Palabra y Vida – Dios quiere pasar de nuevo a nuestro lado

Palabra y Vida – Dios quiere pasar de nuevo a nuestro lado

Comenzaremos la Eucaristía con la procesión de los Ramos recordando la entrada de Jesús en Jerusalén. Una procesión, un itinerario y un recorrido que iniciamos hoy pero que acabaremos dentro de una semana cuando también vayamos a descubrir la tumba vacía del Resucitado. Mientras tanto, a lo largo de estos siete días estamos llamados a acompañar a Jesús en los grandes acontecimientos de nuestra salvación.

 

Alegría

El domingo de Ramos nos invita a celebrar la fe con alegría, a unirnos y formar parte de la entrada solemne del Señor a Jerusalén para celebrar la Pascua. Palmas y ramos expresan la alegría de acompañar a Jesús. Alegría por aceptar la invitación a vivir los acontecimientos de esta semana, que llamamos Santa. Alegría de estar a su lado y presenciar de cerca la Gloria y la Resurrección de nuestro Salvador. No acertaremos a vivir en plenitud los acontecimientos que hoy nos propone la Iglesia si en nuestro corazón no hay un deseo vivo y alegre de acompañar al Señor en los acontecimientos más valiosos de nuestra fe.

 

Sencillez

Una segunda nota para iniciar los Misterios de nuestra salvación tiene mucho que ver con la sencillez. Los participantes de la procesión que acompañan a Jesús lo componen los discípulos, los niños, algunas personas sencillas y gentes humildes que alfombran el paso del Señor. En ellos nos vemos reflejados todos nosotros que también nos alegramos de que Jesús entre triunfante en Jerusalén. Ellos, entonces, y nosotros, ahora, aclamamos de igual modo a Jesús: HOSANNA, BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR. Los humildes y sencillos esperaban los acontecimientos salvadores del Mesías. También nosotros necesitamos sentirnos humildes y sencillos para esperar lo mejor de Jesús.

 

Paso del Señor

Leeremos la Pasión según san Marcos en la Eucaristía. El relato del acontecimiento salvífico nos invita a contemplar a Dios que pasa a nuestro lado, camina junto a nosotros y se hace presente en la historia para ofrecernos la Salvación. La Pascua, el paso del Señor por nuestra vida supone una oportunidad de vivir la fe con arrojo y valentía, con parresía. Así lo ha hecho a través de los años nuestro pueblo castellano. No nos conformemos con ver pasar al Señor a nuestro lado, acompañémosle y revivamos sus gestos salvadores. Dejemos que Dios se haga presente en nuestra historia y permitamos que nos complique la vida. Dios se empeña en estar presente en nuestra vida. Quiere pasar de nuevo a nuestro lado para transformar nuestro corazón.

 

Apasionado Amor

El relato de la Pasión nos conmueve hasta el punto que lo escenificamos en cada pueblo y comunidad sintiéndonos identificados con los mismos sentimientos de Cristo. Queremos que aquellos acontecimientos formen parte de nuestra vida de fe. Nos descubre el amor apasionado con que Dios nos ama, capaz de morir en la cruz por nuestra salvación. Que no nos despiste la escenografía y nos impida ver y seguir al protagonista de esta historia. Especialmente tratemos de que nada nos oculte el amor que Dios nos tiene. Solamente así llegaremos a entender lo que celebramos. Jesús vive su paso, su pascua, junto a nosotros para mejorar nuestra vida, para ayudarnos a cambiar tantos comportamientos que no contienen amor. Y en esa tarea JESÚS se APASIONA. Vive intensamente su amor por nosotros. Podemos decir que lo vive con PASIÓN por ti y por mí, de modo que dará su vida por nosotros. En esta PASIÓN por nosotros nos dejó gestos que desde entonces son significativos. Partir el pan ya no es sólo comer sino vivir con entusiasmo la fraternidad y el amor. Lavar los pies ya no significa un gesto de aseo, sino de servicio a los más humildes. La cruz no será, nunca más, un símbolo de muerte sino de vida, de triunfo, de victoria y de resurrección.

Celebremos con entusiasmo los grandes acontecimientos de nuestra Salvación. Aprendamos junto al Señor a vivir los misterios que nos ganaron la Vida. De esta manera, la Semana Santa se nos ofrece como un tiempo de profundas vivencias religiosas para que descubramos el misterio del Dios con amor y por amor nos salva.

 

José María de Valles. Delgado diocesano de Liturgia