabajo, instrumentos para construir una paz duradera”, que enlaza con el mensaje del año pasado, 2021, titulado: “La cultura del cuidado como camino de la paz”.

Hoy quiero detenerme en el segundo instrumento a tener en cuenta en la arquitectura y artesanía de la paz, porque en esto todos debemos ser activos sin olvidar que la paz social comienza por la paz en el propio corazón, la paz con uno mismo. Tampoco podemos olvidar que la paz es un don de Dios, un regalo que concede Dios y que debemos pedir con confianza.

No podemos olvidar tampoco que la paz no es sólo ausencia de guerra física que se siguen dando, ni tampoco de guerra fría, que parece revivir implicando a USA, Rusia y China, y que nos afecta o nos debe afectar a Europa. El papa, en ocasiones, quiero recordar, ha hablado de que se estaba desarrollando una tercera guerra mundial de forma sibilina. La paz implica lo que nos deseamos estos días primeros del año: prosperidad, bienestar, armonía, etc...

El segundo instrumento que nos propone el papa es la instrucción y la educación como motores de la paz. Muchas veces se considera la instrucción y la educación como un gasto, cuando más bien es una inversión que ha disminuido significativamente en estos últimos años. Los gastos militares han aumentado y parecen que van a crecer más. Yo recuerdo que muchos labradores y ganaderos de nuestros pueblos se preocupaban de dar una buena educación a sus hijos antes que dejarles herencias, porque decían que qué mejor herencia que posibilitarles un futuro mejor que el suyo.

La instrucción y la educación «constituyen los principales valores de un desarrollo humano integral: hacen a la persona más libre y responsable, y son indispensables para la defensa y promoción de la paz. Son las bases de una sociedad cohesionada, civil, capaz de generar esperanza, riqueza y progreso» (Mensaje, 3).

El papa llama a un cambio en las inversiones públicas destinadas a la educación y los fondos reservados a los armamentos; es más que se liberen estos recursos para destinarlos a la salud, la escuela, las infraestructuras y el cuidado del territorio, entre otros.

En el mensaje apunta que le gustaría que la inversión estuviera más comprometida con la cultura del cuidado. «Un país crece cuando sus diversas riquezas culturales dialogan de manera constructiva: la cultura popular, la universitaria, la juvenil, la artística, la tecnológica, la cultura económica, la cultura de la familia y de los medios de comunicación». Por eso propone, y en ello está muy comprometido, en un pacto educativo global para y con las generaciones más jóvenes, que involucre en la formación de personas maduras a las familias, comunidades, escuelas, universidades, instituciones, religiones, gobernantes, a toda la humanidad. Un pacto que promueva la educación a la ecología integral según un modelo cultural de paz, de desarrollo y de sostenibilidad, centrado en la fraternidad y en la alianza entre el ser humano y su entorno, como nos propone en Fratelli Tutti y Laudato Sí. Este pacto es el que busca y promueve también la Escuela Católica en sus diversos centros y también aquí en Palencia.

Termina el papa este punto afirmando que «invertir en la instrucción y en la educación de las jóvenes generaciones es el camino principal que las conduce, por medio de una preparación específica, a ocupar de manera provechosa un lugar adecuado en el mundo del trabajo». Por cierto, oía estos días pasado en no sé qué emisora de radio a un juez de menores que afirmaba que en la educación, desde saber leer o escribir y entender, hasta en la educación más alta, estaba parte de la recuperación de los menores delincuentes. Que esa era su experiencia como juez y que muchos menores le habían dado las gracias por haberles puesto esa pena por sus delitos.

Me permito recordar e invitar a instruirnos y educarnos todos, pequeños y mayores, en la fe. No podemos decir que somos cristianos si no sabemos dar razón de nuestra esperanza. Yo deseo que, en conformidad con la programación de pastoral de este año, todas las comunidades se preocupen de la educación en la fe y se pongan medios. Los servicios diocesanos y este obispo estamos para ayudar en esta labor.

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