Feliz Pascua de Resurrección es el saludo de todos los cristianos. Si Cristo vive, alegrémonos, nuestra es la victoria, el triunfo y la vida. Por eso cantamos llenos de gozo a todo el mundo: Aleluya. Este saludo tomado de la liturgia enmarca nuestra reflexión pascual.
Ha resucitado
Celebramos la primera de todas las fiestas cristinas, raíz y fundamento de nuestra fe. Piedra angular que explica nuestro edificio eclesial. A la luz de la Resurrección alcanzamos a entender y explicar lo vivido en el Triduo Pascual. Sin la luz de la Pascua no descubrimos el misterio de nuestra Salvación. Ahora sabemos que “este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo”. A la luz de la Resurrección se comprende el misterio de nuestra Salvación. A la luz de aquel acontecimiento pascual vemos a Jesús como Dios y Señor de la vida y la victoria. Fue la resurrección lo que les llenó de alegría, de esperanza y de gozo a sus seguidores y hoy a todos nosotros. En ella descubrimos el triunfo de la vida sobre la muerte. Desde entonces el seguidor de Jesús identifica su vida con la luz, con la alegría y la Pascua porque en la resurrección de su Hijo, Dios nos ha abierto las puertas de la Vida. El sepulcro vacío nos llena de fe.
Buscar al Resucitado
El primer objetivo de la liturgia de hoy nos invita a buscar al Resucitado. María Magdalena no se queda desolada y triste después del Gólgota, sino que busca al Señor. Su amor al Maestro la lleva a ir a verle hasta el sepulcro. Al ver la piedra quitada, corre a buscar a Pedro y Juan. Los tres experimentaron la prueba de la fe y, dice san Juan, que entendieron la Escritura, es decir, creyeron. Todos estamos llamados a vivir la misma experiencia de acercarnos a ver la tumba vacía y tener argumentos para creer que Cristo no sigue en la muerte, sino que ha resucitado. Aquellas vendas y el sudario enrollado fueron suficientes argumentos para saber que vivía. La fe, consecuencia directa de este encuentro con el Resucitado, se hace palpable en comunidad. Pedro, Juan y María Magdalena son modelos para que también nosotros busquemos a Cristo resucitado juntos.
Cristo vive entre nosotros
La resurrección de Cristo no se queda en un acontecimiento pasado, sino que sigue siendo realidad actual. En Cristo resucitamos todos, como nos dice san Pablo en la segunda lectura: “habéis resucitado con Cristo”. La resurrección supone una manera distinta y diferente de vivir. Nos exige una nueva mentalidad, un nuevo corazón y nuevas obras como dice la liturgia pascual “nova sint omnia: corda, voces et opera”, es decir “sea todo nuevo: corazones, palabras y obras”. Aquí y ahora la resurrección nos exige cambiar la vida. Debemos resucitar a tantas cosas que están muertas en nuestra vida de fe. Como testigos de la resurrección debemos anunciar la presencia de Jesús entre nosotros. Tenemos que transmitir al mundo, a nuestro mundo, a nuestros hermanos el mensaje glorioso de la resurrección: es posible morir al pecado y resucitar a la vida. Debemos proclamar que no se acaba todo en la muerte, sino que hay futuro, esperanza y vida. La resurrección de Jesús nos pide cambiar nuestras relaciones frías y distantes por otras llenas de amor y solidaridad, de hermanos y no de extraños, miembros de la misma familia y pertenecientes a la misma casa.
Acabamos deseándonos unas FELICES PASCUAS con el deseo de hacer realidad en nosotros la presencia del Resucitado.
José María de Valles. Delegado diocesano de Liturgia