Con descaro y sin nada de vergüenza aquellos dos hermanos, hijos de Zebedeo y haciendo honor a su apodo, Boanerges o “hijos del trueno”, le exigen a Jesús que haga por ellos lo que le van a pedir. No se cortan lo más mínimo en pedirle un puesto a su lado, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
¿QUÉ QUIERES QUE HAGA POR TI?
Es la pregunta que también nos hace hoy Jesús a cada uno de nosotros. Como Santiago y Juan es posible que también nosotros pidamos cosas materiales. Tal vez, llevados por la ambición deseemos también poder. Queramos destacar y sobresalir y estar por delante de los demás, imitando a los hermanos del evangelio. Igual que en aquella ocasión Jesús nos reprochará que no sabemos lo que pedimos. Nos apuntará otras cosas que debemos pedir. En lugar de ambicionar el poder, desear servir. En lugar de pedir los primeros puestos ocupar aquellos en los que podamos estar a disposición de los demás. Nos enseña una nueva forma de pedir donde busquemos el beneficio no tanto personal sino de la comunidad y de los demás. “No sea así entre vosotros”, Jesús nos propone. Debemos aprender a pedir. Necesitamos cambiar nuestra oración de petición para no pedir con egoísmo nuestro propio bien.
SE INDIGNARON LOS OTROS DIEZ
Los discípulos ya habían discutido antes por el camino por saber quién sería el más importante. Ahora ven que esos dos hermanos se les adelantan y pretenden tomarles la delantera. Se molestan y se enfadan con ellos. Su enfado no se debe tanto a que no lo merezcan sino porque también ellos quieren lo mismo. Aspiran al poder, pretender sobresalir y ser más. La envidia les corroe. Bajo la apariencia de estar a su lado aspiran a ser superiores. También los demás discípulos desean estar cerca del Señor, pero también lo quieren para lograr mejores beneficios. Tentación que seguimos experimentando nosotros cuando creemos que estar cerca de Dios nos proporcionará beneficios. Debemos preguntarnos si también nosotros queremos servirnos para nuestro particular beneficio la presencia cercana al Señor. Pensemos que si así lo hacemos suscitaremos la protesta y el enfado de lo demás.
SERVIR Y DAR LA VIDA
No debemos quedarnos ni en la petición de los hijos del Zebedeo, ni en la envidia de los demás discípulos. Lo fundamental es acoger la oferta que hace Jesús. “Yo he venido para servir y dar la vida” y quien quiera estar a mi lado también debe obrar así. No podemos estar con Jesús si no somos servidores. No cabe dominar y exigir lo mejor para sí en quien se considera seguidor de Cristo. No sabe lo que pide y lo que quiere quien pretenda estar junto al Señor para aspirar a los mejores puestos. Debemos pedir el puesto desde donde podamos servir a los demás. Querer estar a su lado nos obliga a dar lo mejor que tenemos por nuestros hermanos. Si lo que pedimos no nos hace más serviciales y generosos, tal vez nos pueda decir el Señor que “no sabemos lo que pedimos”.
José María de Valles - Delegado diocesano de Liturgia