Palabra y Vida - Mirar al cielo

Palabra y Vida - Mirar al cielo

Al acabar el evangelio de hoy se apaga el cirio pascual, que representa a Cristo, y en ese último humo del pábilo que se eleva hacia lo alto significamos el gesto de Cristo ascendiendo al cielo. Cuarenta días después de la resurrección nos sorprendemos con un nuevo acontecimiento que explica el mensaje de Cristo. Si nos sorprendió su resurrección nuevamente nos quedamos absortos al verle ahora ascender al cielo.

 

Nos abre la puerta

En este año jubilar de la Esperanza, un signo elocuente lo constituye la puerta santa que debemos atravesar para alcanzar la gracia que el Señor quiere derramar sobre nosotros. En la Ascensión de Jesús a los cielos vemos esta imagen. Jesús abre las puertas del Cielo para que todos nosotros podamos un día también traspasarlas y acceder a la Misericordia de Dios Padre. No es una mera expresión literaria decir que Jesús abre las puertas del cielo para sentarse al lado del Padre, sino que expresa gráficamente la verdad teológica de nuestro destino. Porque la Ascensión no significa huida. Jesús no se va para desentenderse y no busca el cielo porque aquí en la tierra haya fracasado, sino al contrario para certificar su triunfo y su victoria sobre la muerte. Para mostrarnos la razón de la vida que nunca será quedarnos en la tierra sino aspirar al cielo.

Su ascensión al cielo, por tanto, confirma la Pascua, su paso por la tierra. Si Jesús no hubiera subido al cielo, ¿cuál sería nuestro anuncio?, ¿un mensaje solo terrenal para vivir aquí abajo? La Ascensión del Señor nos revela que el mensaje a anunciar conlleva alcanzar un día el cielo porque allí radica nuestra meta y nuestro destino final.

 

Alegría en la esperanza

Solo quien espera algo nuevo vive en alegría y con alegría. La solemnidad de la Ascensión necesariamente nos ofrece la explicación de que nuestra vida se basa en la alegría. Si nuestra esperanza no fuera el cielo nuestra vida estaría marcada por la tristeza y la desesperación y no por la esperanza de una vida eterna al lado del Padre celestial. El acontecimiento de la Ascensión supone la rúbrica final del cumplimiento del plan de Dios en favor de los hombres. Este acontecimiento corrobora la esperanza cristiana. Esto hace que la fiesta de la Ascensión sea la fiesta por excelencia de la esperanza cristiana. En la Ascensión entendemos cual debe ser nuestro recorrido reflejado en el de Cristo.

 

Mirar al cielo

¿Cuál será hoy nuestro compromiso? Me viene a la memoria mi vista a Tierra Santa. Y recuerdo la basílica de la Ascensión en el monte de los Olivos con la piedra y las huellas de los pies de Jesús al elevarse al cielo. Pero no recuerdo algo que luego he leído de que cuando santa Elena la construyó nunca se pudo techar y quedó un hueco abierto permanentemente. Supongo que responde a una devoción. Pero sea o no cierto la anécdota nos sirve para dejar siempre abierto en nuestra vida ese hueco por el que podamos ascender al cielo, por donde siempre veamos cual es el destino final que Dios nos propone.

En vez de pensar tanto en la tierra pensemos un poco más en el cielo, dejemos que el misterio de la Ascensión llene de esperanza y alegría nuestra vida y aspiremos siempre a alcanzar estar al lado del Padre celestial. Ese hueco es el espacio de esperanza que nos recuerda el camino que el Señor nos mostró para acceder a la gloria.

Acabamos recordando al anterior papa Francisco que nos decía que: "La Ascensión de Jesús nos invita a mirar hacia lo alto, a vivir en la esperanza y a ser testigos de su amor."

 

Jose María de Valles – Delegado diocesano de Liturgia