Jóvenes para tiempos nuevos

Jóvenes para tiempos nuevos

Queridos lectores, paz y bien.

Concluyo hoy la serie de cuatro artículos que aportan reflexión, debate y propuestas a nuestra Iglesia local, embarcada en una travesía que pretende transformar a todas nuestras comunidades en una clave de seguimiento al Señor para la misión. Y hoy quiero mirar a quienes son la esperanza y el presente de nuestra Iglesia y sociedad: los jóvenes.

El Proyecto Marco de pastoral con jóvenes de la Conferencia Episcopal Española lleva por título “Poneos en camino”, y supone inspiración e impulso para nuestra pastoral diocesana. Y su primera parte lleva como título “Con el Buen Pastor camino de Emaús”, y desarrolla tres momentos: Caminaba con ellos (reconocer); Se le abrieron los ojos (interpretar); y, Al momento se pusieron en camino (elegir)

Este itinerario se alinea con el proyecto internacional Journey to Redemption 2033, que traza pistas, basadas en el mismo texto de San Lucas. El proyecto del Papa León XIV propone este recorrido: Roma 2025 (caminar y escuchar), Santiago 2027 (reconciliar y sanar), hasta el 2030 (iniciar), hasta Jerusalén 2033 (evangelizar).

En estas iniciativas aflora el espíritu del Sínodo, mediante el cual los cristianos vamos pasando de los análisis, a tejer una poderosa síntesis. El Espíritu está inspirándonos unos mapas mentales, una hoja de ruta capaz de sacarnos de los atolladeros que tantas veces nos inmovilizan. La exhortación postsinodal Christus vivit ha puesto en el centro de toda acción pastoral la importancia del kerigma, destacando la necesidad de una pastoral juvenil sinodal, misionera, popular y vocacional, caracterizada por el acompañamiento y el discernimiento.

El Sínodo invitó a mirar a los jóvenes con confianza. Cuando miramos a los jóvenes con confianza descubrimos con sorpresa una llamada de Dios en nosotros. «Así es la mirada de Dios Padre, capaz de valorar y alimentar las semillas de bien sembradas en los corazones de los jóvenes. El corazón de cada joven debe por tanto ser considerado “tierra sagrada”, portador de semillas de vida divina, ante quien debemos “descalzarnos” para poder acercarnos y profundizar en el misterio» (ChV 67).

Los jóvenes necesitan de nosotros (como todas las demás personas) una escucha humilde y una mirada cordial. Sin ellas, el diálogo y la interlocución se vuelven imposibles. Ellos están a menudo heridos por experiencias en las que han sido utilizados y manipulados, y esto hemos de evitarlo a toda costa en la Iglesia.

Resultan oportunas estas palabras del Papa Francisco: «No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece más lejano, más indiferente. El Señor busca a todos, quiere que todos sientan el calor de su misericordia y de su amor. Y nos invita a ir sin miedo con el anuncio misionero, allí donde nos encontremos y con quien estemos, en el barrio, en el estudio, en el deporte, en las salidas con los amigos, en el voluntariado o en el trabajo, siempre es bueno y oportuno compartir la alegría del Evangelio» (ChV 177). Y esta misión han de hacerla los propios jóvenes, que son quienes tienen la llave, el lenguaje, la sintonía y la sensibilidad de sus propios compañeros.

El Proyecto Marco sitúa la clave diferencial de la que todo depende en encontrarse con Jesús: «El encuentro con el Señor transformó a aquellos discípulos entristecidos. La pastoral con jóvenes tiene aquí su gran meta: ayudar a que los jóvenes se encuentren personalmente con el Señor. No solo a que sea acogido hospitalariamente en sus vidas, sino a que, de manera semejante a los discípulos de Emaús, lo reconozcan como su anfitrión; como aquel que preside su mesa, bendice sus dones y los impulsa al testimonio alegre en la comunidad».

Y una pregunta incómoda para nosotros, los adultos que decimos pertenecer a la Iglesia católica. Cuando me encuentro con jóvenes, ¿desde dónde les hablo y escucho? ¿desde la mirada confiada y misericordiosa del Resucitado, o desde los estereotipos y prejuicios de los fariseos y de los doctores de la ley? Porque no es lo mismo hablar desde Dios o hacerlo sin más acerca de Él, como de oídas. Los samaritanos creyeron en Jesús por cómo aquella mujer les había hablado de Él.

Jesús guía los pasos de los jóvenes. «La primera condición para el discernimiento vocacional en el Espíritu es una auténtica experiencia de fe en Cristo muerto y resucitado, recordando que “no es la luz la que disipa todas nuestras tinieblas, sino una lámpara que guía nuestros pasos en la noche, y esto es suficiente para el camino” (Lumen fidei, 57). Ojalá que todos los adultos hagamos memoria de cuando fuimos jóvenes, y recordemos ese momento en que sentimos que no caminábamos solos, sino que el Buen Pastor nos salió al encuentro hasta el día de hoy. Tiempos nuevos exigen actitudes nuevas. ¡Hay esperanza!

+ Mons. Mikel Garciandía Goñi

Obispo de Palencia