Queridos lectores, paz y bien.
Tras unas semanas en las que hemos podido (espero) descansar y disfrutar del verano, hoy retomo esta página en la que puedo volcar las inquietudes y sueños como pastor de la diócesis de Palencia.
En mi tercer año de servicio a las comunidades cristianas, tengo la satisfacción de comunicar que estamos ante un año pastoral cargado de novedades y retos. En los últimos cuatro meses hemos trabajado intensamente para presentar un nuevo organigrama diocesano, con el que respondemos al reto de ser una iglesia más sinodal y misionera. Contamos con cuatro áreas de pastoral coordinadas por delegados laicos y sacerdotes para responder a la llamada del Señor de salir para hacer discípulos anunciando el Evangelio y bautizando en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu (Mt 28, 20). Hoy quiero centrarme en la pastoral con jóvenes.
La Iglesia de Palencia vive un momento de especial relevancia. Mientras la diócesis elabora una nueva Programación General Diocesana, la Pastoral con Jóvenes renueva también su proyecto para los próximos años. No iniciamos este camino desde cero. Lo hacemos apoyándonos en una experiencia compartida que ha ido configurando una forma propia de comprender la evangelización de las nuevas generaciones.
Durante el cuatrienio anterior, la Pastoral con Jóvenes ha experimentado un crecimiento significativo. La creación del Centro Juvenil Diocesano, el impulso del servicio del Animador de Pastoral con Jóvenes junto al Delegado Diocesano, la consolidación de los equipos de animadores, el fortalecimiento del Foro Joven, el acompañamiento de numerosos procesos personales, las experiencias de peregrinación, voluntariado y misión, así como la coordinación entre parroquias, movimientos, colegios y otras realidades eclesiales, han contribuido a configurar una manera de hacer pastoral marcada por la cercanía, la comunión y el acompañamiento.
Sin embargo, el fruto más importante de este tiempo no puede medirse únicamente por las iniciativas desarrolladas. Lo más valioso ha sido el aprendizaje compartido que ha ido transformando nuestro modo de situarnos junto a los jóvenes. Hemos descubierto que evangelizar consiste, antes que nada, en caminar con las personas; que los procesos resultan más fecundos que los acontecimientos aislados; que el acompañamiento transforma más profundamente que la simple transmisión de contenidos; que la comunión multiplica la fuerza evangelizadora y que los jóvenes responden con generosidad cuando encuentran comunidades que confían en ellos y personas dispuestas a compartir su camino.
Uno de los acentos de nuestra Programación Diocesana es, en efecto la pastoral vocacional, y por supuesto, trabajar la dimensión de la llamada con los jóvenes. Y para ello convoco a todos los jóvenes de la diócesis a un encuentro en la Catedral de Palencia este viernes 18, a las 19.00. El encuentro tendrá dos momentos: la presentación del proyecto internacional Journey to Redemption (J2R) Camino a la Redención, en el marco de la programación diocesana y a las 21.00, hora santa presidida por mí y acompañada por los jóvenes del grupo Hakuna de Madrid.
Ya el día 1 de agosto del año pasado, 50 jóvenes palentinos participaron en Santa Maria in Trastevere (Roma) en la lectura del Manifiesto de los Jóvenes y la oración por la paz. Este año la diócesis de Palencia impulsa a nivel nacional el proyecto y juntos, como diócesis, abrimos brecha en esta iniciativa acompañada por el Papa León XIV para que los jóvenes tomen la iniciativa para evangelizar a otros jóvenes y asuman su lugar en la Iglesia y en el mundo.
El lema del encuentro es: “¿No ardían nuestros corazones?”, y está tomado de la expresión de los discípulos que se encuentran con Jesucristo Resucitado, camino de Emaús. En efecto, el proyecto J2R plantea recrear para cada joven, cercano o alejado, la experiencia que se da cada vez que salimos caminar como peregrinos. Jesús está siempre como compañero de camina para todo aquel que, venciendo la resignación, resistencias y miedos, tiene el coraje de cuestionarse una vida hiperconectada pero aislada, y herida por tantas promesas fallidas.
La Iglesia camina hacia el Jubileo de la Redención, en el año 2033, y esa fecha puede ser un Kairós, un tiempo de gracia, una nueva oportunidad para volver al origen y a la radicalidad del Evangelio. La renovación a la Iglesia siempre le viene de contemplar y escuchar a Jesús. Lo encontramos en la Eucaristía, y miles de jóvenes lo están experimentando cuando descubren la adoración. En la diócesis de San Manuel González, auguro una jornada intensa, gozosa, en la que muchos, tal vez por primera vez puedan decir lo mismo que los discípulos de Emaús: “¿No ardían nuestros corazones?”. El corazón del joven no está hecho para la tibieza, sino para arder en amor. No está hecho para el conformismo, sino para la rebeldía: y Jesús nos ofrece su causa, su sueño. Que tengas un buen domingo.
+ Mons. Mikel Garciandía Goñi. Obispo de Palencia