Palabra y Vida - Seguir creyendo

Palabra y Vida - Seguir creyendo

El tiempo pascual va avanzando y atisbamos en el horizonte la fiesta de la Ascensión. Antes de ese acontecimiento recordamos las últimas palabras de Jesús antes de su muerte. Hoy el evangelio nos recuerda tres cosas de Jesús para nosotros:  una petición: GUARDAR SU PALABRA; un regalo: LA PAZ y un deseo: QUE SIGAMOS CREYENDO. De esto trata el evangelio de este sexto domingo de Pascua.

 

Guardar su Palabra

«El que me ama, guardará mi Palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él». Conservar la palabra y guardarla como un tesoro para nuestra vida de fe es la petición que se nos hace. No siempre hemos custodiado la palabra de Dios como transmisora de vida. San Juan en el prólogo de su evangelio ya nos dice que el Verbo, la Palabra era Dios. Debemos ser conscientes de esta realidad que Cristo nos dice que a través de su Palabra el habita en nosotros. Cuando la palabra de Dios la guardamos en nuestro interior Dios habita en nosotros. Muchas veces no dejamos lugar y espacio para que la Palabra forme parte de nosotros y así impedimos que Dios tampoco esté presente en nuestra vida. Me viene a la memoria una frase de san Juan de la Cruz cuando decía que Dios quiere morar en todos los hombres, pero no siempre puede estar como en su casa mandando y organizando la vida, porque en algunos corazones vive como en casa ajena porque no le dejan mandar ni hacer nada. Hoy se nos descubre esta inmensa riqueza de guardar la Palabra de Dios en nuestro corazón para que Dios me ame y habite en mi.

 

La Paz

El papa Leon XIV al iniciar su pontificado saludó a la multitud presente en la plaza de san Pedro como a quien lo vimos por la televisión con las mismas palabras de Cristo resucitado, paz a vosotros.

La paz es el bien más grande al que podemos y debemos aspirar. La paz sigue siendo el gran regalo de Dios a todos nosotros. La paz que Jesús nos da transmite vida. Una paz que no es la del mundo. La paz que el mundo da es siempre imperfecta. Se limita a no violencia, a la no guerra, a la suspensión de las hostilidades y enfrentamientos, pero no necesariamente eso significa vida. Un cementerio es un lugar donde hay mucha paz, pero muy poca vida.

La paz que Jesús nos da no supone sólo el cese de la guerra, la eliminación de la violencia como medio de vida, sino radica en una actitud nueva, interior que conlleva el desarme para hacer posible la vida y la felicidad de todos. Supone el alimento para que los hombres tengamos vida y la violencia no genere odio y muerte. Cristo resucitado saluda a sus discípulos que habían perdido la paz interior, que sentían miedo y soledad, que se mostraban desorientados y desilusionados con las palabras “paz a vosotros”. La presencia de Cristo les llena de paz. Junto al Señor resucitado recobran la vida, la alegría y la esperanza. Nosotros padecemos de resentimientos, estamos llenos de miedos, otras veces sentimos el aburrimiento y el tedio, sufrimos la soledad, nos visita el dolor, situaciones que nos roban la paz y nos intranquilizan. Donde hay una preocupación no hay paz. Sin embargo, seguimos buscando la paz en las cosas materiales. No busquemos la paz en las cosas. La paz solo puede ser encontrada, una vez y para siempre en Jesucristo. Esta es la paz que nos da libremente, la paz de una conciencia tranquila, de una vida en armonía con la creación y el Creador, una paz que acontece cuando el Señor resucitado está a nuestro lado.

 

Seguir creyendo

Las últimas palabras del evangelio de hoy muestran el deseo de Jesús de creer y confiar en Él para que no nos acobardemos nunca. La promesa del Espíritu hará que no tengamos miedo. Vuelve a recordarnos confiar en su palabra para que la paz, que Él nos da, nos haga experimentar la vida y la felicidad. Seguir creyendo que guardar su palabra hará que Dios habite en nosotros y con nosotros. Seguir creyendo que Él hará para que vivamos sin enfrentamientos y amándonos como Él nos amó. Seguir creyendo que el Espíritu que nos promete nos recordará todas las cosas que Él nos ha enseñado. Seguir creyendo para confirmar en nosotros la fe en Jesús como el Salvador de nuestra vida.

 

José María de Valles - Delegado diocesano de Liturgia