Homilía de Mons. Mikel Garciandía, obispo de Palencia, en la Solemnidad del Corpus Christi y Día de la Caridad. En la Catedral de Palencia, el 7 de junio de 2026.
Queridos hermanos y hermanas, paz y bien, cuantos amáis la Eucaristía, sobre todo, niños y niñas que hace unos días habéis recibido a Jesús por primera vez. Queridas parroquias, cofradías, grupos, movimientos, bienvenidos de corazón a vuestra casa, a la catedral, a la sede donde me toda enseñar y animar la fe en todo el pueblo de Dios.
Elige amar, elige comunidad es el lema de la nueva Campaña de Caridad 2026 en este día del Corpus Christi. Como cada año, de la mano de Caritas diocesana los cristianos somos invitados a encarnar nuestra fe, o lo que es lo mismo, a ser el cuerpo de Cristo operante en nuestro mundo. Y por ello saldremos luego en procesión en la ciudad y en tantos pueblos de nuestra diócesis.
Desde esta forma de entender las relaciones con los demás, creemos y optamos por una fraternidad que impulsa la esperanza del que llora, del que sufre, del que se siente solo o abatido, y la esperanza en una Humanidad Nueva que sostiene nuestros propósitos, acciones y sueños. Hoy que el Papa León celebra el Corpus en Madrid, cito estas palabras suyas, de su Encíclica Magnifica humanitas, en la que nos urge en la línea del lema de nuestra Caritas: “¡Cuidemos las relaciones! En una época que tiende a acelerar y a fragmentar, la carne humana sigue pidiendo ser cuidada y reconocida por manos capaces de ternura, por mentes atentas y buenas palabras. La cultura digital multiplica las conexiones y ofrece nuevas posibilidades de encuentro; sin embargo, el corazón humano conserva una necesidad irrenunciable de proximidad. Invito a salvaguardar los espacios y los momentos en que la presencia física sigue siendo decisiva: la mesa compartida, la comunidad cristiana que se reúne, la visita a quien está solo, el servicio a los pobres. Son signos de una humanidad que sigue creyendo que cada cuerpo es templo del Espíritu y casa de Dios, y precisamente esta alianza entre gloria y fragilidad se convierte en criterio para evaluar los modelos antropológicos propuestos por la cultura actual”.
El Papa habla de mesa compartida, de comunidad cristiana que se reúne, de visita a quien está solo, de servicio a los pobres. Todo eso lo asume Jesús haciéndose Pan de Vida, alimento de salvación. Jesús en la Eucaristía, mesa de la Palabra y del Pan. Ayer en la Vigilia de Madrid una joven preguntó al Papa León: ¿cómo podremos reconocer la voz de Dios entre muchas voces? A lo que el Papa respondió: “puede ayudarnos sobre todo el silencio (ahora me estáis escuchando en silencio…) Desarrollar la capacidad de estar en silencio. Muchas veces vamos con audífonos, vamos con la música, vamos con las distracciones, pero no sabemos estar en silencio. Y es precisamente en esta experiencia de Dios, que Él puede hablarnos, o que podemos discernir su voz. Cuando buscamos el silencio decidimos qué no escuchar y de qué ruidos no dejarnos distraer.
Al liberarnos del estruendo de mil voces, reconocemos que algunas engañan nuestros deseos, otras nos compran sin alimentarnos, otras hablan por interés. En el silencio comprendemos que las ideologías pasan mientras la verdad permanece” Hasta aquí, las palabras del Papa.
Escuchamos a Jesús: “el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día”. Y le creemos, pues cumple la promesa de Dios recogida en el libro del Deuteronomio, donde Yahvé promete a Moisés, que le mandará un pan de vida para el camino. Porque Jesús es ese alimento de nuestra alma, de nuestro corazón, de la comunidad que formamos los cristianos domingo a domingo. La Iglesia es peregrina y va hacia Jerusalén, no quiere levantar más torres como la de Babel, sino que quiere habitar la ciudad que Jesús ha fundado derramando su sangre como Cáliz de la Nueva Alianza.
Por eso os pido que os dejéis lavar por su sangre y alimentaros de su Carne. Elegimos todos en consecuencia amar día a día, elegimos ser una familia. Celebrar la Caridad, el día del Corpus Christi, es celebrar que Jesús nos eligió a costa de su propia vida y así nos engendró para el Cielo. Eligió y elige hoy amarte y no te mira en tu aislamiento, sino en comunidad, formando parte de su propio Cuerpo, siendo un miembro suyo.
Lo ha dicho Pablo a los corintios: “porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan”. Por ello, este misterio de amor de Jesús, de amor que se hace pan compartido para la vida del mundo es lo que sacamos hoy a nuestras calles: Jesús mismo que camina a nuestro lado, nos sostiene y nos invita a ser con él y en él, pan partido para los demás.
Quien recibe el pan de vida, es a su vez llamado a convertirse en pan compartido, especialmente para los pobres, los hambrientos y los olvidados. Solo el pan compartido puede convertirse en signo de esperanza. Elige amar, elige vivir en relación con los demás, salir del aislamiento y hacer que la comunidad sea espacio para tejer relaciones fraternales y amistosas. No siempre podemos cambiar el mundo. Pero sí podemos elegir cómo vivir en él. Pon el Amor, pon la Eucaristía en el centro de tu corazón, en el centro de tu alma, en el centro de tu mente. Di sí a Jesús y elige amar: sal al encuentro de los hermanos y hermanas, hazte pan y da fruto. Buen domingo del Corpus Christi.