“Somos una iglesia viva, renovada y revitalizada”. San Antolín 2026

“Somos una iglesia viva, renovada y revitalizada”. San Antolín 2026

Palencia vivió ayer, 2 de septiembre, el día grande de las fiestas del patrón de la Ciudad de la Diócesis con la tradicional celebración de la Eucaristía en honor a San Antolín. La jornada reunió en la Catedral a cientos fieles en una celebración marcada por la tradición, la participación de la comunidad y un mensaje de confianza y esperanza en el presente y el futuro de la Diócesis.

Ver fotos

Los actos comenzaron a primera hora de la mañana con la celebración de dos eucaristías en la Cripta de San Antolín, a la 9:00 y a las 10:00 a las que acudieron numerosos fieles que la pudieron cumplir con el rito de beber agua en el día del patrón. Más tarde, a las 11:15, tras la llegada de las autoridades y peñas desde el Ayuntamiento hasta la Plaza de la Inmaculada, tuvo lugar la procesión con el relicario de plata con imagen de San Antolín, que recorrió el exterior del templo para regresar a su interior por la puerta de San Antolín.

A las 11:30, comenzó la Eucaristía fue presidida por el palentino Mons. Javier del Río, obispo emérito de Tarija, quien trasladó a los presentes el saludo de nuestro obispo, D. Mikel, ausente por compromisos pastorales fuera de España, así como de nuestro obispo emérito, D. Manuel Herrero, que no pudo participar por motivos de salud.

«Somos una pequeña diócesis, somos menos gente, pero no somos menos Iglesia»

Durante su homilía, D. Javier reivindicó la historia y el legado de la Iglesia palentina y lanzó un mensaje de confianza ante los retos que afronta la comunidad diocesana. «Somos una pequeña diócesis, somos menos gente, pero no somos menos Iglesia, no somos una Iglesia venida a menos, ni en declive», afirmó.

D. Javier puso también el acento en el papel creciente de los laicos en la vida de la Iglesia. Ante la realidad de la escasez de sacerdotes y vocaciones, destacó que «muchos laicos, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, asumen la responsabilidad y el protagonismo que les corresponde por el bautismo». En este sentido, definió a la Diócesis como una «Iglesia viva, renovada y revitalizada con el impulso del Espíritu Santo», que continúa «roturando nuevos caminos para las nuevas generaciones».

La homilía estuvo también marcada por la figura de San Antolín y por la invitación a vivir el Evangelio desde la entrega, la fidelidad y el compromiso. A partir de las lecturas proclamadas durante la celebración, recordó que los santos son «ejemplo a seguir» y destacó el sentido del martirio como expresión de entrega y amor.

En la parte final de su intervención, D. Javier contrapuso algunos comportamientos presentes en la sociedad con los valores proclamados por las Bienaventuranzas, reivindicando la honestidad, la justicia, la paz y la misericordia. «No serán bienaventurados los mentirosos y corruptos sino los limpios de corazón; no serán bienaventurados los que odian y matan sino los que buscan y luchan por la verdad, la justicia y la paz; no serán bienaventurados los egoístas y avarientos sino los misericordiosos», afirmó.

Una celebración participada por toda la comunidad

La Eucaristía contó con una amplia participación de representantes de la sociedad palentina. Daniel Ibáñez Gutiérrez proclamó la primera lectura, mientras que la hermana María Fátima, auxiliar parroquial de Cristo Sacerdote, se encargó del salmo responsorial. La segunda lectura fue proclamada por un representante de las peñas palentinas y el diácono Pedro Luis Ruipérez realizó la proclamación del Evangelio. Por su parte, la oración de los fieles fue realizada por las pregoneras populares del Club Deportivo Palencia Fútbol Femenino.

La celebración se convirtió así en un punto de encuentro entre la comunidad cristiana y la sociedad palentina, en torno a su patrono y a una tradición profundamente arraigada en la ciudad.

La «Bella Reconocida» y la tradición del agua de San Antolín

D. Javier del Río tuvo también palabras de reconocimiento para la Catedral de Palencia, tradicionalmente conocida como la «Bella Desconocida». Tras las obras de restauración y la recuperación de su esplendor, afirmó que «con justicia la llamamos la Bella Reconocida».

Al finalizar la Eucaristía, las autoridades descendieron hasta la cripta para cumplir con la tradición de beber el agua de San Antolín. Una misma cita con la tradición que cumplieron numerosos palentinos y visitantes a lo largo del día. Una jornada en la que se usaron cerca de 7250 vasos de plástico, repartiéndose 550 litros de agua bendecida.

 

 

HOMILÍA EN LA FIESTA DE SAN ANTOLÍN 2026

 

Un saludo muy cordial de parte de Don Mikel, nuestro obispo, que hoy no puede estar presente entre nosotros por compromisos pastorales fuera de España.

También quería estar con nosotros en este día Don Manuel, nuestro anterior obispo, pero por su delicado estado de salud no ha podido. Reciban un saludo muy cariñoso de su parte.

Ante su ausencia y en su nombre me han pedido presidir la Eucaristía, como obispo misionero nacido en Palencia.

Un saludo muy cordial a todos, sacerdotes del Cabildo Catedral, Vicario General, Delegados Episcopales, Arciprestes y miembros del Presbiterio Diocesano, Religiosos y Religiosas, laicos de la Curia Diocesana, de los movimientos apostólicos, de los Consejos Parroquiales, en los servicios de Caritas, en la Catequesis, en otros ministerios y servicios eclesiales, los cofrades de San Antolín y de las cofradías y Hermandades.

Un saludo cordial a la Sra. Alcaldesa, Doña Miriam Andrés y a los Concejales, a la Sra. Presidenta de la Diputación, Doña María Ángeles Armisén y a los Consejeros, a los Sres. Delegados del Gobierno Nacional y de la Junta de Castilla y León, a los representantes de Palencia en las Cortes Nacionales y Regionales, a los representantes del Poder Judicial y Militar, a todos los servidores públicos que hoy estáis aquí representando a un pueblo cristiano en su gran mayoría desde tiempos antiguos.

 

MEMORIA AGRADECIDA

Hoy celebramos, un año más, la fiesta de San Antolín, en esta catedral de Palencia dedicada desde hace siglos al glorioso mártir San Antolín.

Es la iglesia (el templo) madre de la Diócesis de Palencia, donde está la Cátedra del obispo, por eso se llama Catedral (en el altar mayor del templo).

Es conocida y llamada popularmente “la Bella Desconocida”, porque se sitúa entre las grandiosas catedrales de Burgos y León, y ahora desde las últimas obras de restauración y limpieza, sobre todo desde la celebración de los setecientos años de la construcción de la actual catedral, ha recobrado la belleza, el esplendor, la claridad y la majestuosidad de la tercera catedral más grande de España. Ahora con justicia la llamamos LA BELLA RECONOCIDA.

Aquí están las reliquias de San Antolín traídas por Don Sancho de Navarra desde el sur de Francia donde recibió el martirio, y depositadas en la anterior catedral románica. Y aquí está su imagen que preside el grandioso altar mayor. Desde entonces es proclamado su patrocinio sobre nuestra iglesia de Palencia.

Pero la historia viene de lejos. El comienzo de la Diócesis de Palencia es más antiguo y empalma con la etapa primera de la evangelización apostólica cuando se crean las primeras diócesis en España, ya en el final del primer siglo, las Diócesis Primadas de Toledo y Tarragona y Cartagena en la costa mediterránea.

Los primeros vestigios e indicios de la iglesia de Palencia aparecen ya en el siglo III, al mismo tiempo que Sevilla, Granada y Astorga.

Palencia es la más antigua diócesis de Castilla y muy anterior a nuestras cercanas Metropolitanas de Burgos (siglo XI) y Valladolid (siglo XVI).

Recordar los inicios de nuestra iglesia palentina nos habla hoy de nuevo de la historia de salvación que Dios ha realizado en nuestra tierra, del legado que hemos recibido de nuestros mayores, la semilla del Reino que Dios ha implantado en nuestros corazones y ha ido creciendo con la fuerza de su Espíritu y las obras de nuestras manos.

Al hacer memoria en este día, damos gracias a Dios por todo lo que ha hecho con nosotros. Damos gracias a Dios por tantos hombres y mujeres que han recibido y acogido el don de la fe en estas tierras y han vivido el evangelio con fidelidad y amor y nos lo han transmitido con gozo. Tantos santos y santas, algunos canonizados y otros muchos desconocidos, miles de misioneros que han llevado el conocimiento de Cristo por todas partes, numerosas obras, hospitales y escuelas, evangelio predicado y hecho vida, y congregaciones, movimientos, instituciones de amor y servicio con los más pobres, y tanta lucha y esfuerzo por la justicia y la paz entre los hombres,

La enorme riqueza artística de nuestra tierra palentina que proviene y expresa la fe de un pueblo cristiano, transmite a todos la grandeza del Dios creador, el amor y sublime verdad del Evangelio.

 

EL PRESENTE HEREDADO Y REVITALIZADO

Frente a esta grandeza del pasado nos encontramos ahora, en el siglo XXI, en una parte de la España vaciada. Somos una pequeña Diócesis, somos menos gente, pero no somos menos iglesia, no somos una iglesia venida a menos, ni en declive.

Faltan sacerdotes, decimos, y no hay vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida religiosa, pero al mismo tiempo reconocemos la importancia de muchos laicos, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, que asumen la responsabilidad y el protagonismo, que les corresponde por el bautismo, en las distintas tareas pastorales de la iglesia.

Somos una iglesia viva, renovada y revitalizada con el impulso del Espíritu Santo que se expresó y plasmó en el último Concilio Universal de la Iglesia Católica, Concilio Vaticano II, se han cumplido ahora 60 años.

En los años finales del pasado siglo celebramos en Palencia el último Sínodo Diocesano (Asamblea Sinodal, lo llamamos) y en ese momento queríamos renovar nuestra iglesia palentina conforme al espíritu y los documentos del Concilio Vaticano II. En ese momento definíamos y queríamos ser una:

Iglesia Discípula, en la escucha de la Palabra, en la oración y celebración de la fe.

Iglesia Familia de hijos y hermanos, en comunidad y comunión.

Iglesia Samaritana, al lado de los pobres y los que sufren.

Iglesia misionera, en misión evangelizadora con laicos y jóvenes,

En estos años hemos trabajado pastoralmente, en comunión con las Iglesias hermanas de la Región del Duero, con esta dinámica de comunión, que ahora llamamos sinodalidad, y asumiendo todos la responsabilidad que nos corresponde, para vivir y celebrar nuestra fe, anunciar el Evangelio transformador y redentor de nuestras vidas y hacer crecer con la fuerza del Espíritu las semillas del Reino que Dios ha plantado en nuestros corazones.

Tratamos de hacer un trabajo pastoral por el Reino de Dios en un nuevo contexto cultural y social.

Somos una Iglesia viva, gracias a Dios, renovada, roturando nuevos caminos para las nuevas generaciones y juntamente con ellos siendo testigos de Jesús en la nueva sociedad

 

MIRANDO AL FUTURO. LA ESPERANZA QUE NO DEFRAUDA

El testimonio de San Antolin nos ha guiado y nos guía en el camino a seguir.

Los santos, dice la Liturgia de la Iglesia, son ejemplo a seguir, como ellos siguieron al Señor Jesús. Son intercesores nuestros ante Dios y nos señalan nuestro destino final.

El mártir es el que proclama su fe dando la vida por amor a Dios y a los hermanos, que es el mandamiento primero y único del cristiano, como hace Jesús y como celebramos en la Eucaristía

El libro de los Macabeos, que hemos escuchado, nos habla del martirio de los 7 hijos a los que su la madre anima a morir confesando la fe en Dios. El verdugo nos podrá quitar la vida, dice su madre, pero no nos podrá separar de Dios, y Él es el autor de la vida.

Este es el misterio cristiano, que hoy nos propone el Evangelio en la memoria de nuestro Patrono y Protector San Antolin:

“el grano de trigo que muere para dar fruto”

“el que pierde su vida para seguir a Jesús, la ganará para siempre”

Es necesario morir al pecado. La penitencia necesaria, es el misterio de la cruz. La paciencia y resistencia que nos dice la oración de la Iglesia en este día. No es castigo por nuestra maldad ni una sanción, es morir para dar vida, es morir por amor. No hay mayor amor que el que da la vida por quien ama.

Y perder la vida por seguir a Jesús es la fe y la confianza en Dios. La vida que Dios quiere para mí. No es mi proyecto de vida, mi ilusión, lo que yo quiero, es optar por lo que Dios quiere para mí.

Los mandamientos de Dios se hacen en Jesús Bienaventuranzas.

Y así no serán bienaventurados los mentirosos y corruptos sino los limpios de corazón,

no serán bienaventurados los que odian y matan sino los que buscan y luchan por la verdad y la justicia y la paz,

no serán bienaventurados los egoístas y avarientos sino los misericordiosos.

Son los bienaventurados de ahora y para siempre, la felicidad que anhela nuestro corazón, la esperanza que no defrauda.

No se trata de obediencia resignada a los mandamientos de Dios, es la sabiduría de la fe. Así lo expresa María la madre del Señor “aquí está la esclava del Señor hágase en mi según tu palabra”

Esta es la fe, esta es la salvación, este es el Reino de Dios.

AMEN