El evangelio de este domingo se inserta en la catequesis que Jesús va impartiendo a sus discípulos en línea con el domingo anterior. Hoy leemos que les iba instruyendo por el camino como el Maestro a los discípulos.
INSTRUIR
Ya no usamos el verbo instruir y el sustantivo instrucción. Educación y formación han sustituido aquel concepto más vital de la enseñanza. La instrucción iba dirigida principalmente al comportamiento, a adquirir no tanto ideas y conocimientos sino a vivir y desarrollar en la práctica esos saberes. Jesús les enseñaba a vivir, a adquirir comportamientos nuevos y diferentes y, por lo tanto, su enseñanza no se conformaba con transmitir sólo conocimientos. Esa instrucción de hoy se centra en la entrega, el servicio y la humildad como actitudes fundamentales y principales de la vida. El mismo se pone como ejemplo, les habla de su pasión como gesto definitivo de entrega, servicio y humildad. Pero los discípulos no entienden nada. Están a sus intereses, a lo suyo. Les preocupan más otras cosas. Jesús, como Maestro, quiere educar no su cabeza sino su corazón. Quiere transmitir no solo conocimientos sino sentimientos. En definitiva, quiere enseñarles un nuevo estilo de vida, una manera diferente de comportamiento que no solo les haga felices a ellos sino a todos los demás. Jesús les propone una forma de vivir en la que puedan aspirar a la salvación y a la felicidad. Pero los discípulos ni lo entienden ni lo quieren entender. Para ellos, como para nosotros, son otros los valores en los que ponemos la felicidad.
NO ENTENDÍAN
Poder, tener y placer son las tres cosas que siguen centrando nuestro comportamiento. La sociedad nos lo repite permanentemente. Los discípulos así lo creían por ello durante la explicación de Jesús ellos no entendían nada de manera que se pusieron a discutir en quien adquiriría más poder sabiendo que ello conllevaría tener y placer. Aspiraban a ser los más importantes y, seguramente, no para servir y entregarse a los demás como gesto de humildad, sino para adquirir prestigio y fama. Pensaban en sí mismos y pretendían ser más que los demás. No entender al maestro nos ha pasado de pequeños en la escuela o el colegio e igualmente por miedo no nos atrevíamos a preguntar. Esa misma situación la alargamos en el tiempo y ahora también ante la enseñanza del Maestro hay cosas que no entendemos y desconectamos y nos dedicamos a discutir de nuestros asuntos. Nos sigue faltando atención a lo que el Señor nos enseña y debemos prestar mayor interés a la Palabra de Dios. Por ello nuestro comportamiento creyente y cristiano no acaba de responder a lo que el Señor espera.
ACOGER A JESÚS
Ya en casa Jesús que se había percatado de que no habían seguido su explicación se lo resume con un ejemplo muy gráfico y fácil de entender. El final del texto evangélico resalta que Jesús para ilustrar toda su catequesis les invita a acoger lo pequeño, lo sencillo, lo débil y lo menos importante reflejado en un niño. Les propone que ahí radica la auténtica enseñanza que no es otra cosa que saber acoger a Dios en nuestras vidas, porque quien le acoge a Él acoge al Padre. A través de lo pequeño, de lo sencillo y de lo débil, manifestado en un niño, se nos hace realidad la actitud fundamental del cristiano es adquirir un corazón de niño. Solo entonces acogeremos a Cristo en nuestra vida. Aceptar y acoger a Cristo resume la enseñanza que hoy la iglesia nos propone y constituye nuestro compromiso de vida.
José María de Valles. Delegado diocesano de Liturgia