Creando puentes

Creando puentes

Queridos lectores, paz y bien.

Acabadas las fiestas de San Antolín, espero que hayamos podido descansar en este verano para retomar el pulso ordinario de la vida. En la diócesis culminaremos el Plan Pastoral Diocesano 2023-26, que comenzábamos con el lema “Una buena noticia: soñar juntos, acoger lo que nace, acompañar lo que crece”. El curso pasado seguíamos con “Abriendo puertas. Comunidades en camino”. Este lema recogía el Jubileo de la Esperanza que seguimos celebrando. Y este año completaremos el ciclo, Dios mediante, con el inspirador “Creando puentes”

Ya sabemos, que, en sentido estricto, es Dios quien tiene la capacidad de crear, crear los seres, de hacer brotar el cosmos de la nada, de abrir posibilidades donde nosotros no veíamos nada. Y por ello, a los que queremos ser seguidores del Señor, también sabemos que su Padre Dios nos hizo a su imagen y semejanza, y que es el Espíritu Creador el que nos impulsa a mujeres y hombres a imaginar, soñar y configurar un Mundo Nuevo gracias a la resurrección de Jesucristo. Un mundo herido y dividido que requiere hombres y mujeres de paz y de comunión. Un mundo que necesita artesanos tejedores de vínculos y que sufre las acometidas del mal de tantas maneras.

Y Jesús nos alienta a no dejar esa lucha y tarea, ese trabajo y camino a medias. En la fiesta de San Antolín, decía esto en mi homilía: «Ese es uno de los peligros de los que nos hemos de cuidar: la mediocridad. Claro que todos tenemos muchos límites, pero me refiero a otra cosa: la mediocridad como eso que se opone a la santidad y la seca. Vuelvo a nuestra antigua oración del rito hispano mozárabe: “honrando con toda devoción al santo mártir, obtengamos de ti, junto a él, la gloria de la santidad”. Soy mediocre cuando me aparto del seguimiento de Jesús, y me convierto en guardián del viejo paradigma, del “siempre se ha hecho así”, del “no hay nada que hacer”, del “no tenemos remedio”. Y soy santo cuando no me conformo, no me resigno y lucho».

Podemos resignarnos a vivir en una comunidad cristiana, que, bajo la influencia de la polarización social, se limita a replicar esquemas ideológicos simplificadores y separadores. La Iglesia que describe el documento final del Sínodo, y en concreto cuando se refiere a la Iglesia local o diócesis, es llamada sin más Iglesia católica. Y esta palabra, tan venerable como manida significa nada más y nada menos que unidad, diversidad, y totalidad. Es decir, sólo somos Iglesia cuando abrazamos todos los carismas y todo cuanto el Espíritu inspira y crea. Por tanto, cuando absolutizamos líneas y excluimos a los distintos, no somos católicos. Mi anhelo para este curso, por tanto, es que seamos más católicos y menos particularistas, más fraternos y menos sectarios.

Continuaba yo en la homilía de la fiesta: «Dios tiene un sueño, que es su Reinado de paz y amor entre nosotros. Y por parte nuestra, este Reino llega cuando nos implicamos, no meramente colaboramos. Soñar una Iglesia y una sociedad corresponsables, capaz de superar tantas barreras, bloqueos e incomprensiones, tantos bandos y tanta cerrazón. Este año como diócesis, tomaremos el lema Creando puentes”, que considero muy oportuno, sugerente, y espero que eficaz. Queridas hermanas y hermanos, hacer fiesta tiene su pleno sentido cuando esta alegría de estos días se prolonga en el compromiso, la decisión de reconciliarnos con los diferentes. En la Iglesia y en la sociedad, somos necesarios todos, no sobra nadie. Hay demasiados puentes rotos. Lo que se hace en la guerra es destruir los puentes, cortar las comunicaciones, aislarnos en bandos. Seamos hombres y mujeres de paz, forjadores de vínculos, fraternos y serviciales».

De hecho, la Iglesia no tiene otra razón para existir que la de ser la que encarna la misión de Dios en el mundo. Jesús es el único pontífice en sentido estricto. El único que ha tendido sobre el abismo del mal, del pecado y de la muerte, un puente que nos alcanza la otra orilla. Y desde Él, los pastores en la Iglesia, y cada comunidad y cada fiel, tenemos una tarea, tan ardua como hermosa: tender puentes entre nosotros y en la sociedad, es decir, siendo mediación de Dios en el mundo. Pronto iremos retomando el pulso del año laboral y escolar, y estará bien que cada uno revisemos, brechas, fisuras y derrumbes que hay en mí y en nosotros y que nos impiden cumplir con nuestra misión como bautizados: sacerdotes, profetas y reyes para traer y construir un mundo nuevo.

+ Mons. Mikel Garciandía Goñi. Obispo de Palencia.